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El guion de siempre en Nuevo León

Por María Beasain

En la Sultana del Norte hemos perfeccionado el arte de la carne asada, la ingeniería industrial y, más recientemente, la procuración de justicia por calendario electoral. Aquí, las carpetas de investigación no se abren por mérito jurídico, sino por conveniencia del timing. Lo ocurrido con Waldo Fernández no es un error en la Matrix, sino el funcionamiento estándar de una maquinaria política que ha decidido que los tribunales son la mejor arena de combate.

Cuando una denuncia deja de ser un expediente para convertirse en una función de matinée, y cuando la Fiscalía parece más preocupada por el rating político que por la legalidad, el problema deja de ser «el caso Waldo» y se convierte en el “síntoma Nuevo León”.

La ironía se sirve sola cuando recordamos las declaraciones de Mariana Rodríguez. En su momento, no solo extendió un manto de respaldo hacia Fernández, sino que puso sobre la mesa un diagnóstico crudo: una campaña electoral salpicada de detenciones, presiones y agresiones directas contra simpatizantes de Movimiento Ciudadano.

A la distancia, esas palabras no son solo una queja, son la fe de bautismo de un ambiente donde la autoridad de la procuración de justicia decidió bajar al lodo de la contienda. Lo verdaderamente preocupante aquí no es si un actor político termina raspado, sino la normalización de lo faccioso.

Hemos llegado a ese punto cínico donde ya nadie se pregunta si hay pruebas, sino a quién beneficia el “periodicazo” judicial del día. En Nuevo León, la justicia parece haber intercambiado la balanza por un ábaco de votos.

El cálculo sobre el derecho: las carpetas aparecen con la precisión de un reloj suizo justo antes de sesiones clave o cierres de campaña.

La memoria selectiva: Se persigue con furor lo que ayer se ignoraba con complicidad.

La institucionalidad herida: cuando la Fiscalía se percibe como una oficina de campaña más, el ciudadano común es el que queda a la intemperie.

“En nuestra democracia de cabrito y asfalto, hemos aceptado que la justicia sea el brazo armado del rencor partidista.”

El saldo de la guerra fría regia:

Reescribir el ambiente de aquella contienda bajo esta luz nos deja un sabor amargo. Si aceptamos que la justicia entre a la arena electoral con el cuchillo entre los dientes, lo que sale lastimado no es un candidato, sino la confianza básica en las reglas del juego.

Al final del día, en este estado donde presumimos de ser el motor del país, deberíamos preguntarnos si el motor de nuestra justicia no estará funcionando, más bien, con gasolina de dudosa procedencia electoral. Porque cuando la ley se vuelve un arma, la democracia deja de ser el juego de todos para convertirse en el capricho de unos cuantos.

Fuente:

// Medios / IA / HeyGen

Vía / Autor:

// Staff

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Autor: stafflostubos
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