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Por Francisco Tijerina Elguezabal

“Uno recuerda con aprecio a sus maestros brillantes, pero con gratitud a aquellos que tocaron nuestros sentimientos”. // Carl Gustav Jung

El texto de ayer de Luis Gerardo Treviño recordando la trayectoria del doctor Roberto Moreira Flores y su legado en la Preparatoria 15 me arrancó una lágrima al rememorar la oportunidad que él me dio siendo director para trabajar ahí en 1977, lo que significó mi ingreso como trabajador a la UANL.

Fue cosa del destino, estudiaba la prepa en la UR y era becario en el Departamento Audiovisual, un día pidiendo raid para acercarme a la zona sur en donde vivía, me dio aventón Samuel de la Garza, un norteñote de bigote amplio que manejaba una pick-up y en el camino se fue dando la plática, le dije lo que hacía y me recomendó ir a la Prepa 15 donde él trabajaba y estaban abriendo un área audiovisual.

Unas semanas después fui y vi cómo tenían montado un circuito cerrado con televisores en todas las aulas y un centro de mando; sin dudarlo pedí información para ofrecer mis servicios y tres días ya me habían contratado, gracias al biólogo José Ángel Salazar y a la maestra Celina Leal.

Al doctor Moreira lo conocí casi un año después y desde el primer momento se dio una excelente relación.

El doctor creyó en los proyectos que le presentaba y así se adquirió el primer equipo portátil de grabación profesional que hubo en toda la Universidad. Con él hacíamos producciones de bajo costo que apoyaban las labores de enseñanza-aprendizaje; además, colaboraba con trabajos para la Rectoría del Dr. Luis Eugenio Todd y posteriormente cuando fue secretario de Salud.

Fueron cuatro años maravillosos los que estuve ahí y después, generosos, mis jefes me permitieron ir al Departamento Central de Educación Audiovisual de la misma UANL para crecer profesionalmente, aceptando una permuta de empleados.

Fueron muchas las ocasiones en que nos encontramos, incluso años después cuando siendo el Dr. Todd subsecretario de Educación yo ya laboraba en la Universidad Autónoma de Coahuila y también después aquí en Monterrey en distintos sitios y circunstancias, nuestros encuentros siempre eran efusivos y cordiales.

Para él siempre fui “Caramelito” y así me llamó toda la vida. Pudiera llenar páginas enteras hablando de su vida y obra, de su legado y acciones, de sus pasiones, pero hoy sólo quiero recordar al ser humano al que tuve la oportunidad de conocer y tratar, al hombre bueno y sabio, práctico, valiente y decidido que la vida me cruzó por el camino para aprender.

¡Gracias Doc por todo, gracias Doc por tanto!

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// Francisco Tijerina

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Autor: stafflostubos
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