Noticias en Monterrey

Buscar
Cerrar este cuadro de búsqueda.

Por Carlos Chavarría

Si se toman al azar a 5 mexicanos y se les pone a hablar de la situación política de México, del mundo o de cualquiera de sus regiones, la conclusión del observador es que en general la visión del futuro de corto plazo es de pésimo ánimo, de poca esperanza de cambio, y en consecuencia de incertidumbre y temor.

En el proceso se confrontarán los ánimos y visiones, pero al terminar la catarsis del grupo habrá una convergencia en que las cosas no pueden continuar así y tendrá que operarse algún cambio que alguien deberá encabezar.

Todos los grupos como este, saldrán de la reunión con la única conclusión de observar a todos los personajes hasta que aparezca el nuevo líder que pueda representar cualquier esperanza de cambio por mínima que sea. Habrá algunos por supuesto que seguirán a pie juntillas el viejo proverbio de “más vale malo conocido, que bueno por conocer”.

En cualquier caso la democracia está atrapada entre el miedo y la desesperanza y eso no es un buen presagio porque estará perdida la objetividad y la racionalidad crítica. Esta circunstancia le da manga ancha a todos los grupos que se mueven al filo o fuera de la ley, más aun cuando se les tolera desde el poder oficial.

Desde la pésima gestión de Luis Echeverría, caracterizada por un presidencialismo con el que no se podía razonar, que llevo al país por el camino de la crisis económica y política, se instaló en la mente colectiva la esperanza sin razón en el que viene. Cualquier cosa resultaría mejor que Echeverria, y López Portillo encarnó la antítesis, también sin bases reales, de que las cosas mejorarían. Pero no mejoraron.

A Miguel de la Madrid le tocó levantar el tiradero de dos presidentes anteriores con poco éxito. Salinas se concentró en la economía y abandono a la política. Todo estalló al final de su mandato y solo por obra del miedo, Zedillo alcanzó la presidencia sin quererla. El país estuvo al borde del caos. Se dedicó a recoger los platos rotos salinistas y empezó a poner los clavos al viejo sistema priista, y la esperanza irracional también regreso por sus fueros.

Cualquier personaje que fuera diferente sería mejor. Pues no, Fox fue distinto a los acartonados estándares formales del “si señor presidente”,  pero un tipo bastante mediocre en su gestión que se sostuvo solo gracias a los altos precios del petróleo, que taparon todo error. Por cierto, Fox construye el “peligro para México” y se mete de lleno en las elecciones de Calderón y AMLO.

Arriba al poder el “haiga sido, como haiga sido…”, y estalla la guerra contra las drogas sin antes haber depurado el poder judicial y del aparato persecutorio del delito al mismo tiempo que aparece la crisis mundial de las “hipotecas sub-prime”, pero corre con suerte y usa al petróleo como palanca, abriendo la puerta a lo impensable, el retorno del PRI a  Los Pinos. De Nuevo la esperanza de que el  formalismo institucional y bien peinado, ahora sería mejor que el charrismo de Fox y calderón. De nuevo nos equivocamos.

En la política se vale granjearse el favor del electorado publicitando los resultados que se entregan, pero los votantes le damos el mismo peso a las intenciones, y a los yerros y fracasos los convertimos por medio de la manipulación en nuevas esperanzas. No queremos darnos cuenta de que la llamada clase política lo único que han perfeccionado del sistema es su habilidad para manipular y son verdaderos expertos.

Todos estos ciclos de esperanza y engaño son muestra de la bancarrota moral del sistema y la inestabilidad en muchos frentes del país indican su agotamiento para cumplirle a la nación.

A pesar de todo, aun no entendemos que mientras el sistema político y la gobernanza torcida que no trabaja en favor de la sociedad, en tanto  la casta que lo manipula se encumbra más y más, el resultado será el mismo de siempre. 

Fuente:

Vía / Autor:

// Carlos Chavarría

Etiquetas:

Compartir:

Autor: stafflostubos
Ver Más