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Trump: problemas en el paraíso

Por José Jaime Ruiz

Donald Trump regresó a la Casa Blanca con la promesa de una demolición controlada del statu quo, sin embargo, el demoledor parece atrapado bajo los escombros de su propia narrativa. Lo que se observa no es el vigor de un mandato renovado, sino algo más áspero: un anti-momentum, esa fricción donde la máxima presión choca con una realidad global que ya no reconoce a Washington como su único centro de gravedad.

La segunda temporada de Paradise (Disney) termina con los desplazados intentando tomar por asalto el cielo del búnker-ciudad. No es una alegoría perfecta, pero funciona: una imagen de los Estados Unidos actuales. En ese registro, la figura de Trump remite a la estética de Graceland en la serie, no como santuario, sino como residuo: una civilización del espectáculo que se contempla a sí misma mientras el decorado empieza a ceder. Graceland, más que metáfora total, opera como síntoma: exceso visible, deterioro menos fotogénico.

Esa decadencia encuentra eco en la distopía mediática. En Paradise, la trama no se limita a la rebelión: también muestra la fatiga del propio sistema que intenta contenerla. El 28 de marzo de 2026, Estados Unidos tuvo su propio momento Paradise. La movilización No Kings 3 no fue únicamente una pataleta progresista, es, al menos en parte, un asalto simbólico al búnker del poder. Cuando millones salen a la calle incluso en estados como Idaho o Utah, el mensaje deja de ser marginal: el contrato social cruje. No necesariamente se rompe, pero ya no se sostiene igual. La resistencia civil empieza a parecer otra cosa.

En el Salón Oval, la lealtad se ha vuelto una divisa volátil, quizá más que el propio dólar frente al yuan. La salida de Pam Bondi de la Fiscalía General el 2 de abril no fue una transición tersa, tampoco un simple relevo administrativo. Hay indicios de presión, de miedo incluso, ligados a los documentos aún opacos del caso Epstein. La sombra de Jeffrey no explica todo, pero contamina el entorno: el búnker no solo protege privilegios, también encapsula riesgos. Y, sin embargo, tras la erosión de esos muros, la expectativa no apunta necesariamente a una apertura democrática. Más bien asoma un tránsito hacia formas de tecnofeudalismo: un orden donde el soberano ya no es el Estado, sino la arquitectura algorítmica que lo atraviesa. Los mismos que asistieron a la toma de protesta de Trump —los barones de Silicon Valley, los magnates del fintech y los señores de la inteligencia artificial— esperan pacientemente a que el caos del búnker se agote para imponer una gobernanza de datos, donde la voluntad popular sea sustituida por el código.

Mientras el Departamento de Justicia intenta contener filtraciones que ya no controla del todo, el tablero internacional se mueve con lógica propia. La portada de The Economist —“Nunca interrumpas a tu enemigo cuando está cometiendo un error”— sintetiza el momento. Trump ha cometido, si no el error perfecto, sí uno de alto costo en Irán. La Operación Epic Fury terminó favoreciendo a Pekín más de lo previsto. El cierre intermitente del Estrecho de Ormuz disparó el Brent hasta los 126 dólares en ciertos picos, aunque con volatilidad posterior, y aceleró una tendencia que ya existía: el debilitamiento del petrodólar. Hoy, algunos buques pagan en yuanes. No todos, pero los suficientes para alterar expectativas. El dólar ha perdido terreno —alrededor de dos dígitos, según la medición— y el riesgo de impago de Estados Unidos empieza a compararse, en ciertos indicadores, con el de sus pares del G7.

El problema de Trump ha dejado de ser estrictamente político, es histórico. Ya no se trata de liderar, sino de evitar quedar registrado como el último ocupante de un búnker que comenzó a vaciarse antes de derrumbarse… y quizá sin que él terminara de notarlo.

(Escritor, poeta y periodista, es autor de los libros La cicatriz del naipe, Premio Nacional de Poesía “Ramón López Velarde”, Manual del imperfecto políticoCaldo de buitre y El mensaje de los cuervos. Es director fundador de la revista cultural Posdata y de Posdata Editores. Dirige aguaquemada.mx y www.lostubos.com.)

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// José Jaime Ruiz

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Autor: lostubos
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