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Por José Jaime Ruiz

La firma del acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur es la selfie de que el planeta vuelve a ordenarse por bloques y la palabra “cooperación” empieza a sonar a condición. Multilateralismo contra hegemonía. Tratado contra ultimátum. Comercio como puente o comercio como correa. Los acuerdos, antes, se vendían como prosperidad; hoy se firman como control, seguridad, administración del riesgo. Y si alguien entiende ese giro es Luiz Inácio Lula da Silva: firma para empujar a Brasil -y al Sur- en un tablero donde los lugares casi siempre vienen asignados y donde “integración” es como decir “póngase en la fila”.

Durante años la globalización se recitó como una religión civil: abrir fronteras, bajar aranceles, confiar en que el “mercado” arreglaría lo que la política ensució. Ese catecismo secular se cayó cuando las potencias redescubrieron lo que aquí nunca dejó de ser obvio, el libre comercio es libre hasta que estorba. Estados Unidos lo entendió desde hace rato. Su hegemonía ya no necesita ser una postal militar permanente, aunque tenga marines de sobra: dólar, sanciones, los nuevos aranceles a países europeos por Groenlandia, control tecnológico, normas extraterritoriales (Nicolás Maduro), cadenas de suministro como collar coercitivo. El acuerdo UE-Mercosur intenta reconstruir un multilateralismo que sirva para respirar. Si el mundo se parte en bloques, quedarse solo es mala idea.

El liderazgo de Lula está donde duele, evitar la trampa clásica del Sur: vender naturaleza, comprar futuro; exportar lo bruto, importar lo fino. Si el pacto termina reducido a carne, soya y minerales, lo firmado no será un tratado comercial, será un contrato de permanencia en la periferia, redactado con cortesía y sellado con sonrisa de foto oficial. A eso le llaman “complementariedad”, en la práctica, es reparto de funciones: ustedes ponen el suelo, nosotros ponemos el valor agregado. Y aquí entra lo que muchos prefieren no mirar de frente porque Washington no aparece en la ceremonia, pero es un elefante en la habitación. Europa busca espacio propio ante la disputa Estados Unidos-China y el Mercosur intenta no quedar atrapado en ese binario. Pero el tratado con la UE no desmantela la hegemonía estadounidense; apenas afloja la asfixia de la dependencia única. Estados Unidos seguirá siendo el eje financiero, el operador de sanciones y el guardián de tecnologías críticas.

Groenlandia ayuda a entender el siglo XXI, mientras se habla de comercio, las potencias se obsesionan con minerales críticos y tierras raras: transición energética, defensa, baterías, centros de datos. Sin centros de datos no hay inteligencia artificial. Groenlandia se vuelve pieza para reducir dependencias -sobre todo respecto de China- y asegurar suministro. Silicon Valley no funciona con “materiales”. Ayer petróleo, hoy litio y biomasa. El extractivismo reempacado como transición verde, ahora con código QR para que parezca limpio. En el tablero aparece el BRICS como otra herramienta para Lula, por eso juega a triangular: Europa como mercado premium y regla escrita; China como escala y demanda; Estados Unidos como potencia financiera inevitable, un pragmatismo con ambición.

Y queda el espejo mexicano. Lula y Claudia Sheinbaum encaran el trumpismo desde geografías distintas. Brasil puede negociar con margen, moverse, diversificar. México gestiona la proximidad inevitable y la asimetría comercial: ahí no hay tablero amplio, hay frontera. Lula puede ir de Bruselas a Pekín y volver con cartas nuevas; Sheinbaum tiene que blindar soberanía sin romper el vínculo indispensable, sostener estabilidad interna y evitar el gesto que parezca sumisión. Ambos saben que Trump no discute: condiciona. La diferencia es que Brasil convierte el mundo en opciones; México convierte la inevitabilidad gringa en control de daños. Y eso, por más que se maquille, no es victoria: es aguantar sin romperse.

(Escritor, poeta y periodista, es autor de los libros La cicatriz del naipe, Premio Nacional de Poesía “Ramón López Velarde”, Manual del imperfecto políticoCaldo de buitre y El mensaje de los cuervos. Es director fundador de la revista cultural Posdata y de Posdata Editores. Dirige aguaquemada.mx y www.lostubos.com.)

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// José Jaime Ruiz

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