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Por José Jaime Ruiz

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Para Ryszard Kapuściński “nuestra profesión no puede ser ejercida correctamente por nadie que sea un cínico. Es necesario diferenciar: una cosa es ser escépticos, realistas, prudentes. Eso es absolutamente necesario, de otro modo no se podría hacer periodismo. Algo muy distinto es ser cínicos, una actitud incompatible con la profesión de periodista. El cinismo es una actitud inhumana que nos aleja inmediatamente de nuestro oficio, al menos si uno lo concibe de una forma seria (Anagrama Compendium, 2022, p. 475)

No es un problema cognitivo el sesgo de negatividad de tres de los mayores representantes del pensamiento cautivo, del pensamiento único de la derecha; Raymundo Riva Palacio, el monero Paco Calderón y Carmen Aristegui son demasiados viejos para caer en eso. No es que den más peso a los aspectos negativos de las cosas, no es tendencia psicológica, es tendenciosidad objetiva: cinismo. Su pesimismo público es optimismo privado cuando reciben el embute por servicios prestados. Catastrofistas a sueldo, no ejercen ni siquiera una dialéctica negativa sino la divisa chayotera de “porque me pagan, les pego”. Evitando el SAT, cobran por cartón, artículo, nota.

Por desacreditadamente recurrentes, las observaciones de Riva Palacio al desempeño de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo son ninguneables, en el sentido más real del término (“El ninguneo es una operación que consiste en hacer de Alguien, Ninguno”, Octavio Paz); agotada su credibilidad, su tendenciosidad poco importa. Asistimos al crepúsculo de los ídolos neoliberales del periodismo. La revolución de las conciencias cambió el paradigma: dato mata relato. Como un deseo íntimo de asesinato, Riva Palacio escribe sobre las declaraciones de la presidenta Claudia Sheinbaum después de la imposición de aranceles planetarios de Donald Trump: “Pero, aun así, su declaración es un equivalente, sólo en forma, a festejar que cuando lo robaron a mano armada, no lo hayan matado”. Ni siquiera el monero Paco Calderón se atrevió a tanto. El instinto asesino de Raymundo está para revisión psiquiátrica.

Quien aseguró que Trump había doblado a Sheinbaum, ahora busca, sin éxito, matizar: “Camina sobre una fina cuerda cediendo a buena parte de las presiones del presidente, para mantener vivo el acuerdo comercial que tanto necesita para alcanzar su objetivo de mejorar la economía y el bienestar, y no cambiará. Es decir, está haciendo lo posible”. Cínico, Riva Palacio olvida que Sheinbaum, con sus llamadas a Trump, marcó el tempo (lo que ayudó a Canadá) y el equipo comandado por Marcelo Ebrard convenció al equipo gringo de la pertinencia de mantener el T-MEC (las baladronadas de Donald fueron para consumo interno).

Los medios de comunicación internacionales, tan alabados por el banalista, tienen otra percepción sobre las negociaciones, como Michelle Goldberg en el NYT y su artículo “¿Es Claudia Sheinbaum la anti-Trump?”: “Sheinbaum anunció que lo conversaría por teléfono dos días después y que revelaría las contramedidas de México en un mitin dos días después. Esto dio tiempo para que aumentara la presión de las industrias estadounidenses afectadas por los aranceles, y el mismo día que Trump habló con Sheinbaum, declaró que los aranceles se retrasarían. Aunque Trump pareció atribuirle el mérito a Sheinbaum, no está claro qué tan importante fue realmente su conversación, ya que Canadá también obtuvo un indulto. El público tampoco sabe qué podría haberle ofrecido a Trump a cambio. Pero al menos en México, parecía que la llamada de Sheinbaum había surtido efecto. (…) Desde entonces, Trump ha impuesto aranceles a las exportaciones mexicanas no cubiertas por el T-MEC, el acuerdo comercial que negoció con México y Canadá durante su primer mandato. Aun así, México ha tenido un desempeño mucho mejor en sus relaciones económicas con la nueva administración Trump que muchos otros países. El miércoles, cuando Trump desató una nueva ronda de los llamados aranceles recíprocos, tanto México como Canadá quedaron excluidos, para gran alivio de México”.

Experto en cobrar por artículo publicado (se $umó al linchamiento en contra de la senadora Andrea Chávez), Riva Palacio es el conspicuo representante de la derrota de los cínicos. Mientras Raymundo asegura que la doctora Sheinbaum “cede”, la realidad lo contradice sobre el bárbaro y mesiánico Atila, Donald Trump: “Sheinbaum ha halagado a Trump sin mostrarse indiferente; él la ha llamado dura y una mujer maravillosa”.

Carmen Aristegui es otro patético caso, su «sesgo de negatividad» tuvo su clímax en la noticia: “La mandataria, quien llegó al poder el 1 de octubre, acumula tres meses con una desaprobación del 15% según el sondeo…”. Cínica y tendenciosa, Carmen pretende torcer la realidad y lo único que logra es profundizar su descrédito. ¿Y qué decir del monero Calderón, quien alquila su trazo con caricaturas difamatorias, misóginas y cada vez más intrascendentes? Quienes alguna vez brillaron y fueron “creíbles” bajo el sol neoliberal, hoy chapotean en el fango de su cinismo. Ya lo decía el poeta William Blake, del agua estancada espera veneno.

(José Jaime Ruiz: Escritor, poeta y periodista, es autor de los libros La cicatriz del naipe (Premio Nacional de Poesía “Ramón López Velarde”), Manual del imperfecto políticoCaldo de buitre y El mensaje de los cuervos. Es director fundador de la revista cultural PD. y de Posdata Editores. Dirige el periódico digital www.lostubos.com.)

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Autor: stafflostubos
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