Por Francisco Tijerina Elguezabal

“El optimista tiene siempre un proyecto; el pesimista, una excusa”
Anónimo

Celebro, aplaudo y reconozco el proyecto de movilidad presentado ayer por el Gobernador Samuel García el cual, dijo, será el legado de su administración.

Ambicioso, sin duda, anuncia inversiones nunca antes vistas en construcción de infraestructura, reparación de la ya existente, mantenimiento, seguridad y, lo más importante, rediseño de las rutas del transporte urbano.

Sin embargo, un anuncio de esta envergadura pierde su efecto e impacto cuando le dedicas más de media hora a mirar atrás, a convertir un tema de futuro y esperanza en un asunto político y una persecución de ex funcionarios. Todo tiene un lugar y una hora, por ello es que los medios hablan de Manuel Vital y no del fastuoso plan de movilidad de Samuel.

Suena bien, pero en la exposición del Gobernador hubo detalles que resulta imposible no atender. Habla de que no se hizo nada en 30 años, sin embargo su Secretario de Movilidad y responsable de todo este proyecto, Hernán Villarreal, fue Subsecretario de Transporte hace 20 años, ¿no hizo nada entonces?

De igual manera tiene cuatrapeadas las fechas de la construcción de Metro y habría que aclarar. La Línea 1 la construyó Jorge Treviño e inició operaciones en 1991; la 2 la construyó e inauguró Sócrates Rizzo en 1994; Fernando Canales construyó la ampliación de la Línea 1 hasta la Estación Talleres; José Natividad González Parás construyó la ampliación de la Línea 2 desde General Anaya hasta Sendero; la construcción de la Línea 3 se anunció en 2012, a la mitad del sexenio de Rodrigo Medina, pero no fue concluida hasta febrero de 2021, siendo Gobernador Jaime Rodríguez Calderón.

Las acusaciones y señalamientos por actos de corrupción en la adquisición de trenes y piezas son relevantes, sí, pero forman parte de hechos ocurridos en el pasado reciente.

De igual manera fue hace mucho menos de 30 años, en noviembre de 2011, cuando se inició la construcción de la Ecovía, misma que inició operaciones en enero de 2014; lo que ocurrió después, es otra historia, pero desmiente el dicho de que hace tres décadas que no se hacía nada.

Lo que sí es correcto, pero inexacto, es que hace más de 30 años no se toca el trazo de las rutas del transporte urbano en Monterrey. Se han adicionado nuevas rutas, han desaparecido los “peseros”, pero siempre todo ha sido a gusto y conveniencia de prestadores y permisionarios y eso data de mucho más atrás que tres décadas.

Es verdad lo que Samuel García afirma de que el número de unidades se redujo en los años recientes casi a la mitad, pero también bajó el número de usuarios, ¿es rentable mantener en operación las unidades si no hay pasajeros y, sobre todo, no existió un apoyo desde el gobierno para buscar la mejora en el servicio y promover el uso del transporte público? Recordemos que la pandemia aquí jugó un papel importante.

Los transportistas han sido víctimas de su pésima estrategia y de negarse a que su verdadero coto de poder, el trazo de las rutas, sea tocado; hoy todo indica que eso se acabará y es digno de elogio.

Con tantos elementos en juego, lo que sería un buen anuncio termina atomizado y se pierde, por la falta de enfoque en el mensaje de un gobierno que no atina a apuntar con claridad hacia dónde dirigir su comunicación.