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Dirty Paco: El lodo como estrategia de supervivencia

Por María Beasain

En el ecosistema político de Nuevo León, la coherencia es un lujo que pocos pueden permitirse y la ética, un estorbo que se liquida al mejor postor. El reciente episodio protagonizado por Karina Barrón no es solo una nota roja en el calendario judicial; es la confirmación de que, para algunos, el servicio público no es una vocación, sino un método de extorsión con charola oficial.

Barrón, cuya trayectoria —del PAN al PRI y de ahí al cobijo de la nómina regia— recuerda más a un saltimbanqui profesional que a una servidora pública, se encuentra hoy en el centro de una trama que parece dictada por un guionista de cine negro de ínfima categoría. La acusación es grave: cohecho y extorsión. Pero lo verdaderamente corrosivo no es el delito en sí, sino el hedor a montaje que emana de las carpetas de investigación que hoy la tienen bajo custodia.

La ingeniería del fango

Dice la narrativa de la fiscalía federal que, cuando las encuestas al Senado le dieron la espalda frente a Luis Donaldo Colosio y Waldo Fernández, Barrón no optó por la autocrítica, sino por la manufactura de infamias. El plan, presuntamente orquestado en las sombras del «PRIAN», habría consistido en la compra de un testimonio por la módica cantidad de 750 mil pesos para fabricar una acusación de violación contra Waldo Fernández.

No buscaban justicia; buscaban un precio. La jugada maestra no era ganar en las urnas —ejercicio democrático que les resultaba ajeno— sino imponer una salida negociada: 5 millones de pesos y el retiro de la candidatura. Un chantaje con sello institucional donde la Fiscalía local, bajo la batuta operativa de un Pedro Arce siempre dispuesto a ser el puente entre el delirio y el proceso penal, habría servido como el músculo necesario para que la mentira tuviera peso específico.

El beneficiario de las sombras

Pero, ¿quién gana con el sacrificio de una ficha si no es para salvar al rey? Aquí es donde el título de esta columna cobra sentido. Si Waldo Fernández se doblaba, Barrón entraba por la primera minoría, abriendo un boquete en el tablero plurinominal que permitía el ingreso automático de Paco el Chispitas Cienfuegos al Senado.

El montaje no era un arranque de ira de una candidata desesperada; era una operación de ingeniería política diseñada para rescatar a los «intocables» del sistema. Era fabricar miedo para recolectar curules.

El premio a la lealtad (o al silencio)

Lo más cínico del relato llega con el desenlace electoral. Barrón perdió, Paco se quedó fuera y la justicia parecía dormir el sueño de los justos. Sin embargo, en un desplante de «solidaridad» política, Adrián de la Garza la rescató del desempleo nombrándola secretaria de Igualdad en Monterrey. Sí, la misma mujer hoy señalada por instrumentalizar la vulnerabilidad de otra mujer para fabricar un delito sexual fue la elegida para velar por la igualdad. La ironía se escribe sola.

Hoy, con la detención de Barrón, el castillo de naipes empieza a mostrar sus fisuras. Waldo no cedió, la denuncia llegó a la FGR y el «aparato» local ya no pudo contener el desbordamiento del lodo. Queda por ver si esta vez la justicia llegará hasta el fondo de la alcantarilla o si, como siempre, Dirty Paco»y sus operadores encontrarán otra forma de lavarse las manos en el agua turbia de nuestra política.

Fuente:

// Medios / IA / HeyGen

Vía / Autor:

// Staff

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Autor: stafflostubos
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