Por Francisco Villarreal
Por motivos necesarios, durante varios días tuve que dejar pasar las notas diarias como eventos más que como hechos. Estar “en la nota” nunca ha sido fácil, pero cada vez se vuelve más absorbente si se quiere estar de veras enterado. Los medios de comunicación convencionales no dicen la verdad, nunca lo han hecho; pero creo que hubo algún momento en la historia del periodismo en el que al menos se privilegiaba la objetividad en la exposición de los hechos. Ahora siempre hay matices, y muy descaradas letanías cuyo objetivo no es informar sino inducir. Me encabrona, pero no puedo objetarlo. Mientras desde la sociedad organizada en leyes (que no en jueces) no se audite la calidad de la información, no hay nada qué hacer sino apelar a la inteligencia del individuo. Los medios “alternativos” tampoco han enderezado el barco errático de la ética periodística. En su momento, y oportunamente, lucharon contra la deriva deontológica y exhibieron las mentiras orquestadas desde las oscuras covachuelas de intereses políticos y económicos, principalmente, pero se debaten ahora entre alinearse con facciones o partidos. Olvidan lo más elemental: el movimiento de la 4T no es Morena ni sus aliados, sino que es un movimiento avalado ampliamente por la sociedad mexicana. Los partidos “de oposición”, incluyendo el “renovado” PAN, también son bastante estúpidos al combatir a un régimen que cuenta con el apoyo popular abrumador, incluso internacionalmente (vid Macron, Carney), en lugar de proponer un proyecto que no sólo asegure su continuidad sino que, además, lo mejore. Cometen un error que no dignifica su coeficiente intelectual: equiparan a un régimen en el poder con un movimiento social. Don Andrés ya no está, ya no es SU movimiento. De hecho, ni siquiera Morena es ya SU partido, como tampoco ES el de Claudia. Así que, en medio de esta capirotada informativa mal sazonada, no he tenido mucho tiempo para contrastar notas y datos. ¡Malo el cuento cuando no se puede confiar en la información de un medio de comunicación! En teoría, antes de emitirse cada nota debería ser auditada desde las salas de redacción. También en teoría, las “declaraciones” no son notas; son, como se decía en d’en antes, “dimes y diretes”, no hechos. Chismes, pues. Y sin embargo se “cabecean” frases devastadoras, sobre todo de políticos, pero los medios, cual Pilatos, se lavan las manos a la hora de sustentarlas o refutarlas. ¿Libre Expresión a modo?
Decía antes que habría que apelar a la inteligencia del individuo, aunque eso implica muchos riesgos. Hace años vi la película “Idiocracy”, una comedia gringa de 2006, que describía una sociedad en la que la normalidad era ser un idiota. Para ser una película tan mala resultó ser muy profética. No hemos tenido que esperar hasta el año 2505, como en la película, para ver los estragos de la estupidez en la sociedad. Y esto es sólo el principio. Veo, por ejemplo, cómo el país que se promovió internacionalmente como la democracia ejemplar (a quien pocos o nadie creyó), Estados Unidos, ahora padece la tiranía de un cretino. No es cuestión de partidos, porque con republicanos o demócratas en el poder, ha sido un país depredador, sólo que ahora también lo sufren sus ciudadanos. Eso también demuestra que un régimen en el poder no representa a un partido, más bien lo exhibe. A ver, ciegos: un régimen sin un movimiento social que lo respalde sólo es un gobierno, hacer de cuenta el “pan con lo mismo” de la falaz “alternancia” PAN-PRI en México. A los primos del gabacho les pasó con Biden; ahora, otra vez, con Trump. Si no aprenden la lección, sería mejor que se inventaran otro sistema de gobierno y dejen a la democracia en paz. Podrían pedir asesoría del nuevo alcalde de Nueva York, por ejemplo. No es lo óptimo, pero no es lo peor. Bueno…, a decir verdad, nada puede ser peor que lo que ahora ya padecen.
Entre tanta estupidez, y abrumado por el “quehacereo” doméstico, preferí escuchar música mientras afanaba. Me sorprendí tarareando varias canciones de Billie Joel; la mítica “Money for Nothing” de Dire Straits; ante la mirada inquisitiva de mamá, “cabeceé” “La Grange”, de ZZ Top… Y de repente, ¡el bajón! “Ode To Billie Joe”, de Bobbie Gentrie me aplastó. Dejé a un lado la escoba, me senté en el patio, encendí un cigarrillo, y me puse a pensar qué me impactó e impacta tanto de canciones que, en aquellos años, no supe qué decían. No podría preguntar a mis vecinos, que escuchan música que va de lo sublime hasta lo ridículo. Ni siquiera coincidiría con mis coetáneos. Muchos despreciarían a mis adoradas “Jilguerillas”, al “Palomo y el gorrión”, “Los relámpagos”, la rasposa Amparo Montes o el untuoso Toño Badú. Recuerdo que como alumno de FIME (UANL), usaba sombrero. No era por fantoche sino por costumbre. Cuando entré en FFYL, lo usé menos. Eso sí, nunca mañosamente ensangrentado ni con sangre ni con tinta. Alguna vez, el doctor JJ García Gómez me recomendó que olvidara la carrera de Letras Españolas y me fuera a Agronomía, a aprender a sembrar papas. ¡Debí hacerle caso! Así que ahora me dio por buscarme identidad, es decir, una más o menos gremial. Y sí, se supone que soy de la generación de los “Baby Boomers”, anterior a la generación “X”, por casi 20 años a los “millennials”, y por unos 30 años a los “Centennials”, o sea, la generación “Z”. Estos últimos deben andar entre los 30 y 15 años. Los de “mis tiempos”, vivimos entre las 80 y 60 “primaveras”… los que hemos sobrevivido. Igual, sigo en ascuas. No sé a quién se le ocurrió esta clasificación para identificar algo tan obvio. O somos jóvenes o somos viejos. Los matices los inventamos para ostentarnos un poco más jóvenes o menos viejos, o viceversa de ser necesario. La edad puede ser muy definitiva desde la ciencia, pero a cada quien el tiempo lo erosiona de manera distinta. Además depende de cómo nos defendemos ante el ninguneo convencional que suele horrorizarse frente a las canas y a las arrugas. Así que me inclino a pensar que esa preceptiva genética de las “generaciones” es una estupidez más de nuestros tiempos. Y si en México se planteó una marcha “generacional” con una bandera de piratas de fantasía, es todavía más ridículo. Entiendo las marchas indignadas de los michoacanos pero, ¿y los demás? Tres o cuatro “zentenas” de “zentennials” son equiparables a una golondrina despistada que, como todos sabemos, no hace verano. “When you get older, plainer, saner. Will you remember all the danger we came from? Burnin’ like embers, falling tender, Longing for the days of no surrender, years ago. And will you know?”, cantaba LP… una adorable millennial, por cierto.



