Por Francisco Villarreal
1 Una de las cosas que puedo reconocer a la ultraderecha mundial es su honestidad al menos en una cosa: es abiertamente inhumana. Sus principios son retrógradas, y se muestran con brutal honestidad en el reciente rechazo a condenar la esclavitud. Los países abiertamente esclavistas expuestos en la ONU fueron Estados Unidos, Israel y Argentina, este simpático “eje del mal”. Además, 52 países entre ellos el Reino Unido y la Unión Europea no votaron ni a favor ni en contra, sino todo lo contrario. Es un poco complejo abordar el tema, porque la declaración aprobada por la ONU implica no sólo una condena, además resarcir daños históricos. Para un ser humano normal es fácil condenar la esclavitud, lo difícil es asumir la responsabilidad. Hay algo equiparable en México, donde, con razón y a pesar del Zunzunegui, se pide a España que pida perdón por las atrocidades reales cometidas por los “civilizadores” españoles; en cambio en lo doméstico, los mestizos mexicanos, que somos mayoría, exaltamos el valor de los pueblos originarios, pero los mantenemos marginados, a veces utilizando en su contra mañosamente sus propios “usos y costumbres”.
2 Haré una confesión que seguramente tendrá consecuencias. No faltarán patriotas mexicanos que pidan que me excomulguen, impongan multas y aranceles, me declaren terrorista, me apliquen bloqueo naval, bombardeen mis barquitos de papel, y así… Confieso: nunca me gustó Cantinflas, al menos no después de los 40s. Mil veces mejores cómicos como Tin Tan, Oscar Pulido, Borolas, Joaquín Pardavé, Resortes… ¡Mea culpa! Aunque hubo muchos que intentaron imitar el galimatías de Cantinflas, siempre se habían quedado cortos. Finalmente llegó un cómico mediocre que sí lo logró y creo que incluso lo superó. Si alguien tuvo la paciencia de escuchar este 1 de abril el “mensaje” de Donald J. Trump al pueblo estadounidense, y si no acabó con embolia y/o arcadas, estará de acuerdo que ni Cantinflas hubiera logrado enredar las palabras, sancochar las ideas y bordar mentiras y verdades con tanta precisión. Tan preciso que sólo comprobó lo que dijo Bruce Springsteen al iniciar su gira en Minneapolis: “para muchos, EEUU ahora es una nación deshonesta, imprudente, impredecible y depredadora”.
3 Siempre me ha parecido que los llamados “daños colaterales” son agresiones dolosas que se quieren hacer pasar por culposas. En México tuvimos bastante de eso durante la guerra entre cárteles que apoyó Felipe Calderón. Pero en la campaña mundial para imponer una especie de fascismo descarnado y descarado, el primer daño colateral ha sido contra la certidumbre. Se aplicó intensivamente durante los procesos electorales de 2018 y 2024. Se sigue aplicando local, nacional e internacionalmente, siempre con los mismos objetivos: dominio, poder, control, riqueza. Me parece “curioso” que a diario se difunden noticias de los bombardeos iraníes, Yemen y de Hezbolá sobre Israel, enfatizando los daños masivos en zonas urbanas e infraestructura civil y militar. ¿Víctimas? Unas cuantas, casi mínimas. En cambio, los bombardeos sionistas y estadounidenses sobre Irán, igual de indiscriminados sobre objetivos civiles y militares, se difunden como victorias estratégicas. Desde Irán se contabilizan con miles de víctimas (entre ellos niños). Nadie puede saber quién esté ganando esta guerra que dizque no es guerra sino “incursión militar”. Para Donald Trump, proclamar la victoria es tan cotidiano como falso, porque sin objetivos claros no hay conclusión posible. Además, es vital por la guerra interna que libra contra las leyes para controlar y, obviamente, manipular las elecciones en noviembre. Para Irán, proclamar la victoria ya no es una cuestión de honor sino de supervivencia. Casualmente, para Bibi Netanyahu y el sionismo internacional, proclamar la victoria en esta guerra también es cuestión de supervivencia. En realidad todo es un dislate, porque en una guerra, incluso en esta guerra “retórica” pero efectiva, nadie gana, todos perdemos.
4 Los estadounidenses deberían poner más atención en lo que su gobierno fascista les informa sobre Irán. La destrucción de un puente que enlazaba una autopista iraní debería ponerlos a pensar un poco. Irán podrá ser un régimen autoritario y teocrático, incompatible con una democracia (como el Estado Vaticano, por ejemplo), pero los iraníes no transitan por veredas a lomos de camello a través de dunas y estepas calcinantes. Si bien ese puente puede ser tácticamente importante para la guerra, su propósito no es bélico sino civil. Es decir, es infraestructura civil, como lo son las escuelas, las plantas generadoras de electricidad, las desalinizadoras, objetivos alcanzados o anunciados en las incursiones sionistas/ estadounidenses. En general no nos gusta la teocracia iraní, pero nadie puede atreverse a afirmar que ese país pertenece a la “Edad de Piedra”, como dice Donald “Stone head” Trump. Se trata de una cultura milenaria, la verdadera patria de los “arios”, la zona donde se perfeccionó la cerámica, se creó uno de los primeros sistemas de escritura, se inició el comercio, se inventó la idea de “ciudad”, y algunos hasta suponen que fue ahí, en el reino de Elam, donde el legendario Nimrod intentó levantar la Torre de Babel. Los súbditos de Trump deberían entender que, contra lo que deben suponer por pura ignorancia voluntaria, hay pocos árabes en Irán, la mayoría son persas, con más historia en la sangre y la memoria que la que olvidaron deliberadamente sus “padres fundadores” al instalar sus trece colonias en el territorio que escamotearon a los nativos americanos.
5 Hace poco volví a ver la película “Cruzada” de 2005. Monumental pero imprecisa, como son casi todas las películas históricas. A pesar de todo me queda claro que Jerusalén es una ciudad maldita. Si bien es fundamental para tres grandes corrientes religiosas, parece estar muy lejos de Dios, que es el mismo para todas. Casualmente también recién vi al patético secretario de Defensa (dizque Guerra) de Estados Unidos hacer una oración que era una arenga guerrera. Se le transparenta al mediocre presentador de televisión su identidad como nacionalista cristiano, esa corriente supremacista blanca que envenena a los estadounidenses. El Papa León XIV aseguró hace poco que no valen nada las oraciones de quienes tienen las manos manchadas de sangre. Nunca podría estar más de acuerdo. Sin ser parte del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, yo añadiría que esas oraciones sangrientas son también sacrílegas y satánicas. Y lo compruebo en una frase del maligno presidente Trump dentro de un mensaje dirigido a los iraníes: “Abran el maldito estrecho, malditos locos, o vivirán en el infierno!” Si creemos la doctrina cristiana, especialmente católica, el Infierno es un lugar creado por Dios para castigar la maldad. Trump se inviste en la esencia divina para juzgar y gobernar; además construye un imperio para su pretendida divinidad. Satanás hizo lo mismo.



