Por Félix Cortés Camarillo

Na Zdarovy

¡Salud!

    La información ha sido, desde que comenzó a sistematizarse aparejada con la historia, una de las favoritas herramientas de la política y, de manera especial, de la propaganda que es recurso esencial de ella. No se trata de difundir acciones, hechos o credos; la esencia de la propaganda reside en convencer al consumidor de las bondades del producto, en este caso el político y su política. La revolución informática que estamos viviendo, que proporciona el más impune de los anonimatos, ha propiciado el florecimiento de las mentiras difundidas por doquier sin fundamento alguno.

    El viernes recibí un mensaje afirmando que el Papa responsabilizaba a Ucrania por la invasión rusa de su territorio. Ese mismo día alguien aseguraba que ya iban, el viernes, veinte países americanos que se habían sumado al boicot que el presidente López inició y patrocina para la cumbre de las Américas del 10 de junio en Los Ángeles.

    A propósito de la invasión rusa en Ucrania, las estadísticas -rusas- afirman que de cada cinco ciudadanos de la Federación Rusa cuatro apoyan la acción de Putin. Nada se dice de la ausencia total de información independiente de lo que está pasando en el frente ucranio o de la carencia de comunicación en red que sufren los neosoviéticos.

    Uno de los campos favoritos de los pillos de la propaganda es el de la salud, de uno y otro lado. Por lo general, el estado de salud de los gobernantes mayores, especialmente el de su salud mental, es guardado con un sigilo máximo. Los ciudadanos de pocos países son informados de los males que aquejan a sus gobernantes, de su evolución atención o consecuencias. Con frecuencia, el fallecimiento de estos señores -o señoras- se guarda en secreto, y solamente se a da conocer cuando han sido zanjadas o negociadas las condiciones y los personajes de la sucesión en el poder. El caso más ejemplar es la muerte en 1953 de Iosip Vissarionovich Yugashvili, mejor conocido en los libros de historia como Stalin. Solamente cuando el buró político del partido comunista de la Unión Soviética se había repartido el pastel del mando fue confirmado el deceso que ya tenía días de haber sucedido.

    Los opositores de Vladimir Putin han hecho circular, desde luego sin fundamento alguno, rumores sobre la muy debilitada salud del nuevo pretenso Zar de todas las Rusias, quien ha cultivado su imagen mediante la publicación periódica de fotografías suyas con el torso desnudo y realizando proezas que a su edad son poco creíbles. Son la contrapartida a las versiones de los avances rusos sobe el oriente de Ucrania, que debieron haber doblegado a Wolodomyr Zelensky y obligado a su rendición hace dos meses ya.

    En el país más feliz del universo, gobernado por el segundo mandatario más popular del mundo, la salud del presidente López ha sido objeto de rumores diversos, avivados por la escasa información que de ella se dispone. Él reconoce tener problemas de tensión arterial y haber sido sometido ya a una intervención cardíaca. Pero poco más se sabe. Las decisiones y pronunciamientos radicales, programáticos, casi actos de fe, han hecho que surjan dudas sobre la salud mental del presidente. Son rumores, desde luego.

    Lo único cierto es que a mayor nivel democrático de un país, la salud de los gobernantes es más extensa y detalladamente conocida. No es el caso de México. Por lo pronto digamos Salud por el presidente López 

PILÓN PARA LA MAÑANERA (porque no me dejan entrar sin tapabocas): con todo respeto, señor presidente: ¿no será la exposición mediática del presidente de la SCJN Zaldívar un llamado para que lo incluya en su corcholatero? Después de todo, si alguna caballada estuvo flaca es esta.

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