Por Félix Cortés Camarillo

En la mitología griega, que luego fue repicada por los romanos y otras culturas, uno de los seres más fascinantes es la Hidra. La Hidra habitaba el lago de Lerna, que supuestamente tenía entrada al inframundo que esta creatura debía guardar. El segundo de los trabajos que Heracles (Hercules) tiene que superar para poder regresar a su hogar donde lo espera Penélope, se encuentra precisamente vencer a la Hidra. Se trata de un monstruo marino con cuerpo de serpiente y que tiene múltiple cabezas. Según la versión del mito que uno lea, la hidra tiene múltiples cabezas que pueden ser tres, cinco, siete, cien o diez mil. 

En lo que todas las versiones coinciden es que cada cabeza que la hidra pierda en combate es inmediatamente remplazada por dos cabezas nuevas y más voraces. Desde luego que Hercules se la echó al plato y siguió su camino al siguiente trabajo.

La fascinante figura de hidra me vino a la mente la noche del lunes, que estuve viendo al presidente Joe Biden, supuestamente ya recuperado de su recaída al Covid 19, anunciando con gran orgullo y contento al mundo la muerte del emir Al-Zawiri en la ciudad de Kabul, capital de Afganistán, Kabl, en la casa en que se ocultaba con la obvia protección del régimen talibán.

Hace once años, en una operación igualmente sigilosa del ejército de los Estados Unidos y las agencias de espionaje que le apoyan, Osama Bin-Laden, el líder de Al Qaeda que -nos dicen- resultó muerto en un asalto a su guarida. Nunca vimos el cadáver ni supimos en donde quedó; el ocultamiento se debió a la intención de evitar que sus seguidores tuvieran un lugar de peregrinaje, culto y homenaje.

Al-Zawiri, hoy sabemos, fue el médico personal de Osama, su segundo al mando y el principal ideólogo de su movimiento. Era más cruel e inteligente que Bin-Laden, a quien sucedió en el mando.

Volviendo al lunes pasado, el presidente Biden hizo un anuncio emocionado y contento. Parecía un gobernante mexicano anunciando la captura o muerte de un importante capo mafioso del crimen organizado en nuestro país. Todo es fiesta y regocijo. Se les olvida a nuestras autoridades que por cada capo mafioso que capturan o matan hay por lo menos dos, más jóvenes y ambiciosos, esperando para ocupar su lugar y gozar de su poder. Precisamente como las cabezas de la hidra que están esperando la caída de la cabeza actual para ocupar su sitio. De la misma manera que a la muerte de Osama Bin-Laden ya estaba listo su sucesor.

De la misma forma que el mando de Al Qaeda ya se encuentra en manos del designado.

PILÓN PARA LA MAÑANERA (porque no me dejan entrar sin tapabocas): ¿Quién podrá salvarnos dentro de ocho años cuando la sed de los regiomontanos deje de ser objeto de seguridad nacional y volvamos a nuestra condición de ciudadanos comunes y corrientes que no tienen derecho a bueno gobernantes ni en el estado ni en el país? El Chapulín Colorado ya no lo pasan ni en repeticiones.

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