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Irvine Welsh reflexiona sobre su legado y su nueva novela

Irvine Welsh (Edimburgo, Escocia, 1958) es un ‘bad boy’, un héroe para los lectores que lo ven como un rockstar tras publicar Trainspotting, novela que terminó en una exitosa película dirigida por Danny Boyle sobre un grupo de amigos adictos a la heroína y amantes del descontrol que marcó a toda una generación; publica MILENIO.

De ese fenómeno contracultural han pasado 30 años y Welsh sonríe, recostado en un sillón de piel, donde acepta ser víctima de su propio éxito con la novela protagonizada por Renton, Spud y Sick Boy.

“Sí, pobre de mí (risas)”, dice a MILENIO Irvine Welsh, quien hace la seña de tocar una nota triste en un violín imaginario.

“Tienes que verlo como una carta de presentación, no como un albatros alrededor del cuello; el éxito no es una carga pesada ni me mantiene atado al pasado. Fue algo que me abrió muchas puertas y me hace muy feliz”, agrega el escritor, quien viste playera, bermudas y gorra; atrás quedó el punk, hoy su nueva pasión es ser dj.

El autor disfrutó de México caminando por Coyoacán, probó los churros, dos noches fue dj en distintas fiestas; el escocés de sonrisa fácil y profundos ojos azules adora nuestro país.

“He pasado cinco o seis días recorriendo barrios y me subí al metro, México es maravilloso; disfruto esa energía que no encuentro en otro lugar del mundo, es fabulosa. Estoy tratando de convencer a mi esposa para mudarnos aquí a vivir, a una pequeña hacienda; espero tener suerte”, señala.

En la larga firma de autógrafos que ofreció en la Feria Internacional del Libro de Coyoacán, uno de sus fans le pidió a Welsh que le firmara el brazo; el autor accedió y minutos después volvió el joven para mostrarle el tatuaje que se acababa de hacer del autógrafo en su piel.

Incluso el escritor sacó su celular y le tomó una foto ante la insólita muestra de admiración.

En cuanto a su faceta de dj, el entrevistado opina: “Para mí, la música es el primer arte de la experiencia, porque es inmediato y te expones a él. Una de las cosas más satisfactorias es ver que alguien está leyendo mi novela en el subterráneo de Londres; ves algunas expresiones en su cara, pero no sabes realmente lo que piensan. En el cine puedes ver que la gente está vibrando con las diferentes energías, y también en el teatro; pero si estás como dj en un club, hay una tremenda inmediatez con el público y es una cosa muy poderosa”.

Foto: Ariel Ojeda

La novela negra y lo que pasa en el mundo

Sobre Los cuchillos largos (Anagrama) y el regreso de su personaje Ray Lennox, un inspector de la policía de Edimburgo, el entrevistado comenta: “El protagonista de mi nueva novela es un tipo mucho más interesante hoy. Es un policía que tiene que descubrir un crimen y va contando la historia, pero lo más importante es su propia vida, su historia, porque no es un héroe; es un superviviente”.

Y agrega: “La novela negra me permite ver y analizar lo que pasa en el mundo, en la economía global, con la tecnología y los diferentes problemas. Son temas que me importan y me inquietan. Entonces, tengo que escribir con esa realidad en mente; si solo escribes para escapar de todo eso, básicamente intentas distraer la atención de la gente. A veces tienes que hacerlo, porque a la gente le gusta un poco de escapismo y no quieres que su cara esté empujada por la miseria del mundo todo el tiempo. Pero creo que tienes que conseguir esa realidad y eso es lo que intento hacer en los libros que escribo».

En Los cuchillos largos todo comienza en un almacén del puerto de Leith, distrito de Edimburgo; aparece el cadáver desnudo del diputado tory Ritchie Gulliver. Entra en escena el inspector Ray Lennox, quien apareció en novelas como: Escoria y, ya como protagonista, en Crimen, en una trama donde se tocan temas como la pedofilia en las élites y la corrupción de las leyes y la justicia.

“La gente considera que la ley es una cosa de ricos. Acabo de leer este gran libro de un tipo llamado Jonathan Escoffery, ‘If I Survive You’, y tiene una línea fabulosa donde dice que: ‘No hay nada más patético que la gente pobre tratando de jugar a los juegos de los ricos con la ley’. Es tan ridículo. ¿Sabes lo que quiero decir? Así es, solo una herramienta para los ricos”.

Para Irvine Welsh, la ficción le permite tocar a esos criminales que se sienten intocables.

“Sí, es divertido de alguna manera porque creo que los criminales son inmunes al sistema de justicia y creo que es el trabajo del escritor o del artista: decir la verdad sobre el mundo y la sociedad cuando la ves, y espero que la gente lo reconozca; si no, eso está perfectamente bien”.

Su nuevo libro. | Especial

Hay que parar la máquina

El autor señala que la sociedad es como un tren sin frenos, en un mundo de adicciones al dinero, a las redes sociales, y por eso es necesario parar y pensar en un nuevo comienzo.

“Estamos condicionados por el capitalismo de querer más y más y más, y hacer todo más rápido hasta quedar exhaustos; eso nos llevará a un punto de crisis y ya no podemos hacer eso. Creo que mucha gente piensa: ‘No hay nada que podamos hacer para detener esta máquina’, pero tenemos que dejar que el tren se detenga, se destruya y luego reconstruir todo para empezar de nuevo”.

Al preguntarle sobre la función de la literatura, opina: “No lo sé. Los libros son buenos y es importante escribir y todo eso, pero la gente está luchando para sobrevivir, pagar la renta, existir. Para que la literatura y el arte sobrevivan, la humanidad tiene que existir en primer lugar y están luchando por ello».

Irvine Welsh afirma no ser un escritor de culto, ni nada parecido: “No (risas), no puedo pensar eso en absoluto, porque tengo que ir a casa y decir: ‘Bien, es la hora de hacer el té’, o ir a las tiendas y conseguir leche y pan. Tengo que vivir el momento, en el mundo de mi propia realidad con la familia y amigos. Es un tipo de mundo hermoso, y si hago cosas de rockstar cuando tengo mucha atención, pues no es mi vida real. La fama solo es una parte extraña de este trabajo extraño que tengo como escritor”.

Finalmente, Irvine Welsh, a quien ya lo espera una multitud de fans, habla sobre uno de sus proyectos más importantes: un musical de Trainspotting, basado en su popular novela.

“Estamos volviéndonos locos en el West End de Londres. No es un musical colorido para que la gente aplauda feliz, es agresivo, oscuro y provocativo. He compuesto 14 canciones con el dj Steve McGuinness que pasan por el techno, el blues y el house. Queremos llevar la política de la clase trabajadora, la destrucción, la élite y la corrupción, la suciedad de la calle al escenario. Ya casi lo terminamos y sé que va a sorprender”.

El personaje

Irvine Welsh creció en el corazón del barrio obrero de Muirhouse, dejó la escuela a los 16 años y cambió multitud de veces de trabajo antes de emigrar a Londres con el movimiento punk. A finales de los 80 volvió a Escocia, donde trabajó para el Edinburgh District Council a la par que se graduaba en la universidad y se dedicaba a la escritura. Su primera novela, ‘Trainspotting’, tuvo un éxito extraordinario, al igual que su adaptación cinematográfica.

Imagen portada: Ariel Ojeda / MILENIO

Fuente:

// Con información de Milenio

Vía / Autor:

// Staff

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Autor: lostubos
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