Por José Jaime Ruiz

@ruizjosejaime

Judicializar la política denota desesperación. Carlos Salinas de Gortari se fue contra Joaquín Hernández Galicia para poder legitimarse en el poder; Ernesto Zedillo contra el hermano Raúl. La estabilidad y la certidumbre de un gobierno no se basa en la persecución que es innecesaria cuando hay legalidad y legitimidad.

Ahora el gobernador constitucional de Nuevo León, Samuel Alejandro García Sepúlveda, persigue a su antecesor Jaime Rodríguez Calderón, pero no fue un reclamo de la ciudadanía que el Bronco esté en la cárcel, como sí lo fue que Rodrigo Medina de la Cruz sí lo estuviera. En realidad, los ciudadanos deslegitimamos al Bronco dos veces, esto es, cuando perdió estrepitosamente las elecciones presidenciales en el estado y, segundo, el año pasado, cuando los nuevoleoneses le dieron de nuevo la espalda.

Dos problemas acarreará este error de cálculo porque si Samuel Alejandro no mantiene a Jaime Heliodoro en la cárcel, su deslegitimará muy pronto y, como no es un reclamo ciudadano, lo graves problemas superarán este intento mediático de distracción. Ahí está el problema del agua, del transporte y de la inseguridad con sus respectivos aumentos.

Y por otro lado, repito, García Sepúlveda no ha transformado esta batalla en una cruzada: “El secreto para motivar a la gente y mantener alta su moral es lograr que piense menos en sí misma y más en el grupo. Involúcrala en un causa, una cruzada contra un enemigo detestable. Haz que relacione su sobrevivencia con el éxito del ejército en su conjunto (Las 33 estrategias de la guerra, Robert Greene. Editorial Océano).

Judicializar la política no resuelve los problemas sociales y la novatez para gobernar. Samuel Alejandro tiene un grave problema de comunicación que prefigura un problema en la gobernabilidad si no ataca con soluciones certeras las crisis que padece su gobierno. Tomarse fotitos en road show en la Ciudad de México ni le va ni le viene a los ciudadanos de Nuevo León. No ha entendido que las urgencias son otras.