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Por Félix Cortés Camarillo

Es cierto que la entrega pasada de esta columna llevaba el título «Ensayo de un Crimen» y hacía homenaje a mi amada Miroslava, pero no tenía nada que ver con el cine. Hoy pasa exactamente lo mismo, con la salvedad de que Les Liasions Dangereux, la novela de este título de Pierre Choderlos de Laclos, un militar francés finalmente bonapartista y escritor escasamente apreciado de la literatura francesa del siglo XVIII, motivó tres películas excelentes de reparto extraordinario.

Publicada en 1782, Las Amistades Peligrosas sacudió a la moral hipócrita del siglo a punto de reventar la Revolución Francesa. La cosa va así: la Marquesa de Mertueil y Valmont, un amante de antaño, conspiran para lastimar a un amante de hogaño de la marquesa, que se quiere casar con una virgen quinceañera. El encargado de aguar la fiesta es Valmont, seductor profesional, que entra en apuesta y los dos villanos hacen uso de sus mejores trucos. 

En 1960 Roger Vadim hizo Les Liaisons Dangereux 1960, titulada así para no dañar los derechos de autor correspondientes. ¿Los protagonistas? Gèrard Phillipe y Jeanne Moreau; en 1988, Stephen Freasi dirigió a Glen Close y Johnn Malcovich. En el patio de al lado, mi casi paisano Milos Forman armaba su versión de la historia que se llama Valmont, con Annette Bening y Colin Flint, estrenada en 1989. Debo decir que las tres versiones –con sus alteraciones de la novela– son deliciosas. Y no les cuento los finales. Véanlas.

Pero el tema no era el cine. Pierre Chordelos, autor de la novela, se había inspirado en La Nueva Eloísa, novela epistolar de Juan Jacobo Rousseau, de quien fue ferviente admirador. El mensaje de Rousseau que Chordelos quiso retomar, era que la sociedad pervierte a los individuos. Digamos que en la interpretación siglo veinte de mi madre, ese precepto se expresa “dime con quién andas y te diré quién eres”.

Aquí mismo se dijo, y se dijo bien, que Xóchitl Gálvez no tenía nada que ir a hacer a Madrid en su precampaña.

Cierto, de la magra inscripción de mexicanos en el extranjero para votar en junio, el primer lugar era para el consulado en Madrid, el segundo en Houston y los siguientes entre Chicago y Los Ángeles. Pero el asunto no era, ni es, de números. La candidatura de Xóchitl tiene la enorme debilidad de sus rémoras: en orden descendente, Alito, Marko Cortés y Jesús Zambrano, esto es el viejo PRI, viejo PAN y el eterno PRD.

Yo no me desdigo de lo que dije entonces, en el 2018: José Antonio Meade hubiera sido un excelente presidente de México. Fue el peor candidato –incluso peor que el insulso bronco regiomontano– por venir arrastrando el lastre del desatado desprestigio del PRI y de los crecientes del PVEM y el Panal, de cuyo nombre no quiero acordarme.

El que con niños se acuesta, decía mamá, amanece meado.

La candidatura de Xóchitl Gálvez fue en determinado momento luz de esperanza entre los que no estamos de acuerdo con el cuatrote; vino deteriorándose con su incapacidad de establecer distancia entre su carrera y valores, y el desprestigio y carencia de ellos de sus firmas patrocinadoras. Es muy difícil sacar el gato del agua para el PRI, al PAN y al PRD y además derrotar a Lopitos y su maquinaria imponente.  Además: aceptar a Francisco Cienfuegos –sin conocerlo ni saber de él– como su representante en Nuevo León fue una metida de pata. Menor.

Estupidez magna, la foto con Felipe Calderón. ¿Qué rechingados fue a hacer Xóchitl Gálvez a Madrid?

AUNQUE NO SEA CIERTO, el viaje de la precandidata a España, solamente abona a la inmediata e INEVITABLE sospecha. En Madrid viven, suculentamente, Carlos Salinas y Enrique Peña Nieto. Como si fuera necesario ir a verlos y pedir consejo, asesoría, respaldo o incluso rechazo. Por si fuera poco, llegó para la foto, Felipe Calderón.

Les Liasiaons Dangereux. Las amistades peligrosas.

PARA LA MAÑANERA (Porque no me dejan entrar sin tapabocas): Tengo la certeza de que los seguidores de la cultura oriental y celebraron la medianoche del sábado según sus husos horarios, deben estar en plena faena de engendrar como pareja un hijo. De aquí a marzo el año próximo, sus posibles críos nacerán bajo el signo del Dragón. Ese es el signo del calendario chino que volverá hasta 2036. Es el signo favorito de los chinos: implica fuerza, poder, riqueza; combinado con madera –que ahora le toca al dragón– es prosperidad, como indica el color rojo que en todo lo chino predomina. Ñi jau.

‎felixcortescama@gmail.com

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// Félix Cortés Camarillo

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Autor: stafflostubos
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