Por Obed Campos

“…Descubrí que no soy disciplinado por virtud, sino como reacción contra mi negligencia…”
Gabriel García Márquez

Tras el incendio del sábado en los sótanos de un edificio en el centro de Monterrey, en cualquier país civilizado, (en los que se entiende que la palabra “civilizado” significa que se atienen y se respeta el estado de derecho) ya estarían en capilla un puñado de funcionarios de todos los niveles mientras que la Fiscalía, con peritos especializados, deslindaban responsabilidades entre funcionarios municipales, estatales y hasta federales.

Esa es la verdadera desgracia que costó una vida de una joven, tras el siniestro en los sótanos de un edificio, donde, se dijo, en un “laberinto subterráneo con una sola salida operaban 32 minibodegas y gente que rentaba 28 minicuartos en renta.

Pero la verdadera desgracia no es la actitud de la autoridad municipal, que finge ceguera y dice que no tenía conocimiento de la existencia de ese laberinto, ubicado a unas cuadras del Palacio Municipal en la peatonal Plaza Comercial Morelos.

Los testigos que lograron sobrevivir a los hechos narraron como el humo se extendió con rapidez por el sótano…

El comandante de Bomberos Nuevo León, Alejandro Zúñiga, calificó el edificio siniestrado como un laberinto, y habló de las dificultades para las maniobras de rescate.

Y bien, la pregunta obligada es ¿Ana Lucía Riojas Martínez, pintada como superfuncionaria y quien cobra como secretaria del Ayuntamiento de Monterrey sabía de la existencia de esos cuartos de renta en una zona evidentemente comercial?

Seguramente no, porque Fernando Fernández, el jefe de Protección Civil regiomontano, pensamos, también ignoraba este peligro y no le informó a Ana Lucía… Ah, y porque ella tiene cosas más importantes que atender que la seguridad de los regiomontanos.

Y también seguramente no, porque Riojas Martínez se la pasa de fiesta en fiesta y trabajar es lo de menos…

La Fiscalía que encabeza Gustavo Adolfo Guerrero, por otro lado, no rompería el sigilo informando que al menos inició ya una averiguación previa para deslindar responsabilidades, pero hay pretextos suficientes para decir que andan bien ocupados con otros casos más importantes.

Y sí, es una desgracia que en una ciudad como la nuestra que se auto considera moderna y humana, existan este tipo de ghettos a los que solamente los pobres están condenados a vivir en el hacinamiento y el constante peligro.

¿Irán a citar a declarar al dueño o dueños del edificio? ¿Les caerán citas de comparecencia a Riojas Martínez y a Fernando Fernández?

Es poco probable, porque la verdadera desgracia de nuestro país se llama impunidad.

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