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Por Félix Cortés Camarillo

De algo habría de servir una copa mundial de futbol desfasada en tiempos y modos, y celebrada en un país que ni futbol juega y que es tan pobre que lo único que tiene es dinero, mucho. El escándalo mayúsculo, casi tradicional, de la corrupción de la FIFA al asignar hace 17 años la sede al país que más dinero repartió entre los consejeros con derecho a voto, ha servido entre otras cosas para ventilar la asociación delictuosa entre los señores de la FIFA, una organización social “sin fines de lucro” y los emires de Catar, en un intento por lavarle la cara a la violación de los derechos humanos en estas anacrónicas monarquías familiares del mundo del Islam.

De paso, el miserable desempeño de los ratoncitos verdes de la selección mexicana de futbol en esa competición, dio pie para que la gente pusiere sus ojos en la porquería que es el manejo del futbol profesional en el mundo y en nuestro país: un deporte en que los esforzados jóvenes de la sub 18 van y ganan el oro olímpico y devenidos adultos profesionales no conocen el balón de futbol por lo redondo. La manera en que los directivos del futbol nacional propiciaron -y seguramente organizaron- la ofensiva recepción brindada al entrenador de la selección Martino a su regreso del Medio Oriente, con mentadas de madre por lo menos, simplemente documenta su estulticia.

De una manera similar, el fraude con los boletos para la presentación del cantante Bad Bunny en el Estadio Azteca ha venido a destapar otra cloaca. Una que el inepto Procurador Federal del Consumidor, Ricardo Scheffield no es capaz de entender o ver más allá de sus dicharajos sobre los delincuentes que se pasan de rosca o anunciar multas que jurídicamente no puede establecer y operativamente no puede cobrar.

El operativo es muy complejo. El Estadio Azteca, sede del evento del viernes, no tiene responsabilidad alguna según el dueño de la PROFECO. El único responsable es Ticketmaster, en la práctica el monopolio de venta de boletos para los eventos grandes en nuestro país. En esta ocasión, los precios de las entradas para ver a Bad Bunny iban de los ochocientos a los noventa mil pesos.

Pero resulta que Ticketmaster, al través de su alianza de negocios con la empresa norteamericana Live Nation, es propiedad de CIE, Corporación Interamericana de Entretenimiento que surgió hace 30 años por idea del señor Alejandro Soberón y otros socios. CIE es el seguro productor del concierto de Bad Bunny. Alejandro Soberón Kuri, según SDP noticias, es miembro del Consejo de Administración de América Móvil (Telmex) y del grupo Financiero Banamex

Ticketmaster, esto es CIE, tiene el control absoluto de la preventa, que es una forma elegante de llamar a la reventa, de entradas a los espectáculos de CIE. Esa preventa es EXCLUSIVA para los clientes de Citibanamex. Entre las plazas que CIE administra y pone a disposición de quien quiera hacer una fiestecita ahí, están el autódromo de los Hermanos Rodríguez, el Foro Sol o… el Auditorio Citibanamex. Entre los eventos realizados exitosamente por CIE están el Gran Premio de México en automovilismo (Telmex), o el Tianguis turístico y los festejos del 15 de septiembre de la cuarta simulación en el Zócalo. Por todos lados llega el dinero.

Pero de todos lados emanan los malos olores. Según el inepto señor Sheffield, fallido precandidato a gobernador de su estado, a los defraudados seguidores del cantante portorriqueño que no canta sino masculla sus canciones, se le debe devolver el costo pagado por la entrada y un veinte por ciento encima. ¿Y los gastos de los que fueron al Azteca días antes desde Monterrey, Chihuahua o Mérida?

Este es un drenaje lleno de contenidos interesantes, apestosos, y necesitados de un buen plomero. ¿Lo habrá?

PARA LA MAÑANERA (Porque no me dejan entrar sin tapabocas): Ya puedo tener confianza en el futuro de mi país: los acarreados de la Virgen de Guadalupe este año a la Basílica capitalina fueron más que la suma de los acarreados por el presidente López a su ególatra desfile y los ciudadanos que marcharon en defensa del INE. Cualquiera que sean los números reales. La morena del Tepeyac es lo único que nos queda.

‎felixcortescama@gmail.com

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// Félix Cortés Camarillo

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Autor: stafflostubos
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