Por Erika González Ehrlich

La enorme mayoría de los medios convencionales de información han renunciado a desempeñar el papel para el que fueron concebidos originalmente. De hecho llamarles de esa manera es ya bastante inexacto, porque su función principal no es la de informar, sino la de promover propaganda diseñada fuera de ellos, que busca lograr objetivos específicos de terceros. Son más bien medios de promoción.

Desde la segunda guerra mundial, las empresas noticiosas fueron utilizadas para difundir propaganda que influyera en el ánimo colectivo a favor de una u otra de las partes; esta función fue desplazando la actividad de informar sobre los hechos con objetividad.

Después de la guerra, la organización conocida como Instituto Tavistock instalada en Inglaterra, fue diseñando estrategias de manipulación colectiva a las que llaman ingeniería social, para orientar el comportamiento de los grupos de seres humanos en función de la conveniencia de los grupos de poder oligárquico.

Así, las organizaciones de medios de propaganda que trabajan para grupos poderosos de intereses creados, mal llamados medios de información, se dedican a recibir línea para la elaboración de contenidos disfrazados de información objetiva, que difunden profusamente en nado sincronizado, con la intención de manipular el comportamiento de las personas en uno u otro sentido.

Con el cuento de que ellos son los medios de noticias, confunden a todo el mundo para que escuchen lo que dicen, cuando en realidad la información que presentan tiene la intención de manipular el pensamiento y el comportamiento de las personas para beneficio de quienes los controlan.

En los últimos casi tres años esto ha sido muy evidente. Si bien el asunto de la pandemia requería que se actuara con rapidez por parte de gobiernos y poblaciones, la información difundida en forma permanente en prácticamente todos los medios hegemónicos de propaganda, se orientaba a crear pánico en las mentes de las personas en el mundo. Con el pánico el organismo humano genera un alto nivel de estrés, que provoca la disminución de capacidades del sistema inmunológico del cuerpo humano, haciéndolo más proclive a contagiarse y sucumbir ante el ataque de organismos infecciosos, como el virus del Covid.

En resumen, la pandemia seguramente fue más letal de lo que debería haber sido a causa del pánico colectivo, sin embargo los lamentables decesos que sucedieron por causa de ella, son menos en cantidad que los que ocasiona la diabetes por ejemplo; pero el escándalo de los medios no tuvo precedentes y ha dado a ganar muchos miles de millones de dólares a las empresas farmacéuticas y a otras industrias relacionadas con ello, incluyendo por supuesto a los medios hegemónicos de propaganda.

Así lo estamos viendo hoy, en medio del conflicto entre Rusia y la OTAN que precipitó la invasión a Ucrania. Ahora no nada más se limita a difundir propaganda como si fueran noticias reales, sino que además bloquean la información y la propaganda de la contraparte, para que el público solamente pueda tener acceso a lo que cada uno de los bandos quiere que lo tenga. El problema fundamental no está en que existan todos estos medios de propaganda peleados con otros por tener intereses distintos. Es una guerra puramente comercial.

El problema es que las personas confundamos e identifiquemos la información que publican estos medios de propaganda como si se tratara de noticias objetivas y creamos que es veraz. Hoy el verdadero reto del ser humano en la comunicación es poder identificar qué información está respaldada por evidencias de hechos reales y cuál es propaganda que busca manipular nuestro comportamiento en uno u otro sentido. Este es un reto que cada persona debe asumir y resolver de acuerdo con su propio criterio, que irá definiendo su propio comportamiento en el futuro.

Como dijo el escritor francés Paul Valéry: “Lo que ha sido creído por todos siempre y en todas partes, tiene todas las posibilidades de ser falso”.