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Por Félix Cortés Camarillo

Hace muchísimos años, en mi muy queridÌsima Mérida, alguien me comentó sobre al accidente en el que murió Pedro Infante, cuando se desplomó el avión que pilotaba cuando se dice traía un contrabando de casimires ingleses desde Belice. Tuvo gran suerte, me dijo.

No le entendí.  Muchos años después comprendí la idea. 

¿Qué estuviera pasando con nuestros ídolos si James Dean siguiera vivo, si Kirk Douglas no anduviera arrastrando su vejez y Pedro Infante siguiera vivo? Lo mejor que les ha pasado a los que han tenido esa suerte es morirse joven para permanecer en la memoria colectiva en la mejor de sus imágenes.

Se murió Andrés García.

Le tocó en suerte vivir y trabajar cuando el cine mexicano requería de cuerpos musculosos y damas musculonas. 

Memin Pinguin, personaje del comic mexicano esencial, atrás de la mayor creadora de la dramaturgia popular mexicana, le heredó a Andrés García el papel de Chanoc. Ese fue su papel, interpretando al mexicano que entonces todos queríamos ser. Macho, mandón, insoportable.

La lógica de la vida mediática castigó a este avatar. Después de haber supuestamente popularizado la introducción en el escroto de una bombita de aire para solucionar la disfunción eréctil, el galán de todos los galanes se fue apagando y su efigie en los últimos meses contradice de manera patética la imagen que en películas y telenovelas nos había regalado. 

Si Pedro Infante y James Dean no hubiesen muerto en el pináculo de su gloria hubieran terminado dando lástima. Como lo hizo Kirk Douglas casi centenario o Liza Minelli en una de las más recientes ceremonias de los premios Oscar.

Le tenemos pavor a la muerte porque le sabemos inevitable, ridículamente: debiéramos aceptarla como celebramos la vida. Pero más que a la muerte, le tememos al deterioro de nuestra facha. Quisiéramos que los que nos recuerden conserven la mejor cara que de nosotros vieron. El pobre de García nos dejó un lamentable retrato. Como el estereotipo que en pantallas y en vida protagonizó. 

Con la pérdida lamentable de Andrés García yo entiendo y deseo que sepultemos a un icono mexicano. Un esperpento, una realidad inventada y celebrada.

PARA LA MAÑANERA, porque no me dejan entrar sin tapabocas: Nada más nos faltaba que el presidente López equiparara el proceso contra Donald Trump en Nueva York con los procedimientos en su contra cuando era aspirante. Bueno, ya lo tuvimos.

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// Félix Cortés Camarillo

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Autor: stafflostubos
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