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Dictaduras necesarias o inevitables

Por Francisco Villarreal

Los islandeses deben estar muy nerviosos por la inexplicable mención de Trump sobre Islandia en la cumbre de Davos. Sé poco de Islandia además de que comen tiburón fermentado y de un curioso cristal que sólo hay en Islandia, el espato de Islandia. A este cristal se le atribuyó el uso como brújula solar para los marinos escandinavos. Lo dudo, porque para usar el espato de Islandia, los vikingos debían navegar primero hasta Islandia. Sí hubo un “reloj-brújula” vikingo de bolsillo, pero debió ser otro cristal similar. Es obvio que, en la cumbre de Davos, el presidente gringo no tuvo a la mano esos cristales para ubicarse en tiempo y espacio. A menos que también quiera apropiarse de Islandia, que no lo dudaría ni un poco. Y ya entrado en gastos, de una vez podría robarse las islas Feroe, al cabo los daneses ya son “clientes” de su voracidad. Sumemos este nuevo proyecto de conquista a las de Canadá, Panamá, Cuba, Gaza, más lo que se acumule excepto Marte, que ya está apartado por Elon Musk, quien por no desentonar con la demencia naranja, ahora afirma que es extraterrestre y viene del futuro. Muy serio el festival en Davos. La marioneta de prensa de Trump, llamada Leavitt, trató de convencer a los medios que Trump no dijo Islandia sino “ice-land”, que habría que volver a definir si se refiere a “hielo – tierra”, a Estados Unidos asediado por sus mercenarios de “ICE”, o a el nombre que quiere ponerle a Groenlandia una vez que se la apropie. ¡Qué ingrata labor la de Karoline Leavitt! Mira que mentir para proteger a un mentiroso compulsivo. Pero no es muy distinta a las de los jefes de prensa de funcionarios y partidos en México.

El discurso de Trump en Davos necesitaría un glosario del tamaño de la Enciclopedia Británica para hacerlo más o menos coherente. Hay que aplaudir la disciplina de su auditorio, que tuvo que soportar dislates, digresiones, amenazas e insultos. Trump abusa de nuevo de la cortesía elemental de su auditorio. Tenía que superar cualquier impresión que lo opacara, como el protagonismo de Carney y de Newsom. Trump asegura que no usará la fuerza ni impondrá aranceles para invadir Groenlandia porque ya consiguió lo que quería negociando con la OTAN. Fiel a la enseñanza de su maestro Roy Cohn, asume sin pruebas una victoria, pero demuestra su desprecio tanto a la Unión Europea como a Dinamarca. No ha negociado con los que realmente importan, los groenlandeses. La OTAN es una alianza militar, y tradicionalmente a las órdenes de los intereses de Estados Unidos. La OTAN no representa a los europeos sino a las élites políticas y económicas. El foro óptimo más cercano a un consenso europeo sobre Groenlandia es el Parlamento de la UE; aunque en un tema tan delicado y peligroso como este, tal vez sería mejor un plebiscito. Trump cede sin ceder sus pretensiones sobre Groenlandia. De momento tal vez no adquiera el territorio, pero la OTAN seguro aflojará en cuanto a presencia militar y extracción de recursos. La norma del gobierno MAGA es, y seguirá siendo, el despojo.

En donde Leavitt no puede matizar las palabras de Trump es en su afirmación de que hay dictaduras “necesarias”. Sí, durante la República Romana la dictadura se instituyó para concentrar todo el poder del estado en una persona. Era una dictadura necesaria para enfrentar un peligro tangible para el estado, no las fantasías de Trump, pero era un cargo que duraba sólo mientras permaneciera el peligro. Es famoso el caso de Lucio Quincio Cincinato, dos veces dictador romano, que una vez que conjuró el peligro para el estado, regresó a su hacienda a labrar la tierra. Esas dictaduras no se asumían a capricho, eran por elección del senado. Si Leavitt quiere matizar la nueva amenaza mundial de Trump, nada más no hay manera. Esto se consolida todavía más en el intento descarado por destruir la comunidad de naciones agrupada en la ONU. La “Junta de Paz” es eso, y pretende agrupar a mandatarios pero, o autócratas, o fascistas, o vasallos del que sería el líder supremo de esa junta: Trump. La amenaza es grave, y es amplia, porque no implica conciliar sino imponer la única paz que reconoce Trump: la aniquilación o de la soberanía o de la vida. Y a propósito de la amenaza para la seguridad de Estados Unidos que, además de imponer represión, violencia y racismo entre sus ciudadanos, agrede a otros países. Trump habla de China y Rusia como amenazas para “occidente”, y para su país. ¿Qué tan real es? Pues por parte de Rusia, lo dudo. Rusia no aprueba abiertamente la invasión de Groenlandia, pero sí lo justifica y hasta “evalúa” el precio del territorio. O sea, Rusia, una de las “amenazas” que argumenta Trump ¿alienta la anexión? Es decir, ¿Rusia acepta que Trump invada Groenlandia para que se defienda de Rusia? O a Rusia no le intimida la potencia militar de Estados Unidos, o no le interesa atacar a Estados Unidos, o están secretamente aliados para extinguir a las democracias. Y si escarbamos un poco, reforzar la militarización gringa en Groenlandia no le sirve a la UE porque su frente está en el este, sólo sirve a Estados Unidos, lo que sigue siendo una amenaza latente para la independencia de Canadá.

Un amigo me dijo que Trump representa el renacimiento del fascismo. No estoy de acuerdo. El fascismo no murió, siguió vivo en Estados Unidos, y lo demuestra por lo menos un tercio de su población, que apoya a Trump. El fascismo no ha muerto tampoco en el resto del mundo, porque nace del odio por los otros, que hoy pueden ser un país, mañana una raza, pasado una religión y luego un vecino y finalmente hasta un familiar. El fascismo no es una ideología, sino la perversidad operativa. En su época ultraderechista, H. P. Lovecraft debió inspirarse para imaginar sus monstruos; su “Caos reptante” es una buena descripción de la camarilla de fascistas que pretenden gobernar al mundo y esclavizar a la humanidad. Y trabajan duro en ello. México está en una difícil posición en vista de ese nuevo mapa que ya no se define por fronteras sino por dominios. Hasta ahora, la infiltración fascista no ha tomado relevancia en nuestra nación. Hacen ruido, pero siguen arrastrando el descrédito que acumulan desde hace varios años. Algunos se reagrupan en proyectos de partidos políticos, que si se consolidan, se verán en el dilema de unirse entre ellos y/o con el PAN y el PRI para conseguir algo. Pero México no es inmune al fascismo que ya se ha descarado en panistas y priistas, y que sigue vociferando en el Congreso de la Unión, termitas de la democracia. Y bueno, estamos a dos fuegos. Desde afuera con las presiones del fascismo internacional ya irremediablemente vinculado a las pretensiones hegemónicas de Trump; y desde adentro con quienes no han sido siquiera discretos en anhelar una intervención militar estadounidense en México. Y no nos hagamos güeyes. No les interesa el combate al narcotráfico, que curiosamente no se combate en Estados Unidos sino que se negocia calderónicamente con los capos; les interesa derrocar a este régimen, aunque para eso tengan que besar la putrefacta mano del dictador “necesario” de los Estados Unidos. Pero, viéndolo bien, estoy de acuerdo en las “dictaduras necesarias”, que yo llamaría, “inevitables”. Cuando una oposición mediocre se empecina en imponerse contra un proyecto social fuerte, incluso contra los derechos e intereses de una mayoría y subastando la soberanía de un país, el régimen que les resiste queda gobernando sin contrapesos o con los contrapesos que elija. Nos dejarían la única y famélica esperanza de confiar en la Justicia y en las Leyes. Con los fascistas y sus pregoneros nacionales no nos queda otra salida que encomendarnos a Dios. Pero como su reino no es de este mundo, ya estuvo que no saldríamos vivos de esa ratonera.

José Francisco Villarreal ejerció el periodismo noticioso y cultural desde los años 80. Fue guionista y jefe de información en Televisa Monterrey. Editó publicaciones y dirigió el área de noticias en Núcleo Radio Monterrey. Durante el neolítico cultural de Nuevo León, fue miembro del staff del suplemento cultural “Aquí Vamos”, de periódico “El Porvenir”; además fue becario de la segunda generación del Centro de Escritores de Nuevo León. Ha publicado dos poemarios: “Transgresiones” y “Odres Viejos”. Actualmente en retiro laboral, cuida palomas heridas y perros ancianos mientras reinventa la Casa de los Usher.

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// Francisco Villarreal

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Autor: lostubos
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