El actor protagoniza la adaptación de Proyecto fin del mundo, una de las novelas de ciencia ficción más celebradas de los últimos años.
Pocas novelas de ciencia ficción han despertado el entusiasmo que generó Project Hail Mary (Proyecto fin del mundo). La obra del estadunidense Andy Weir se convirtió en una de las celebradas del género, no solo por su mezcla de rigor científico, humor y una poderosa historia sobre la cooperación humana frente al fin del mundo, sino también por ser sus personajes entrañables: un humano que establece contacto con un ser de otro planeta.
La novela es considerada por muchos lectores una de las grandes obras contemporáneas de la ciencia ficción y ahora tiene una versión cinematográfica protagonizada por Ryan Gosling; publica MILENIO.
La historia sigue a Ryland Grace, un profesor de ciencias que despierta solo en una nave espacial sin recordar quién es ni cuál es su misión. A medida que recupera la memoria, descubre que forma parte de un proyecto desesperado para salvar a la Tierra.
Para Ryan Gosling, uno de los aspectos más atractivos del proyecto fue justamente que su protagonista no encaja en el molde tradicional del héroe de acción. En lugar de la figura clásica que domina buena parte del cine comercial (personajes definidos por la fuerza física), Proyecto fin del mundo propone un científico como héroe que hace frente a sus miedos mientras intenta resolver un problema científico que podría salvar a la humanidad.
“Eso fue lo especial de este libro, sobre todo en el momento en que llegó a mí —compartió Gosling, quien por cierto leyó la novela en plena pandemia, cuando la industria del cine estaba prácticamente detenida—. Recuerdo que los cines estaban cerrando y las producciones cinematográficas también se detenían. Ni siquiera podía reunirme con Andy Weir, ni con el guionista, porque no se permitían encuentros en persona, hablábamos por Zoom”.
En ese contexto, la historia le pareció especialmente poderosa por su visión sobre el futuro y la capacidad humana para resolver problemas. “El libro transmitía un mensaje muy esperanzador: los seres humanos podemos lograr cosas increíbles cuando trabajamos juntos, y el futuro no es algo a lo que debamos temer, sino algo que simplemente tenemos que descubrir”, dijo Ryan sobre la historia dirigida por Phil Lord y Christopher Miller.
Ese enfoque, explicó el actor, es lo que convierte a Ryland Grace en un héroe diferente, alguien que enfrenta el peligro no con fuerza física, sino con ingenio y pensamiento científico. La elección no es casual dentro de la trayectoria reciente de Gosling. A lo largo de su carrera ha construido personajes que se sostienen más en la introspección que en la acción. Y el ejemplo claro son películas como Drive, First Man o Blade Runner 2049.
La novela y el guion “se sentían como una de esas historias que se quedan contigo, como un recuerdo importante”, dijo Gosling, “pero lo interesante es que esta historia está mucho más fundamentada en la ciencia. Todo está pensado con detalle. Por ejemplo, el autor reflexiona sobre qué tipo de atmósfera necesitaría una forma de vida para existir. Rocky no es un alienígena ‘tierno’ con ojos grandes; todo está muy arraigado en la ciencia”.
Ese realismo científico, añadió, termina potenciando el impacto emocional de la historia y “eso me pareció realmente impresionante, porque le da una base muy sólida. Y al mismo tiempo, esa base científica hace que la película resulte más emocional y, en ciertos momentos, incluso más divertida y entretenida; basta con ver la relación que logran construir los protagonistas”. Esa magia se refleja en los cines con la reacción del espectador.
Construir un personaje desde cero
En la película, el personaje de Gosling despierta de un coma en medio del espacio, sin recuerdos y con la tarea de reconstruir su identidad mientras intenta cumplir su misión: “El primer día de rodaje desperté de este coma y estuve muy contento. Era como nacer en el espacio —recordó—. Estaba usando una especie de traje que parecía una placenta; no podía caminar ni hablar. Tuve que aprender a hacer todas esas cosas y formar una identidad”.
El actor describe ese proceso como una evolución constante del personaje: “Era un poco como un cavernícola espacial. Él también estaba evolucionando; además, pasé mucho tiempo solo frente a cámara, tuve bastante tiempo para tener mis propias crisis existenciales”.
Ese aislamiento también se refleja en la trama, particularmente cuando el protagonista explora las pertenencias de otros astronautas que no sobrevivieron.
La soledad del personaje se transforma cuando aparece Rocky, una forma de vida extraterrestre con la que desarrolla una inesperada amistad: “Me dio mucho tiempo para pensar en qué es la identidad. Para cuando conocí a Rocky, el alienígena, ya estaba realmente solo y necesitaba un amigo, por eso creo que esa relación comenzó de una manera muy orgánica”, agregó Ryan sobre cómo afrontó los retos de su rol.
Pensada para los hijos
La dimensión personal del proyecto también tocó una fibra íntima en Ryan Gosling. El actor contó que su experiencia como padre influyó profundamente en la forma en que se acercó a ‘Project Hail Mary’. Para él, la película no solo habla de salvar al planeta, sino de pensar en el mundo que heredarán las siguientes generaciones. “No es una película que ignore que tenemos problemas o que tendremos grandes desafíos por delante —explicó—. Al contrario, los reconoce, pero también cree en la capacidad de los seres humanos; nos recuerda de lo que somos capaces y que, como individuos, podemos hacer mucho más de lo que pensamos”.
El proyecto terminó convirtiéndose en algo profundamente familiar, “era un regalo poder hacer esta película, no solo para mis hijas, sino también con ellas, pensaron que era la mejor historia que habían escuchado”.
Incluso sus hijas participaron de manera inesperada en el proceso creativo: “Las involucré en algunas ideas para el diseño de Rocky o en decisiones sobre mi personaje; fueron al set y, en momentos, fueron la voz de Rocky para mí”.
Esa experiencia convirtió el rodaje en algo más que una producción cinematográfica: “Esta película está hecha con mucho amor de nuestra familia para otras familias, y esperamos que el público pueda sentirlo”.
Una novela que cambió varios años de vida
Para los directores Phil Lord y Christopher Miller, la conexión con el proyecto fue inmediata. Lord recuerda que Gosling ya tenía los derechos de la novela antes de que fuera publicada, luego “nos llamó para preguntarnos si queríamos hacerlo”. Para ese momento, el equipo creativo ya tenía una relación previa con Andy Weir gracias a la productora Aditya Sood, quien participó en la adaptación de The Martian. Finalmente, leyeron la historia y se hizo.
“Nos sentamos y leímos todo el libro de una sola vez. No podía parar. Me quedé leyendo hasta las cinco de la mañana porque necesitaba saber si el cohete y los experimentos iban a salir bien, qué iba a pasar al final”, recordó Lord. Mientras Miller, explicó que la decisión fue instantánea: “Recuerdo que le envié un mensaje diciendo: ‘Esta tiene que ser nuestra próxima película. No quiero que nadie más la haga’”. Y así comenzó Proyecto fin del mundo.
Ciencia, amistad y trabajo en equipo
Más allá de la aventura espacial, los directores consideran que el verdadero corazón de la historia es la colaboración: “Somos dos amigos que hacemos cosas juntos (Spider-Man: Across the Spider-Verse, The Lego Movie 2: The Second Part, The Afterparty), y esta es una historia sobre dos personajes que se convierten en amigos y trabajan juntos para resolver un problema”, explicó Phil Lord.
Miller coincide en que esa idea conecta tanto con la ciencia como con el cine, porque “resolver un problema científico se parece mucho al proceso creativo: es algo colectivo. Y hacer una película también es un trabajo en equipo. Tienes que potenciar el talento de los demás”. Por eso, dijo, el libro ha conectado con tantos lectores, “porque habla de personas que creen unas en otras, que reconocen aquello que hace especial a alguien”.
La adaptación apuesta por preservar el espíritu que hizo de la novela de Andy Weir un fenómeno contemporáneo: una aventura espacial donde la ciencia, la curiosidad y la colaboración son las verdaderas herramientas para enfrentar lo desconocido. Así, Proyecto fin del mundo propone un tipo de heroísmo poco habitual: uno donde la inteligencia, la amistad y la cooperación se convierten en la energía capaz de cambiar el destino del universo.
Imagen portada: Especial / MILENIO
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