Por Félix Cortés Camarillo
Dice el famoso tango de Enrique Santos Discépolo que el mundo fue y será una porquería, en el quinientos seis y en el dos mil también. Que siempre ha habido chorros, Maquiavelos, estafaos, contentos y amargaos, valores y dublé. Pero que el siglo veinte es un despliegue de maldá insolente ya no hay quien lo niegue.
Eso fue escrito en 1934, un año antes de la muerte de su intérprete icónico, Gardel. Si pudiéramos regresar en el tiempo, yo le diría a quien llamaban Discepolín, esperáte Che, que viene el siglo veintiuno.
Nuestro siglo no comenzó, como marca el calendario gregoriano, en el prmer minuto del año dos mil uno, dado que no existió el año cero; el parto espectacular y doloroso de nuestro tiempo fue el uno de septiembre de ese conteo, con el atentado a las torres gemelas de Nueva York.En el sur de Manhattan, residencia del poder del dinero, cayó el símbolo monumental de la supremacía de Occidente.
A partir de ese hecho se introdujo al lenguaje cotidiano de la política y la acción la palabra terrorismo. Simultáneamente, le hizo herramienta para cualquier porquería; en un sentido y en el otro.
Así, Estados Unidos pudo lanzarse sobre Irak alegando que tenía armas nucleares y Pakistán para localizar a Osama Bin Laden y darle muerte, o por lo menos eso nos dijeron porque yo jamás vi fotos del cadáver; sería que aún no se había perfeccionado la inteligencia artificial.Pero el despliegue de maldá insolente siguó en cascada. Rusia se lanza a agenciarse Ucrania, China amenaza con anexar Taiwán a su inventario, Trump dice que Groenlandia será de Estados Unidos por la buena o por la mala. Irán mata a centenares de manifestantes contra la crisis económica, y amenaza con ataques a Estados Unidos si sigue metiendo las manos en sus cosas. El sábado cohetes norteamericanos cayeron sobre enclaves islámicos en Siria.
Sí, lo entiendo perfectamente. Esas instancias están a miles de kilómetros de aquí.
Pero si quieren algo de cercanías,mañana se cumplen diez días del operativo para llegar con soldados de élite norteamericanos hasta el escondite de Nicolás Maduro y se lo llevaron con esposa, y con esposas, a juicio en Nueva York. Por si no se enteraron, por enésima ocasión el presidente Trump dijo ayer que en México dominan los narcotraficantes, que son terroristas, y que si el gobierno de la señora presidente con A de Patria no hace lo que tiene qué hacer, su gobierno lo hará.
Quisiera equivocarme, pero la única notable diferencia entre los morenistas mexicanos momentáneamente en el poder, y el señor Trump, es que él sí cumple lo que anuncia o promete: lo hemos visto. De esta suerte, la presencia de las botas americanas en suelo patrio es inexorable. El departamento legal de la Casas Blanca recibió instrucciones del presidente Trump para encontrar en las leyes de su país, la letra que facilite y “legalice” la presencia de “boots on the ground” en México, para perseguir a los delincuentes terroristas que la señora Sheinbaum no puede combatir.
¿Qué hará la señora presidente con A de Patria?
Lo mismo que ha hecho durante todo su ejercicio: invocar la soberanía, convocar al diálogo, hacer una llamada telefónica, y negociar por lo menos tiempo, para el ejercicio de una decisión que está, evidentemente, tomada. Agotado este proceso, el departamento jurídico de Morena le sugerirá a la señora Sheinbaum un subterfugio legal que permita hacer un acuerdo bilateral entre México y Estados Unidos para operar “conjuntamente” en materia de seguridad en nuestro territorio.
Cantaría Carlitos: “No pienses más, sentate a un lao’, que a nadie importa si naciste honrao’. Es lo mismo el que labura, noche y día como un buey, que el que vive de los otros, que el que mata o el que cura, o está fuera de la ley”.
Cambalache.
PARA LA MAÑANERA (Porque no me dejan entrar sin tapabocas): El sector financiero de los Estados Unidos fue pillado por sorpresa, como suele hacer con todos, por el presidente Trump. Su anuncio, sin embargo, va a recibir un fuerte aplauso de la clase media de su país.
Ha decidido que las tarjetas de crédito reduzcan las tasas de interés de cobran por dar de fiado, a un máximo del diez por ciento. No hay en el mundo un usuario de ese plástico que no aplauda como foca de circo la medida.
Desde luego, es sólo por este año, en que hay elecciones intermedias con la esperanza del presidente Trump de dominar plenamente la Cámara de Representantes y el Senado.
Después, volveremos a las andadas bancarias.



