Por Félix Cortés Camarillo

Que nadie se sorprenda en México si en la mañanera de hoy el presidente López felicita a los vencedores -por margen reducido, tal vez- en las elecciones intermedias del segundo martes de noviembre en los Estados Unidos. De manera oblicua ese mensaje será para su amigou Donald Trump, quien sin duda alguna es el ganón del ejercicio electoral de ayer. El martes próximo, desde su campo de golf de MaraLago, en Florida, Trump anunciará el inicio de su campaña en pos de la presidencia de los Estados Unidos en 2024. Y es muy probable que la vuelva a ganar.

Lo puedo decir aunque a la hora de escribir estas líneas los resultados oficiales de las elecciones intermedias no se conocen aún. El presidente López nos ha enseñado que eso no es óbice para asumir triunfos inciertos, como en el caso de Lula en Brasil o dilatar legítimos reconocimientos como en el caso de Joe Biden en noviembre de 2020.

Tradicionalmente, y entre otras causas por razones de abstencionismo, en los Estados Unidos –y generalmente en todos lados- las elecciones intermedias suelen ser las de un voto de castigo a la administración en turno. En el caso de los Estados Unidos hay que agregar la invasión rusa de Ucrania con su repercusión en la inflación mundial. Los norteamericanos han tenido que aprender economía esencial en cada visita al supermercado, pero especialmente cada vez que le ponen gasolina a su carro.

El bolsillo es el órgano más sensible del cuerpo humano.

Antes de las elecciones de ayer, el presidente Biden señaló que la democracia americana estaba en peligro. Cierto, su democracia. El asunto es que los Estados Unidos, que son la simiente de la democracia americana, en su sistema político deja claro que un presidente que tenga el Congreso en manos del partido opositor, es un presidente débil, atado de manos. En territorio de acá, durante setenta años, o más, aprendimos a que el Congreso era un apéndice de la oficina presidencial; hasta ahora, con dificultades. Por eso se trata en México de adaptar al INE al capricho imperial.

Pero volvamos a las elecciones norteamericanas. Hasta la mañana de ayer, la Cámara de Representantes tenía una mínima mayoría de los demócratas; el Senado estaba 50-50, con el detalle de que la vicepresidente Kamala Harris tiene el voto de calidad.

Muy seguramente, eso hoy ya no es cierto. Por margen escaso y por definir, los republicanos se harán de la mayoría de los diputados. Yo espero que allá no se ofendan por el término. Y cabe la posibilidad que también hayan logrado predominio en el Senado, por un asiento.

Al final de cuentas, uno diría que eso es cosa de los gringos. Pero no es cierto; eso es cosa nuestra.

No nos hagamos tontos. Nuestro destino depende de las cosas que pasan en los Estados Unidos. En lo político, en lo económico, en lo migratorio, en lo social, en todo. Nuestra obligación hoy, olvidando el gesto que tenga o no tenga López Obrador en la mañanera, es entender las consecuencias que tiene el regreso de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos. Especialmente con el apoyo de su Congreso, que fija políticas, restricciones, sanciones o apoyos a los demás países del mundo. 

Precisamente cuando todavía no acabamos de salir de las controversias energéticas en el tratado de comercio libre entre Canadá, México y los Estados Unidos la nueva realidad abre las puertas a la salvaje y simple opción de que el presidente Trump, en su momento,  mande al carajo el tratado entero. 

Y eso, si las cosas siguen como van, es posible. 

PARA LA MAÑANERA (Porque no me dejan entrar sin tapabocas): La señora presidenta (y quien se asume así no es la esposa de López Obrador) se aventó el tiro de acusar al procurador general de Justicia del estado de Morelos de encubrir a un feminicida en un raro caso de una joven muerta y abandonada. Sin sustento, lo hizo sin probatoria; simplemente porque el procurador de Justicia de Morelos tiene otro origen político: llegó a la procuraduría antes del gobernador. Sí, el futbolista. Doña Claudia Scheinbaum tendría que meditar para que le baje un poco de calor a los camotes.

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