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Rhemfán, la Gripe y la Guerra

Por Francisco Villarreal

En noviembre de 1562, Lord Thomas Randolph, embajador de Inglaterra en Escocia, escribió a su amigo y protector, Lord Cecil. Contaba que la reina María Estuardo enfermó y con ella casi toda la corte escocesa. Seis días estuvo la reina en su regia cama con lo que aquellos escoceses llamaban “acquayntance”, pero que hoy podríamos identificar como “Gripe”. Sí, esa plaga apocalíptica peor aún que el sionismo renfanita y, como él, tan falsamente inocua como un resfrío, pero eventualmente mortal. La reina María sobrevivió, yo también. María perdió la cabeza años después; yo no, pero no salí bien librado. La efusión de mocos y flemas empantana hasta la más sólida lucidez, cuánto más la mía que es bastante blandengue. La gripe es como un enteógeno, altera la percepción y la conciencia. Entre más potente el virus, más abofetea al ADN y más distorsiona la realidad y la percepción de sí mismo. Lo noté cuando intenté comprender algunas de mis fuentes noticiosas normales. Creo que, como solía pasar con los adictos golosos, me quedé en este viaje sicodélico viral, un “mal viaje”, sin duda.

No entendía por qué el archimandrita MAGA pregonaba urbi et orbi la victoria estadounidense sobre Irán, coreado por sus sicofantes y confirmado por el mediocre secretario de Defensa (alias, “Guerra”), Pete Hegseth. A la par, el propio Trump pedía, exigía la “colaboración” de países “aliados” para desbloquear el estrecho de Ormuz, lo que en los hechos implicaría sumar más países a la guerra que provocaron Trump y Netanyahu. Ya con esto me quedaban dudas sobre la presunta victoria. Luego me entero que Trump solicita al Congreso de EEUU la bicoca de 200 billones de dólares para sostener su “excursión” en Irán. ¡What?! Los poco más de 8 años de la Guerra de Irak (2003-2011) costaron a Estados Unidos entre 3 y 5 billones. O sea, ¿presupuesto para una guerra que dice que ha ganado o para extender su “guerra” expansionista en todo el mundo? Otra de las contundentes declaraciones trumpistas ha sido que las hordas gringo-sionistas han desmantelado la infraestructura militar iraní y agotado su almacén de drones y misiles. Sin embargo, lo que destaca en medios es la lluvia cotidiana, o más bien tormenta de bombas iraníes sobre Israel y otros lugares de importancia estratégica. El ataque a la base británica-estadounidense en el atolón Diego García, a 4 mil kilómetros de Irán, si bien no fue grave sí encendió las alarmas. Irán había declarado que, deliberadamente y en tanto conviniera a su estrategia, limitaba el alcance de sus misiles a 2 mil kilómetros. Este ataque demostró que no mentía. Más aún, esto confirma que la única estrategia coherente en esta guerra es la de Irán. Trump y Bibi sólo saben destruir y asesinar civiles y líderes iraníes. En general, tenemos ya casi un mes de una guerra que no es oficialmente guerra y que, para Trump, terminaría en unos días.

A estas alturas, y en un conflicto que pone patas arriba la de por sí frágil estabilidad económica mundial, todavía no hay una razón que justifique el ataque artero de Estados Unidos e Israel contra Irán. La razón más cacareada por Trump ha sido un inminente arsenal nuclear iraní. Recién renunció el director antiterrorista del cártel Trump-Epstein, Joe Kent, un trumpista y ultraderechista radical. Su entrevista con el periodista conservador y trumpista Tucker Carlson, fue reveladora. No sólo dijo que Irán no estaba ni cerca de crear un arsenal nuclear, afirmó que Trump fue arrastrado a esta guerra (“divertida excursión” para Trump) por emisarios sionistas desde Israel. La cereza del pastel fue que aseguró que el ayatola Jameni, asesinado por la coalición de “Gog” Trump y “Magog” Netanyahu, había emitido una “fatwa” contra las armas nucleares. ¿Qué es una “fatwa”? Es un dictamen de un clérigo islámico; no es obligatorio, pero tiene peso moral y religioso entre los musulmanes. Si consideramos que el difunto Jameini, era a su vez líder político y religioso en Irán, está claro que es importante para los musulmanes chiitas del mundo, y prácticamente una orden para los chiitas iraníes. Si Jameini coincidía con la obsesión trumpista contra las armas nucleares iraníes, ¿por qué lo asesinaron? A menos que las razones para esta guerra, es decir “divertida excursión”, no fueran las armas nucleares.

A riesgo de que los rescoldos de mi gripe me ofusquen todavía más, creo que el ultimátum de Trump de 48 horas antes de destrozar toda la infraestructura energética iraní no sólo expone que esto no es una “divertida excursión” sino una guerra en toda forma, y que el objetivo no es la “desnuclearización” de Irán, ni el cambio de régimen, sino el control total de Estados Unidos sobre el flujo de petróleo y gas. La “excursión” militar en Venezuela y el secuestro de su presidente dan fe de esto. El problema es que Estados Unidos está demasiado expandido y, como dice el refrán, “el que mucho abarca, poco aprieta”. La respuesta de Irán al ultimátum da una vuelta más a la tuerca. No sólo prometió bloquear Ormuz, también devastar las centrales petroleras y eléctricas; y más peor, destruir las plantas desalinizadoras. Al caos económico que causa estrangular el comercio petrolero, se añadiría una migración masiva en Medio Oriente por la falta de agua potable. Una receta perfecta para un desastre que alteraría el equilibrio demográfico más allá de Medio Oriente. Trump, famoso por ser reculero, reculó otra vez y “aplaza” el ultimátum anunciando “conversaciones de paz” con Irán, mismas que Irán desmintió de inmediato. ¿A qué juega Trump?

Podría decirse de otra forma, pero la más adecuada es que los mercados mundiales están hechos un verdadero desmadre, peor que mi baumanómetro durante mis crisis hipertensivas. Si bien el responsable aparente es el infame presidente de Estados Unidos, yo apostaría a la terquedad de la ultraderecha fascista y el sionismo (que no es lo mismo, pero es igual). Sigo pensando que el ocultamiento de los archivos del cártel Trump-Epstein, no sólo encubren “travesuras” sexuales sino una red internacional de estafadores y chantajistas sólidamente ligados al sionismo internacional. Sí, estos que el profeta Amós denunciaba como adoradores de Rhemfán, el saturno asirio, la estrella negra que devora a sus hijos.

Trump en todo caso es un síntoma de la desesperación de los grandes capitales. La economía ya estaba en proceso de descomposición. Las megalópolis son cada vez más insostenibles; las rutas comerciales están secuestradas por tratados que responden a intereses de minorías no a necesidades de mayorías; y la actitud de líderes bravucones de los que Trump apenas es una muestra, obliga a los países, en un descuido incluyendo hasta a El Vaticano, a replantearse la militarización, así sea sólo para defenderse. La democracia como sistema de gobierno está en entredicho y frente a una disyuntiva: o reconstruirse desde la horizontal sin más ideología que la supervivencia equitativa, o replantearse desde el fascismo como parodia de sí misma reivindicando el esclavismo ya no sólo entre individuos, ahora también entre países. Me entero que según Irán, el saldo mortal de los ataques en su territorio es de alrededor de 1300 civiles, además de poco más de 15 mil heridos. La destrucción va más allá de infraestructura militar y energética, incluye casas, hospitales y escuelas. Estados Unidos e Israel son más “misteriosos” en aceptar cifras de daños y víctimas. Sin embargo, esta “divertida excursión” de Trump en Medio Oriente estremece a todo el mundo. Mi gripe me pone más paranoico de lo normal, y me horroriza pensar en qué hará Trump si el Congreso le autoriza 200 billones de dólares para reforzar su ejército. Invadir Irán no es viable sin exterminar a los iraníes (“guerra sin cuartel” dice el payaso de Hegseth), sería tirar ese dinero a la basura. En este momento no es a Irán al que le urge la paz, sino a Estados Unidos e Israel, y “a otra cosa, mariposa”. No dejo de pensar en que el objetivo geopolítico más accesible para Trump es expandirse en América, y los indicios ya están a la vista. La bandera ultraderechista del “narcoterrorismo” y “narcogobierno” sigue izada en Mar-a-Lago y México sigue siendo un objetivo. Aunque es un bocado difícil de tragar, eso no desanima la gula voraz de la horda fascista. La estrella negra del sionismo-fascismo también puede devorarnos. Más cuando hay traidores mexicanos que ya nos ofrecen en holocausto al siniestro Rhemfán. Aunque se oiga muy vulgar y hasta ridículo, preferiría morir de gripe. Mejor disuelto en mocos que desmembrado en un altar tan despreciable.

José Francisco Villarreal ejerció el periodismo noticioso y cultural desde los años 80. Fue guionista y jefe de información en Televisa Monterrey. Editó publicaciones y dirigió el área de noticias en Núcleo Radio Monterrey. Durante el neolítico cultural de Nuevo León, fue miembro del staff del suplemento cultural “Aquí Vamos”, de periódico “El Porvenir”; además fue becario de la segunda generación del Centro de Escritores de Nuevo León. Ha publicado dos poemarios: “Transgresiones” y “Odres Viejos”. Actualmente en retiro laboral, cuida palomas heridas y perros ancianos mientras reinventa la Casa de los Usher.

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// Francisco Villarreal

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Autor: lostubos
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