Noticias en Monterrey

Buscar
Cerrar este cuadro de búsqueda.

Marina Abramović presenta ‘Transforming Energy’

La artista reflexiona sobre seis décadas de práctica performática, abordando presencia, energía, archivo corporal y la transmisión de su obra más allá del cuerpo.

Por Sarah Gore Reeves e Ina Johannesen Dibley

A punto de cumplir 80 años, Marina Abramović habla desde un territorio donde el tiempo ya no se mide en urgencias, sino en decantaciones. En esta conversación, Ina Johannesen Dibley —consultora de arte y directora artística de Ekebergparken en Oslo— charla con la artista desde la continuidad: qué permanece después de seis décadas de trabajo radical, qué se transforma y qué puede sobrevivir más allá del cuerpo que lo originó.

La siguiente conversación se adentra en las capas invisibles que sostienen ‘Transforming Energy’, una condensación de los principios que han sostenido más de seis décadas de trabajo de Marina Abramović. Presentada en la Gallerie dell’Accademia di Venezia, la exposición propone un diálogo inédito entre su práctica performática y las obras maestras del Renacimiento veneciano, insertando acciones, objetos transitorios y gestos de activación energética dentro de un museo históricamente dedicado solo a la pintura.

En este diálogo, Abramović reflexiona sobre el riesgo, la confianza y la imposibilidad de repetir ciertas obras hoy; sobre el paso de la acción individual a la experiencia colectiva; y sobre la necesidad urgente de dotar al público de herramientas que permitan que la obra continúe sin ella. Un mapa de lo que fue, de lo que sigue siendo y de lo que, deliberadamente, Abramović decide dejar en manos del mundo.

Me gustaría reflexionar sobre tu trayectoria de más de seis décadas.

Vivir una vida larga y saludable es mi mayor deseo. No ser vieja y enferma, sino vieja y sana, para poder seguir siendo productiva. La vejez trae sabiduría, y eso es invaluable. Cuando se adquiere la experiencia de una vida larga, se puede ser útil para la sociedad y ofrecer energía y consejos incondicionales a las generaciones más jóvenes de artistas.

Szilveszter, quien te fotografió, se preguntaba si hoy repetirías algunos de tus primeras performances.

MA: Cuando era joven no tenía miedo; estaba dispuesta a morir por mi arte. Antes de Ulay hice obras en las que puse mi vida en peligro, incluso más que durante nuestra colaboración.

Fotografía: Szilveszter Makó

¿Como “Rhythm 0”, donde permitiste que el público eligiera objetos —incluida una pistola—para usarlos contigo?

MA: Hay performances que solo pueden existir en ciertos momentos y bajo circunstancias específicas. Obras como “Rest Energy”, donde sostenía el arco y la flecha con Ulay, solo fueron posibles gracias al amor profundo y a la confianza absoluta que existía entre nosotros.

¿Confiarías así en alguien hoy?

MA: No. Absolutamente no. En el mundo en que vivimos ahora, no estoy dispuesta a otorgar ese nivel de confianza.

Tú y Ulay fueron pareja 12 años, personal y artísticamente. Sus obras conjuntas son icónicas, desde la caminata por la Muralla China hasta su encuentro en el MoMA durante “The Artist Is Present”. ¿Cómo te afectó esa separación?

Para mí fue, ante todo, un problema emocional. Durante doce años, todo el trabajo fue realizado por dos personas y firmado por dos nombres. Tras la separación tuve que crear de manera independiente. Fue difícil. Tenía cuarenta años y creía que esa colaboración duraría para siempre, pero la vida tomó otro rumbo. El performance en el MoMA fue una de las experiencias más transformadoras de mi carrera. Mirar a más de 1,500 personas a los ojos durante tres meses me permitió percibir dolor, soledad, amor y felicidad.

En 2013 colaboramos en “The Scream” en Ekebergparken, Oslo, donde creaste una plataforma participativa para el público. ¿Por qué fue importante ese giro?

Después de tantos años haciendo performance, entendí que la única forma en que el público puede comprenderlo es viviéndolo en carne propia. En el Museo Nacional vi a personas tomándose selfies frente a “El grito”, con la boca abierta pero en silencio, porque no podían gritar dentro del museo.

Entonces decidí construir un marco del mismo tamaño que la pintura y colocarlo en el paisaje, en el lugar donde se dice que Munch escuchó los gritos provenientes del hospital cercano. Allí, el público puede gritar al aire libre y tener su propia experiencia.

Ese estado de claridad es central en tu obra y en tu enseñanza.

Acabo de crear un programa para la BBC con 28 lecciones que quedarán disponibles de forma permanente. Transmito mis enseñanzas a nuevas generaciones de maestros, y cualquiera puede aplicar al instituto para tomar cursos y talleres. Mis enseñanzas están registradas; el Método Abramović es la práctica de mi instituto. Los Objetos Transitorios están hechos para ser usados. He realizado alrededor de 65 libros. Crear mi avatar a los 60 años, con la sabiduría de esta etapa, asegura que mi trabajo continúe más allá de mí.

Transforming Energy y los objetos transitorios parecen una forma consciente de permitir que tu obra continúe sin tu presencia física.

Exactamente. Quería asegurarme de dar herramientas al público para que pudiera experimentar mi obra incluso cuando yo ya no esté. Los cristales son las computadoras más simples del planeta: condensan la luz, la electricidad y la memoria de la Tierra. Estos materiales pueden ayudarte a reconectar contigo mismo.

En este momento de tu vida, ¿qué sientes que el mundo necesita de ti?

La presencia es la única realidad que tenemos. El mayor remedio que quiero ofrecer al público es la esperanza infinita para la humanidad.

Fotografía: Szilveszter Makó

https://amp.milenio.com/cultura/marina-abramovic-transforming-energy

Fuente:

// Con información de Milenio

Vía / Autor:

// Staff

Etiquetas:

Compartir:

Autor: lostubos
Ver Más