Por José Francisco Villareal

Nunca he sido revoltoso. Tal vez, de niño, sí fui muy inquieto, al grado de que mi agüelo no se cansaba de llamarme la atención con un enérgico “¡Ya gobiérnate, Francisco”! Mi agüela lo secundaba con un “¡Ya estate, chamuco!” Hasta ahí mis pataletas telúricas. Don Antonio remataba el reproche a mi ingobernabilidad con un: “El tirano en casa, en la calle encuentra padres”. Lo que comprobé con el tiempo. El autocontrol no es una virtud de la infancia, y la empatía en esa etapa es bipolar y extrema (en ambos extremos), que puede conmoverse hasta las lágrimas ante una paloma muerta y un minuto después acribillar parvadas con su resortera. Así que cuando me enteré de que recién admiten el neologismo “Goblin Mode” (Modo Duende), no pude evitar recordarme de antes y reconocerme de hoy. Con todo respeto para los lingüistas de Oxford que “autorizan” el neologismo (como si necesitáramos permiso para destrozar los idiomas), prefiero “Modo Trasno,” una palabra muy de mi agüela, porque el “Duende” ibérico es un término muchísimo más complejo, y los goblins son muy ajenos a nuestra identidad latina.

Pero sean trasnos, duendes o goblins, podemos referirnos a seres míticos ingobernables desde afuera, pero no caóticos en sí. Son perfectamente conscientes de lo que quieren y el desorden que causan va en ese sentido. No son infalibles ni invencibles, pero sí aleatoriamente hábiles para eludir las trampas o caer en ellas. Siempre he creído que, como pasa en la Historia, en los cuentos y leyendas estos seres terminan derrotados por humanos porque los humanos son los cronistas. Quién sabe qué cuentos cuenten las mamás trasnos a sus hijos trasnitos. Aunque intuyo que mamá trasno sí espetaba a sus críos un “¡Ya gobiérnate!” y un “¡Ya estate!”. La falta de gobernabilidad en la infancia es muy semejante en los mamíferos inteligentes…, y también en los humanos. Algunos, como yo y el joven gobernador García, seguimos en las mismas, en “Modo Trasno”, o “Goblin Mode” según el idioma de Shakespeare.

Ya sé que la gobernabilidad ha sido una devoción muy invocada en estos tiempos en la grilla “seria” nuevoleonesa. El término es un poco caótico en cuanto a su significado. Aquí sí que el “goblin mode” sería más apropiado. De todas las posibles acepciones, que son bastantes incluyendo la económica, la gobernabilidad que mencionan los políticos y opinólogos es utilizada para reclamar a nuestro gobernador García por pendenciero. Si bien es verdad que anda en “modo trasno” desde que era diputado local, la gobernabilidad que demandan no es sólo su responsabilidad.

Por una parte, su incompetencia para manejar la administración estatal es difícil de negar. La gobernabilidad como correspondencia a las necesidades de los nuevoleoneses no existe. Movilidad, seguridad, salud, servicios, programas sociales, transparencia… en todos estos temas hay graves rezagos y yerros.

Pero en la democracia hay también otra acepción de la gobernabilidad, y no tiene qué ver con la incompetencia de un gobernante sino con la falta de concilio entre los poderes del estado. Así que los poderes Legislativo y Judicial de Nuevo León, no tienen cara para reclamar a Samuel. Ninguno ha hecho ni un pequeño esfuerzo por asegurar la gobernabilidad que, aunque ellos lo ignoren deliberadamente, no tiene qué ver con ganar posiciones para sus pandillas, sino garantizar la estabilidad y tranquilidad de los ciudadanos.

La ingobernabilidad, me temo, también es responsabilidad del Poder Legislativo, y no se conjura aprovechando la incompetencia de otro poder para imponer un gobierno sitiado ni guiñol. Los ciudadanos preferirían mejor a un tirano con nombre y apellido (incluido el materno, por si se ofrece una mentada), que grupos anónimos jalando los hilos del gobierno, hilos que invariablemente se convierten en riendas o, peor, en sogas. Esto ya lo hemos sufrido en las últimas décadas a nivel nacional, y la masacre de vidas y derechos ha sido sanguinaria. El congreso estatal se parece tanto a la funesta gruta del Rey de la Montaña que describió Ibsen, de la que a duras penas pudo escapar el tramposo Peer Gynt de las garras del maligno monarca de los trols (trasnos escandinavos). El “goblin mode” en un parlamento democrático es imposible y, sin embargo, ahí está… Y no sólo a nivel estatal. Pero, seamos discretos, hablar de un “goblin mode” nacional requeriría más de dos cuartillas… no, menos, como mil.

Yo diría que no seamos tan incisivos con el joven mandatario estatal, ahora que solito él y con su voz nasal, desde su ronco pecho se apunta para buscar una candidatura a la presidencia de México. No tiene mucho tiempo para echar en su mochila de campaña electoral logros reales y definitivos en su nuevo Nuevo León. No basta encender un pinito y desear la paz mundial. Básicamente llegaría a campaña con mucho rollo y frivolidades en las redes sociales… igual que como llegó a la gubernatura. Su posición entre los gobernadores asociados no interesa, son preseas entre homólogos. Su activismo ambientalista internacional es irrespirable en Monterrey. Su vida privada pública es tan intrascendente ante los dramas cotidianos de hogares reineros que enrojecerían de horror a la mismísima Rosa de Guadalupe. Pero, ante un joven tan inquieto, yo le diría la frase lapidaria de mi agüelo: “Pos allá tú. Ya te lo haiga”. Tal vez sea necesario un “¡Ya gobiérnate, Samuel!” y, un “¡Ya estesen, chamucos!” para nuestros revoltosos diputados locales y uno que otro consanguíneo enquistado en el Poder Judicial. Aunque, me temo, que ni peregrinando al Vaticano o a Catar se componen.

PD: Una duda. No entendí la explicación oficial del cierre de un tramo de la línea 2 del Metro. No soy ingeniero civil, pero si dicen que es necesario, hay que apechugar. Entiendo que incrementará la crisis de movilidad que ya padecemos, sobre todo para los municipios de San Nicolás (PAN) y Escobedo (Morena). No digo que sea revanchismo político, ni mucho menos; sólo que se considere que los afectados (peatones y automovilistas por igual) no sufrirán en silencio, y no culparán a sus alcaldes sino al gobierno estatal, así que el gobierno estatal debería preparar el altar de los sacrificios para batear esta bola. Podrían preguntar por el tema al asesor de lujo del joven Samuel, el exgobernador Natividad González Parás, por ejemplo.