Por Efrén Vázquez Esquivel
Se demostró que la “fragilidad” de los jueces Sergio Santamaría Chamú y María Gabriela Ruiz Márquez, entre otros que se auto-otorgaron suspensiones contra la reforma judicial, también afecta al ministro Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena y a la mayoría de los integrantes del Poder Judicial.
Hoy demostraré otra de sus inconsistencias en su proyecto de resolución: que “la ruptura institucional se da tanto por el contexto de una reforma judicial que busca en unos cuantos meses la refundación del Poder Judicial”.
Una de dos: o el ministro ponente ignora lo que significa refundar el Poder Judicial o, al igual que en Harvard, recurre a la falacia del argumentum ad ridiculum (un argumento falso que parece verdadero) para demoler la reforma judicial mediante la burla, en lugar de refutarla con argumentos consistentes.
La expresión “refundación del Poder Judicial” alude a una transformación profunda y estructural del sistema de justicia, que no es posible realizar en pocos meses, ya que para ello es necesario redefinir los principios rectores del sistema de justicia y llevar a cabo una reforma estructural de la Fiscalía.
Además, dicha refundación exige la formación de jueces y fiscales virtuosos en una escuela nacional de altos estudios especializada en la judicatura y la Fiscalía, independiente del Poder Judicial que se debería crear. No se trata solo de capacitarlos según la subcultura jurídica tradicional: rígida, letrista, exacerbadamente formalista y conservadora, entre otras deficiencias que deben superarse.
En cuatro meses habrá jueces elegidos democráticamente. Sin embargo, ¿cómo aprenderán a desempeñar su función si no es replicando las viejas prácticas del corporativismo judicial?
La reforma judicial en curso es coyuntural, pero merece apoyo debido a su incuestionable legitimación democrática y porque además genera las bases para debatir y realizar una reforma estructural.
En dos siglos de la institución más antigua del país, nunca habíamos tenido tantas condiciones de posibilidad, objetivas y subjetivas, para reformarlo estructuralmente como ahora.