Por Félix Cortés Camarillo

Segundo debate. Segundo. Las dos protagonistas, porque el esquirol del MC que renuncia a su apellido paterno es florero de ornato, sí obedecieron las voces de sus críticos seguidores. Entendiendo el mensaje presidencial, la señora Sheinbaum se dedicó a la alabanza de los logros del presidente López, con sus rotundas, repetidas e irrebatibles cifras porcentuales. Oyendo a los que le reclamaron la falta de agresividad, Xóchitl Gálvez mutó en pantera. De escasa dentadura.

Quedó demostrado lo que todos sabíamos: los debates políticos no son confrontación de ideas ni cotejo de proyectos. Son un programa de la televisión de entretenimiento falaz. Las cifras elevadas de audiencia del debate no reflejan, como podría pensarse, que los mexicanos estemos cada vez más interesados en el quehacer político. Solamente nos recuerdan que el mexicano morboso quiere sangre. Aztecas somos y en el camino andamos.

La crítica generalizada -esa palabra me da miedo, me huele a manada- coincidió en que tanto el primero como el segundo debate televisados fueron demasiado largos; que a la hora de transmisión ya habían terminado y solo siguieron para llenar tiempo. No hay tal. En televisión no hay programas largos ni cortos. Hay programas malos y buenos. Programas que entretienen o divierten y los que no. El primer debate fue pésimo, así hubiere durado quince minutos. El segundo fue menos malo, por haber liberado a las mastinas para que se fuera una a la otra, camino a la yugular. El circo a falta de pan.

Se dijeron todo lo que ya nos habían dicho. Que una es candidata del narco presidente y la otra obtuvo contratos con el gobierno cuando era funcionaria. Que una se robó una casa mediante triquiñuelas legales, y la otra le ayudaba a su marido a conseguir contratos. Que el primer esposo de una recibía dinero chueco (paréntesis: portación de pariente incómodo no es delito; uno responde solamente por su propio actuar) y que la otra tiene seguramente mal aliento por el agua que bebe, y por eso no volteaba a verla.

Banalidades aparte, siempre he tenido la certeza de que en la mayoría de los sistemas penales, el saber de la comisión de un delito y no denunciarlo, convierte inmediatamente en cómplice a quien así actúe. Ninguna de las actividades delictivas públicamente expuestas ha sido sujeta a investigación por denuncia.

¿Y los hijos del presidente López, serán investigados por todos los casos de dominio público, si llega a ganar la morena? Obviamente no.

Mal espectáculo, ciertamente. Expone la pobreza de nuestra clase política. Carencia de argumentos sólidos y propuestas concretas. Ausencia de retórica; vamos, de prosodia. Desde luego, de perfil ético.

A propósito de lo último. La patética invitación que hizo el presidente del PRI, Alito Moreno, para que Movimiento Ciudadano decline en favor de Xóchitl para inclinar la balanza definitiva, es una desvergüenza y a la vez una muestra de ignorancia. Los naranja están a la venta al mejor postor, y el PRI ya no tiene la chequera gruesa a su disposición. Ni en efectivo, ni en cargos, ni en favores. Máynez le está haciendo el trabajo sucio a Lopez Obrador y  a un Nuevo Nuevo Samuelito para dentro de un sexenio.

Y pensar que nos vamos a tener que chutar un tercer debate del cual los tres y sus corifeos saldrán diciendo que retornan vencedores….

PARA LA MAÑANERA (Porque no me dejan entrar sin tapabocas): Vamos a ver: si las encuestas son la realidad divina e irrebatible y dicen la verdad, nada más que la verdad, ¿por qué no cancelamos el enorme  gasto de las elecciones y anulamos la votación? Ya que le entreguen la banda a la que gana en el opiniómetro y nos vamos al futbol.

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