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Por Félix Cortés Camarillo

De creerle al presidente de los Estados Unidos, a la hora en que usted esté leyendo estas líneas, y de acuerdo a la diferencia de horarios, en el territorio de Irán estarán a 24 horas de comenzar el infierno en la tierra, por una cortesía de las fuerzas armadas de la mayor potencia del mundo.

Eso decía el último ultimatum del presidente Trump, anunciando que la noche del martes iba a comenzar el día de los puentes y las plantas eléctricas, anticipando los objetivos de los cohetes norteamericanos. “Abran el chingado puente, locos bastardos” dice el presidente. La traducción es mía, el original dice “open the fuckin´ Strait, you crazy bastards”.

La definición de ultimatum es muy clara: “resolución terminante y definitiva, generalmente por escrito, que establece condiciones finales e in-negociables con una amenaza de acción directa”. No obstante, el mundo ya está acostumbrado a los ultimata (que en latin  el nominativo plural del neutro terminado en um, cambia a la letra a) pues el presidente de los Estados Unidos suele ser bravo en las amenazas y rajón a la hora de aplicarlas. Sólo hay que recordar la danza de los aranceles.

También hay que tener en la memoria las guerras de Vietnam y, más acertadamente, la de Afghanistán. Esa guerra comenzó en 2001, por la negativa de los Talibanes, que gobernaban tiránicamente ese país asiático, de entregar a Osama Bin Laden, a quien los Estados Unidos acusaban de ser quien estaba tras el atentado a las torres gemelas.

Veinte años y 6,300 norteamericanos y aliados muertos después, las tropas dejaron Kabul; los Talibanes siguen gobernando tiránicamente Afganistán, que hasta 2024 fue el principal proveedor de opio del mundo. De Vietnam (1955-1975) las tropas de los Estados Unidos salieron también sin victoria, con casi 60 mil soldados muertos y muchos otros adictos a las drogas que recibían para obtener valor al combatir al Vietcong.

Una perspectiva similar se presenta ante Donald Trump si decide prolongar la guerra.

Con peor impacto de este lado del Atlántico. Ayer, el galón de gasolina estaba, en promedio, a 6 dólares con 57 céntimos: el doble de lo que costaba antes de Irán. Traducido, cuesta 17.38 el litro. Más cara que en México, por cierto.

A todo esto hay que agregar que mientras el precio de los combustibles suben, los índices de popularidad del presidente bajan y las especulaciones sobre su salud crecen.

PILÓN PARA LA MAÑANERA DEL PUEBLO (porque no dejan entrar sin tapabocas): Al famosísimo Lord Molécula y “periodistas” similares, según el periódico ingles The Guardian, se les abre una posible fuente extra de ingresos además de los que les da Jesús Ramírez Cuevas.

El diario inglés revela que Marco Rubio, el secretario de Estado, ha ordenado a las embajadas de los Estados Unidos en el mundo a que coordinen las operaciones psicológicas del Pentágono para contrarrestar la “propaganda anti estadounidense” en sus países.

Se instruye reclutar influencers locales, académicos y líderes comunitarios para difundir mensajes que parezcan impulsados localmente y no dirigidos desde Washington.

No se requiere experiencia, digo yo.

felixcortescama@gmail.com

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Vía / Autor:

// Félix Cortés Camarillo

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Autor: lostubos
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