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De las máximas, mínimas

Por José Jaime Ruiz

@ruizjosejaime

@lostubosmty

Lector exacto, Jesús Silva-Herzog Márquez construyó un libro esencial: La idiotez de lo perfecto. Miradas a la política. Miradas, no visiones. Miradas, no Gorgona. Fondo de Cultura Económica 2006, tercera reimpresión. Para mí en la Cola de Caballo, Santiago Nuevo León. Cito y concito. Oídos lúcidos, ojos críticos.

Carl Schmitt: “La distinción política específica, aquella a la que pueden reconducirse todas las acciones y motivos políticos, es la distinción de amigo y enemigo”.

La guerra calma el apetito de certidumbre. La guerra reclama el apetito de incertidumbre. Entre Egipto y Roma, los enemigos son amigos.

Sin Hobbes el mundo del poder es innecesario. Por inteligible, elegible.

En política, el fraude de las palabras.

La palabra esclava. Cuando se pronuncia, es.

“Tan falsa es la política sin conflicto como lo es solo conflicto”.

“Gobernar es andar en bicicleta. Y para bien gobernar hay que combatir la superstición de quienes creen que la política no es más que la aplicación de una teoría”.

Despreciar el desprecio:

“Vivía le ilusión de la inteligencia: si la razón logra hacerse del poder, logrará enderezarlo todo”.

“La manía de enterarse todos los días de las noticias es un desorden mental”.

O malaria mental, escribió un poeta.

Suma y sigue:

“El resumen de las cosas que ignora todo”.

“La percepción que se vuelve impaciente”.

El geómetra y su hoja en blanco.

La canalla del racional: el silogismo.

El pizarrón de mercadólogos, esa mierda.

¿Planificar?

Seamos serios: palpar, no exprimir. Escuchar, no pontificar.

Escucho tu voz, obvio, sordera.

Sin ajo no hay poder.

El poder es cocina o no es.

Gobernar no es Paraíso.

Gobernar no salva.

La seriedad es estupidez.

La política es arena, nunca piedra.

Ser oscuro, ser político. La luz jode.

La circunstancia demerita, la sustancia…

La felicidad: hoy soy infeliz.

Peter Sloterdijk, el filósofo alemán (Has de cambiar tu vida, Pre-textos, 2012), observa que “todas las <>, <> o todos los <> están construidos sobre diferencias-guía con cuya ayuda el campo de posibilidades de comportamiento humano se ve subdividido en clases polarizadas”. Siguiendo la observación, las tensiones verticales en México trabajan al revés, su comportamiento des-empodera al ciudadano y da poder al Poder. El atractor se encuentra desorientado.

La crisis del llamado sistema político mexicano, dentro del actual escenario, ha priorizado lo negativo sobre lo positivo, lo imperfecto sobre lo perfecto. La diferencia-guía ha pasado del “espíritu de la ley” a la carnalidad de la ilegitimidad. En estas tensiones verticales, el atractor no es el motivo fundacional de la convivencia constitucional, sino el polo del poderoso contra el privado de poder.

La des-ciudadanización del mexicano solo puede resolverse funcionando como un valor de repulsión en contra del poder (la calle como vía de empoderamiento) o como una “magnitud de esquivamiento” (la crítica, memes de por medio, a través de las redes sociales). El atractor en México, desde la diferenciación directriz, hizo del polo negativo el polo “positivo” (“quien no transa no avanza” o la corrupción no es parte del sistema, es el sistema mismo, Gabriel Zaid dixit).

El sistema sirve a la corrupción, no a la honradez; a la opacidad, no a la transparencia; a ocultar cuentas, no a la rendición de cuentas; a la criminalidad, no a la legalidad; a la propiedad privada de las funciones públicas, no a la administración pública; al enriquecimiento ilícito, no al enriquecimiento lícito; al clientelismo, no a la diversidad política; a la violencia, no a la paz; al Estado ilegal y a la percepción de un Estado fallido, no al Estado de derecho.

Fuente:

// José Jaime Ruiz

Vía / Autor:

// Staff

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Autor: lostubos
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