Por Mikel Larrañaga Colín

El próximo año se llevarán a cabo elecciones en Coahuila y en el Estado de México. Históricamente, en estos estados, no se ha dado la alternancia en el poder desde hace 93 años, pues han sido gobernados por el PRI, y es ahí donde radica la relevancia de estas elecciones y la posibilidad de generar un cambio democrático, y así, después de tantos años, se dé un cambio sustancial en el día a día de los habitantes de Coahuila y el Estado de México.

Llama la atención un caso muy especial, el Estado de México, porque históricamente es la casa del priísmo y del grupo predominante Atlacomulco, con 93 años en el poder, donde se ha visto pasar la corrupción de Montiel; la ineptitud de Peña Nieto y de Eruviel; así como la presencia “fantasmagórica” de Del Mazo.

La gran polarización que vive el Estado de México con sus casi 17 millones de habitantes, se reconoce por la falta de políticas públicas, una falta de interés por remediar conflictos y la gran corrupción que se palpa en todo el estado mexiquense; sin mencionar la falta de transporte público eficiente, barato y seguro en la zona metropolitana del Valle de México, donde los trabajadores y estudiantes hacemos más de dos horas para llegar a nuestros destinos; cuyo único intento para mejorarlo fracasó con la creación del Mexibús con la nula integración tarifaria y una falta de homologación en el sistema de cobro.

Otro gran problema que aqueja a la población es los altos índices de delincuencia que desde enero y hasta junio del presente año, en territorio mexiquense, tenemos que se han cometido 190 mil 755 delitos. Ello representa un incremento de 27 mil 771 delitos en comparación con el mismo periodo del año 2020, cuando se cometieron 162 mil 984 ilícitos. Además de que de enero a febrero de 2022 hubo un aumento del 86% en feminicidios. Con estos números se demuestra la precaria estrategia de seguridad a nivel estatal, por no decir inexistente.

Ahora bien, hablemos de los aspirantes a la gubernatura del estado; por el lado del PRI son dos mujeres, Alejandra del Moral y Ana Lilia Herrera, a quienes, la mayoría de la población, no las conocen. La pregunta es ¿quién de las dos querrá verdaderamente ser la candidata del PRI?, si en menos de seis años han perdido quince gubernaturas y cuando Enrique Vargas del blanquiazul las omite, al adelantarse anunciando su postulación sin coalición.

Por el lado del panismo tenemos al ex presidente municipal de Huixquilucan, Enrique Vargas, que al parecer por el orgullo de ser él «El Candidato» dejará de lado la alianza Va por México, este personaje caracterizado por la prepotencia y el influyentismo durante su gestión en Huixquilucan.

Por último, tenemos por Morena la hoy ex secretaria de Educación Pública y ex candidata al Gobierno del Estado de México en 2017, Delfina Gómez, quien tiene una alta aprobación entre los mexiquenses y se perfila para ganar, buscando realizar un cambio. Sin duda será quien saque al PRI del Estado de México, pero también enfrenta el descontento de la población por malas gestiones de diferentes gobiernos municipales que fueron gobernados por Morena en los trienios pasados, en el llamado corredor azul.

Sin duda los contendientes a la gubernatura deberán presentar iniciativas que cambien la realidad del Estado de México, que sean innovadoras y además se acoplen a las necesidades de las distintas zonas que componen el Estado de México; una mayor integración en distintos ámbitos de la zona metropolitana a la Ciudad de México; un real combate a la pobreza y marginación que se constata en grandes zonas del Estado de México ¡y no con tarjetas rosas! Quien llegue, deberá hacer realmente cambios y no mantener un sistema estatal corrupto.