Por Francisco Tijerina Elguezabal

Una fórmula para alcanzar la celebridad puede ser ésta: expresar ideas sencillas con claridad, ingenio y cortesía. // André Maurois

Es deber de todo político en sus presentaciones públicas el estar total y absolutamente enfocado en el tema que se aborda, en lo que se desea comunicar y centrarse en ello de principio a fin, sin permitir que nada ni nadie lo distraiga.

Es común que un anuncio importante, un logro, una obra, pierdan su magnitud y repercusión debido a un desliz del político que en el último segundo tuvo una variación en su discurso e hizo referencia a otro tema que ni siquiera venía al caso, pero que para los medios de comunicación es infinitamente más redituable en términos editoriales y de rating que el evento en el que se encontraban.

El subconsciente es traicionero y si el personaje público no está enfocado en el lugar y momento en el que se ubica, seguramente aflorará y dejará ver lo que a aquella persona le preocupa en realidad.

Así, en la firma de un convenio para construir un centro de salud en San Pedro, de pronto a Samuel García le brotó la inquietud y sin pensarlo le dijo a Miguel Treviño: “Se me hace que tú vas por la gubernatura”.

“Aquí, casual” dirían los jóvenes, pero el comentario del gobernador dejó ver en todo su esplendor su verdadera preocupación.

Hoy por hoy el tiempo, pensamiento y acciones del Ejecutivo de Nuevo León deberían estar centrados en resolver la crisis del agua y la inseguridad, amén de los líos en el transporte público y el último, pero el último de sus pensamientos debería ubicarse en la política y su sucesión, pero ya vemos que no es así.

Es imposible controlar al cerebro y los pensamientos, sobre todo cuando se tiene una carga y responsabilidades tan grandes como las de Samuel quien a diario debe tomar cientos de decisiones en minutos, pero lo que sí puede y sobre todo debe hacer, es controlar sus mensajes y enfocarse para evitar resbalarse.

Existen técnicas para permanecer enfocado y centrado durante un evento, una entrevista, un debate; para evitar que las emociones pasen por encima del razonamiento y que se pierda el objetivo, pero sin ellas y abusando de la confianza en si mismo, es difícil evitar que de manera continua ya sea con la voz o el lenguaje corporal se manifiesten los pensamientos y deseos ocultos.

Enfoque, enfoque, siempre el enfoque.