Por María Beasain
Hay que reconocerle algo a la vanguardia de la posverdad oficialista: su capacidad para convertir un balcón barroco en un portal al metaverso es, por decir lo menos, poética. El reciente episodio de la mujer tomando el sol en una ventana de Palacio Nacional no es solo un descuido de seguridad o un momento de ocio estival en pleno Zócalo, es la prueba de que, en este país, si la realidad no nos gusta, simplemente le pasamos un filtro de “Inteligencia Artificial” y la mandamos al cuarto de los cacharros digitales.
Resulta que, según el aparato de Infodemia MX, lo que miles de ojos vieron y decenas de teléfonos registraron desde la plaza pública no ocurrió. No, señores. Según su “riguroso” análisis —ese que convenientemente arroja un 71% de probabilidad de falsedad—, estamos ante un espectro generado por algoritmos malignos diseñados para perturbar la paz del recinto histórico.
Sin embargo, como bien ha documentado la plataforma Verificado en su reciente entrega “No está hecho con IA: Infodemia desinforma sobre video de persona en Palacio Nacional”, la única alucinación aquí es la de las autoridades. Resulta que las herramientas forenses de verdad, esas que no tienen nómina en el presupuesto público, confirman que el video es tan real como el calor de marzo. El “error” del gobierno fue confundir la baja resolución de un zoom digital con los píxeles de un deepfake. O, mejor dicho, confundir la incomodidad de un hecho real con la conveniencia de una mentira tecnológica.
Lo irónico no es que una ciudadana haya decidido usar el Palacio como camastro, lo verdaderamente corrosivo es observar cómo el Estado utiliza el concepto de “IA” como una nueva forma de censura. Si algo nos estorba, es “falso”. Si algo nos evidencia, es “manipulado”. Si hay tres videos desde ángulos distintos que confirman el suceso, pues los tres son productos de una conspiración de Silicon Valley operada desde algún sótano en la colonia Roma.
Estamos entrando en una era fascinante donde la verdad ya no se discute, se desinstala. Pero mientras Infodemia intenta convencernos de que vivimos en una simulación, la realidad —terca, despeinada y con ganas de vitamina D— sigue asomándose por las ventanas de la sede del poder. Al final, parece que en Palacio Nacional le tienen más miedo a una mujer bajo el sol que a la propia sombra de sus contradicciones.



