Por Félix Cortés Camarillo

El primer buque insignia de la flota de la cuarta simulación no se ha hundido porque su capitán no está dispuesto a aceptar la inevitabilidad de ese fenómeno de física elemental. Falta la refinería que por un tiempo ha de llamarse Olmeca hasta que vuelva la razón al poder ejecutivo, y el tren Maya que está rindiendo por el momento las cuentas del gran capitán. Se van a inaugurar en las fechas prometidas, que no quede la menor duda. Tampoco debe quedar duda de que van a servir, como el aeropuerto de Santa Lucía, para quebranto presupuestal, burla del ingenio popular y descrédito para los asesores del presidente. 

A cuarenta y cuatro exactos días de la imponente inauguración del polvoroso ente, se registran al día doce operaciones de tráfico aéreo: seis despegues y seis aterrizajes, ninguno internacional. El aeropuerto Benito Juárez, con todas sus deficiencias y descuidos intencionales, registra sesenta operaciones cada hora, esto es cada minuto una. Yo no sé si el equipamiento técnico del Felipe Ángeles puede satisfacer ese número: desde el gobierno me han dicho hasta la saciedad que sí, lo que me hace dudarlo.

Sin embargo, suponiendo que así sea, el principal defecto del Ángeles persiste, que es la dificultad para trasladarse a él desde la capital del país, y seguirá así por lo menos un año en esas condiciones. Hoy, hoy, hoy, trasladarse en taxi del sur de la Ciudad de México hasta la nueva terminal toma más tiempo y cuesta más dinero que un vuelo de la ciudad de México a Monterrey. Sin contar las dos horas de anticipación en la llegada a mostrador, que siguen siendo condición para volar por motivos de seguridad.

Uno de los principales componentes de la virtud de saber perder es reconocer la derrota, y el presidente López insiste en que el aeropuerto llamado internacional Felipe Ángeles es su triunfo, el mejor puerto aéreo del mundo. La realidad, que es muy cabezuda, le desmiente diariamente. Para evadir el desprecio lógico que las aerolíneas le han dedicado a su capricho, el presidente ha ocupado parte de su tiempo a cabildear con las líneas aéreas nacionales para que muden su centro de operaciones al Felipe Ángeles. La compañía Air France le tiró una cuerda de salvamento: no vuela al Felipe Ángeles porque sus pasajeros continúan vuelos a otras partes de nuestro país, operados mayormente por Aeroméxico. Si Aeroméxico se muda a la nueva terminal, le daría un respiro de agradecer.

Frente a las rejegas compañías de aviación que no se mudarán por los buenas al capricho presidencial, lo tendrán que hacer por las malas. El subsecretario de la SCT, que ya ni sé cómo se llama, ya dio a conocer algo que nos contaba el comercial bancario: lo que se puede lograr con el poder de la firma. Rogelio Jiménez Pons, subsecretario de Transporte, no dio el ancho al mando de FONATUR que tiene el difícil encargo de hacer el Tren Maya, a tiempo aunque caro. Jiménez Pons se cayó para arriba, a la subsecretaría. Desde esa altura anunció lo que ya se veía venir: si las aerolíneas no se mudan por la buena, se mudarán por decreto. Por decreto, en unos días se reducirán las operaciones en el Benito Juárez en un veinte por ciento. Esos vuelos tendrán que mudarse a Toluca… o al Felipe Ángeles.

Porque lo digo yo. Quiero decir, el presidente.

PREGUNTA PARA LA MAÑANERA (porque no me dejan entrar sin tapabocas): ¿Cuál va a ser la estrategia del gobierno de México a pactar con el de Cuba, ahora que junto con Nicaragua y Venezuela quedaron fuera de la fiesta hemisférica en Los Ángeles, pese a la petición expresa del presidente López?

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