Por Claudia Tapia

Las noticias mostraban que las puertas principales del Palacio de Gobierno del Estado de Nuevo León habían sido quemadas, que varios vitrales fueron reventados y que se podían ver múltiples pintas en una gran parte de la Explanada de los Héroes e inmuebles alrededor.

Como consecuencia de estos actos, surgió la indignación de varios actores políticos que, inclusive, al día siguiente utilizaron la tribuna del Congreso del Estado de Nuevo León para condenar enérgicamente estas acciones que clasificaron como vandálicas e injustificadas, para después exigir todo el rigor de la ley para sancionar a quienes provocaron los acontecimientos que clasificaron como desafortunados. Incluso, acusaron que “la violencia no se combate con más violencia”.

Conviene citar textualmente parte de esta condena realizada para alcanzar a entender la indignación y la “sed de justicia” que emanaba de aquel Grupo Legislativo que exigió desde la máxima tribuna del estado castigar a quienes “dañaron cosas”:

“Ahí hay grupos minoritarios que se encargaron de desvirtuar el objetivo de estas manifestaciones como sucedió el día de ayer en Nuevo León con el vandalismo y los daños ocasionados a nuestro patrimonio histórico como el Palacio de Gobierno, la Catedral, el Casino Monterrey y las instalaciones de la Macroplaza sin olvidar el daño de unos negocios aledaños… exigimos que se sancione a quienes provocaron estos acontecimientos tan desafortunados y que se realice una investigación meramente imparcial de los hechos acontecidos, incluyendo las autoridades estatales que permitieron estos disturbios y daños al patrimonio cultural de Nuevo León.”

Bueno, pues a un mes de esta banal exigencia, el clima violento y de inseguridad que afrontan las mujeres de nuestro estado les da un golpe brutal a todos esos defensores de las “cosas” y nos invita a cuestionar: ¿Seguirán pensando que la marcha fue excesiva? ¿No había justificación? ¿Por qué no exigen al gobierno encontrar a los responsables de la violencia que vivimos día con día las mujeres en este estado? ¿Fue vandalismo lo que hicieron las mujeres manifestantes? ¿Fue violencia?

A todos ellos: Gracias a que no supieron (o no quisieron) entender el verdadero fondo de las expresiones del #8M de aquellas mujeres que desesperadas –y con justa razón– intentaron abrirles los ojos, hoy a un mes afrontamos uno de los peores momentos en la historia de Nuevo León ya que en menos de un mes nos faltan 16 niñas y mujeres cuyo estatus jurídico es el de desaparecidas.

Así, a un mes, faltan 16 niñas y mujeres que no debieron ser víctimas, que si los actores políticos hubieran entendido de qué iba el mensaje del 8M probablemente estas desapariciones se pudieron haber evitado.

Asimismo, el promedio en el país de feminicidios y homicidios violentos de mujeres (recordemos que incorrectamente no todos los homicidios violentos de mujeres se investigan como feminicidio) es de 10 al día y existen 25 denuncias de violación cada hora. Lo anterior, según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (2021).

De hecho, el mismo #8M de 2022, el día en el que todos estaban profundamente preocupados y agraviados por graffitis y quemas, se cometieron 14 feminicidios en el país, según datos de la Comisión Nacional de Seguridad de ese día.

Ante estos acontecimientos y convencida de que debemos adecentar la política, precisamente para atender estas causas que provocan el luto de miles de familias, quizás si tuviéramos representantes comprometidos con evitar el dolor y sufrimiento de las niñas y mujeres víctimas de violencia, solo quizás, las palabras usadas el pasado 9 de marzo en el Congreso del Estado hubieran sido las siguientes:

“Ahí hay grupos minoritarios que se encargaron de enfatizar el verdadero objetivo de estas manifestaciones, como sucedió el día de ayer en Nuevo León al utilizar a nuestro patrimonio histórico como el Palacio de Gobierno, la Catedral, el Casino Monterrey y las instalaciones de la Macroplaza sin olvidar el daño de unos negocios aledaños, para hacernos comprender lo indignante e inadmisible que es la violencia en contra de las niñas y mujeres de nuestro estado… exigimos que se sancione a quienes ejercen cualquier tipo de violencia en contra de las niñas y mujeres, reconociendo a las que provocaron estos acontecimientos tan desafortunados y que se realice una investigación inmediata para encontrar a todas las niñas y mujeres desaparecidas en la entidad, así como investigar todo asesinato violento de una mujer.”

Se ha repetido mucho por medios de comunicación sin ética periodística, por políticos sin conocimiento y por la sociedad sin empatía que las pintas y quemas: fueron actos vandálicos. Nada más falso. No es vandalismo, es protesta. Y una justa protesta. El vandalismo no sigue un propósito; en este caso, se trata de la manifestación de una profunda indignación y un clamor por justicia.

También se ha dicho malamente que los actos en cuestión constituye violencia y que no debe condonarse la violencia aunque sea para combatir la violencia de género. Nuevamente, nada más falso. Las cosas –sean puertas, paredes, inmuebles enteros, monumentos, o lo que fuera– son eso: cosas. Las cosas no son víctimas de violencia, lo son las personas (y en el caso concreto de la violencia de género, lo son las niñas, las mujeres y las disidencias).

Violencia es violar a una mujer, desaparecerla, arrebatarle la vida, acosarla… pintar una pared exigiendo respeto y justicia no es violencia, es una reacción a la violencia que constituye una justa protesta, amparada por la libertad de expresión.

El valor de las personas no puede ponerse por encima de las cosas. Nuestra terrible realidad nos ha insensibilizado al grado de hacernos creer que las cifras son solo números. Sin embargo, las víctimas no son números y estadísticas, tienen un nombre, una cara, una vida, una familia, una historia, sueños por realizar y metas por cumplir. Tal y como las tienen:

María Fernanda Contreras Ruiz, Sofía Sauceda Sánchez, Irma Margarita Colunga Bravo, Lizde Grace Luna González, Lizzy Marbella Maradiaga Rivera, Eimy Bazaldua Marroquín, Paulina Guadalupe Solís Pequeño, Karen Yedida Valencia Hernández, Allison Campos Cervantes, Yolanda Martínez Cadena, Ana Marbella Romero Callejas, Celeste Tranquilino Hernández, Jennifer Medina Patricio, Irían Cruz Ángel, Athziri Dayana Hurtado Núñez y Diana Melissa Cárdenas Delgado; actualmente desaparecidas.

Con miles de mujeres desaparecidas, violadas, abusadas y asesinadas, llorar por las cosas es como faltarle el respeto al dolor de las víctimas y sus familias. Ser mujer o niña en Nuevo León es peligroso, casi una sentencia de muerte.

Urge que las autoridades atiendan de forma urgente e integral, eficiente y eficazmente, el fenómeno de la violencia de género que cobra tantas vidas todos los días.

¡Ya basta! ¡Si no pueden, renuncien!