La refinería de Pemex en Cadereyta, inaugurada hace 47 años, se ha convertido de un tiempo a la fecha en el vecino incómodo de este municipio; informó MILENIO.
Con el crecimiento de la mancha urbana, esta planta ubicada en el kilómetro 36.5 de la carretera libre Monterrey-Reynosa se ha llenado de colonias aledañas a sus instalaciones, que resienten la actividad que ahí se realiza.
Un recorrido de apenas cinco minutos separa algunos de estos sectores de la refinería, lo cual impacta la vida diaria de los habitantes de esta zona del municipio de Cadereyta.
“Sí, sí, como uno vive cerca de la refinería, es a veces, es muy peligroso, también porque echa muchas llamaradas; a veces se va la gente a ver las explosiones y así”, mencionó el señor Dionisio, habitante aledaño a la refinería.
Si bien algunos ciudadanos destacan la importancia de la refinería en cuestiones como los empleos que de ella derivan, la preocupación también forma parte de su día a día.
“Pues con un poquito de miedo, porque de repente se oye ruido en la refinería; uno no sabe y aquí está, y pues sí da un poquito de miedo”, mencionó a su vez la señora Idalia, otra vecina del sector.
El más grave de los problemas tiene que ver con la salud, situación que los habitantes de colonias cercanas a la refinería perciben de forma clara.
Los malestares entre vecinos de las colonias posiblemente derivados de la operación de esta planta son frecuentes en la zona.
“Sí, porque nos empieza a dar como alergia, como gripa o así, la tos sí, o uno se enferma. De repente uno está bien y de repente se enferma. Sí hay varias personas y más las señoras grandes”, agregó la señora Idalia.
Además, la contaminación también es visible y cosa de todos los días para los colonos del municipio de Cadereyta.
“Pero también contamina mucho, porque yo tenía un naranjo que se me llena de negro, de tizne, el limón también, se me secaron, y pues la gente no sabía que hacer, ¿verdad?”, comentó el señor Dionisio.
Aunado a esto, los ciudadanos señalaron que a veces escuchan de manera clara lo que parecen ser explosiones.
“Pues el humo, nada más es cuando sopla el viento, igual que ahorita”, dijo Alejandro, quien también habita cerca de la refinería.
Cuando fue inaugurada el 18 de marzo de 1979, la refinería Héctor R. Lara Sosa era prácticamente una zona rural, que hoy se ha visto poblada por la dinámica natural de la Zona Metropolitana y periférica, convirtiéndola así en el vecino incómodo para los habitantes.
Ayer MILENIO publicó que pese a los más de siete mil millones de pesos de inversión anunciados en 2021 y 2023 para una modernización que ayude a reducir las emisiones, la refinería sigue arrojando altos niveles de contaminación.
Imagen portada: Pedro Delgado / MILENIO
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