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Por Francisco Tijerina Elguezabal

“Un vaso medio vacío de vino es también uno medio lleno, pero una mentiras a medias, de ningún modo es una media verdad.” // Jean Cocteau

Y tras el cierre de las casillas, cuando los candidatos y sus equipos pudieron contrastar la información que tenían de sus encuestas de salida y comenzaron a llegar los reportes y después inició el PREP, en las sedes de los ganadores se vivió el júbilo y algarabía, mientras que en las de los derrotados todo era silencio y desolación.

“¿Pero cómo, si íbamos ganando?” era común escuchar. “¿Qué pasó, en qué fallamos, quién nos quedó mal?”, decían por ahí.

Y así, tristes y sorprendidos, con una enorme carga de incredulidad, se fueron a dormir y sólo lo consiguieron algunos, porque la gran mayoría pasó en vela la noche, repasando, rememorando, tratando de encontrar respuestas. Horas más tarde aquellas sensaciones se transformaron, ahora en rabia, coraje y como siempre no faltó quién sembró la duda y cuestionó: “¿Y si nos hicieron trampa?”

Esa leve posibilidad de haber sido víctima de un fraude electoral vuelve a encender los motores y da pie al inicio de una guerra, ahora en las entidades encargadas de revisar el proceso y después en los tribunales, una lucha de “cara o cruz”, aunque en buena parte de los casos sea una batalla perdida y sin sentido. Están en su derecho.

Para los neófitos y recién llegados, la experiencia es dolorosa, el “frentazo” con la realidad, sobre todo cuando venían de un triunfo abrumador que creían respaldaba sus aspiraciones. Triste el enterarte que los electores son veleidosos y cambiantes y que su opinión puede ser totalmente distinta luego de tres años.

Más triste aún el caso de muchos “cartuchos quemados” que únicamente refrendaron el papel que siempre han tenido en los procesos electorales, eternos perdedores que van cambiando de color y camiseta y que elección tras elección aparecen en las boletas y que en cada proceso terminan con muchos menos votos que en el anterior.

Esos son los que deberían plantarse frente al espejo y hablarse con la verdad, entender que no ha sido la plataforma política, ni el apoyo, ni el dinero invertido, ni la campaña, la falla, la única falla son ellos, que no son capaces de convencer a los electores, que no penetran en el gusto de la ciudadanía, que no son capaces de ofrecer con argumentos ideas, propuestas, soluciones y que si las tienen, su discurso no convence a nadie.

De nada sirve ser “famoso”, personaje público, personalidad en redes sociales, cuando no convences y no tienes el “tirón” suficiente para conseguir votos.

Hoy, tras la jornada electoral, las redes sociales se inundan de bulos, de fake-news, de versiones, de quejas y denuncias, pero en realidad serán pocos, muy pocos, los casos en los que pueda modificarse el resultado de la elección… puede haber fallas, pueden pelearse en la mesa, pero insisto, serán los menos.

El lloriqueo de hoy es el resultado de la falta de trabajo, estrategia, disciplina, pero sobre todo de la incapacidad de los aspirantes para consolidar una buena campaña y eso, no hay forma de revertirlo.

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// Francisco Tijerina

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Autor: stafflostubos
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