Por José Jaime Ruiz
Puñalada certera, trapera. La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo se suma al bloqueo de los Estados Unidos a Cuba. En el 173.º aniversario del natalicio de José Martí, el gobierno de la Cuarta Transformación, a través de Pemex, decide cancelar el envío de petróleo a la isla hermana. La presidenta ha reiterado que, más que a los gobiernos, los bloqueos golpean a los pueblos que los padecen. Dejar de enviar petróleo a Cuba es sumarse al linchamiento energético contra los cubanos, es multiplicar los apagones, es hacerlos sufrir.
“Tú también, Brutus”, aquí no apunta a la traición clásica. No hay puñales ni Senado romano ni tragedia declamada. Es algo más terrible —y más contemporáneo—: el momento en que un sistema geopolítico consigue que decisiones formalmente soberanas terminen coincidiendo, casi sin ruido, con los intereses estructurales del poder hegemónico. Bajo esa lógica conviene leer lo ocurrido en enero de 2026 entre Mexico, Cuba y el gobierno de Donald Trump.
El ajuste —o suspensión; depende de quién lo nombre— de los envíos petroleros no se entiende del todo si se mira como episodio aislado. Encaja mejor como parte de un cambio más amplio: la energía dejó de ser sólo economía. Empezó a funcionar, cada vez con menos disimulo, como herramienta del orden geopolítico regional. La relación entre la Casa Blanca y Palacio Nacional puede sonar cursi, pero es funcional. En la fase actual adquirió una estética nueva: la del halago como prólogo de la presión. No es diplomacia clásica, es una forma de administración psicológica del vecino indispensable. Al paso: ¿qué honor existe en que te elogie un fascista? ¿Dónde queda la dignidad de quienes celebran que el misógino, cómplice de Epstein, celebre a nuestra presidenta? ¿Celebrar el elogio del verdugo de los mexicanos inmigrantes a quienes calificó de violadores? ¿En qué indigno hoyo amoral se jodió la 4T?

Si se mira la secuencia completa del intervencionismo, aparece más lógica sistémica que causalidad lineal. Primero, Cuba entra en zona crítica tras la caída sostenida del respaldo energético venezolano. Después, México —que en los últimos años había ganado peso como proveedor— ajusta o reduce flujos dentro de un entorno internacional que ya no es el de hace cinco años. Al mismo tiempo, el discurso público insiste en soberanía, criterios técnicos, continuidad histórica. En paralelo, continúan los contactos diplomáticos y se produce una conversación bilateral entre Claudia Sheinbaum y Donald Trump descrita como cordial, productiva, estable. Y casi en el mismo compás temporal, Washington endurece su postura energética con advertencias comerciales hacia quienes suministren hidrocarburos a La Habana.
Correlación no es causalidad. No hay evidencia pública concluyente de una orden bilateral directa que explique la suspensión mexicana, pero sí hay señales consistentes de que el ecosistema energético hemisférico cambió. El petróleo hacia países sancionados dejó de ser una variable comercial ordinaria. Pasó a convertirse en un factor de riesgo económico —y político— para terceros. Ahí es donde la metáfora empieza a pesar de verdad. “Tú también, Brutus” no implica necesariamente un acto hostil deliberado. Implica algo más frío: que el sistema consigue que la decisión económicamente más segura termine siendo también la más funcional desde el punto de vista geopolítico. Y, sin embargo, la relación entre Donald Trump y Claudia Sheinbaum no es una relación bilateral: es un ensayo en tiempo real sobre cómo se domestica una soberanía sin invadirla, sin necesidad de bombardearla ni declararle la guerra… y sin dejar de recordarle, todos los días, quién define el clima.
El elogio como anestesia geopolítica, el cumplido es la nueva doctrina Monroe. Llega en frase: “Pronto volveremos a hablar y, en última instancia, programaremos reuniones en nuestros respectivos países. México tiene un líder maravilloso e inteligente. ¡Deberían estar muy contentos por ello!”. La función no es halagar. Es bajar la guardia mientras se mueve la frontera real: la del poder de decisión. El elogio es el equivalente diplomático del sedante preoperatorio… después viene la cirugía. Los Estados Unidos necesitan un México estable, nunca completamente autónomo. ¿Y a quién le interesa saludar a Melania?
Desde la lógica de seguridad estadounidense, este esquema reduce la capacidad de supervivencia económica de gobiernos considerados adversarios sin necesidad de intervención directa. Desde América Latina, la lectura suele ser otra: una zona gris donde cooperación económica, soberanía formal y autonomía estratégica conviven, pero en tensión permanente. México, por su integración profunda al mercado estadounidense, vive dentro de ese equilibrio con especial intensidad. Y eso no es nuevo, aunque ahora pese más. Lo observable del lado del gobierno mexicano se parece a una narrativa más de contención que a alineación automática. Preservar relato soberano. Evitar confrontación frontal. Ajustar decisiones económicas dentro de márgenes que no comprometan estabilidad estructural. En la gestión del riesgo, qué mejor que una sumisa soberanía.
Lo ocurrido en enero de 2026 apunta a tendencias que difícilmente serán sólo coyunturales: securitización energética regional, expansión de sanciones indirectas y una redefinición práctica de la soberanía, cada vez más ligada a resiliencia económica y menos a control territorial puro. Durante décadas, el suministro energético a Cuba podía leerse como política exterior autónoma o gesto de solidaridad regional. Hoy, ese mismo movimiento puede activar consecuencias económicas globales casi inmediatas. La soberanía formal no desaparece, pero el margen operativo —el real, el que importa, el fáctico— se estrecha. Y ahí vuelve la metáfora, pero sin dramatismo innecesario. Cuba no enfrenta necesariamente una traición clásica. Enfrenta algo más complejo: un sistema donde los aliados no dejan de ser aliados… pero dejan de poder sostener decisiones, el envío de petróleo, sin pagar costos estructurales.
El punto clave para la estabilidad hemisférica ya no es si México envía o no petróleo a Cuba en un momento concreto. Es si el sistema evoluciona hacia un escenario donde las decisiones energéticas nacionales queden condicionadas por arquitecturas globales de sanción económica. Si esa tendencia se consolida, la energía será —muy probablemente— el principal vector de alineamiento geopolítico en el continente: la consolidación de un sistema donde interdependencia económica y presión energética funcionan juntas como mecanismos de gobernanza regional. En ese entorno, la autonomía ya no se mide sólo por la capacidad de decidir. Se mide, sobre todo, por la capacidad de absorber el costo económico de decidir distinto. En esta tragedia, casi Shakespeare, el director es el fascista Donald Trump, y la primera actriz en sumarse al bloqueo, Claudia Sheinbaum. Todo lo demás, ya sabemos, es literatura.
@espejonegromx Cuba-México: ¿Tú también, Brutus? Por José Jaime Ruiz Puñalada certera, trapera. Sheinbaum se suma al bloqueo de los EU a Cuba. Al paso: ¿qué honor existe en que te elogie un fascista? ¿Dónde queda la dignidad de quienes celebran que el misógino, cómplice de Epstein, celebre a nuestra presidenta? ¿Celebrar el elogio del verdugo de los mexicanos inmigrantes a quienes calificó de violadores? ¿En qué indigno hoyo amoral se jodió la 4T? #Trump #Sheinbaum #Cuba ♬ sonido original – espejonegromx



