En el sur de Tamaulipas, los niños crecen sin ver al policía de antes, pero con el militar cerca. La institución nacida para la guerra es la autoridad más visible y confiable que la Guardia Estatal, creada para proteger a la ciudadanía y cubrir el vacío de elementos locales. Para la población, el orden tiene rostro militar; publica MILENIO.
Los resultados de la más reciente Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (Ensu), del Inegi (diciembre de 2025), son contundentes: en el área de Tampico, 90.9% de los ciudadanos de 18 años y más identifica al personal de la Secretaría de la Defensa Nacional; 90.2% a la Marina; 85.5% a la Guardia Nacional y 84% a la Guardia Estatal (GE).
La brecha respecto a la Policía Estatal se amplía al medir el desempeño y la confianza: 80.7% considera efectivo al Ejército, frente a 62.9% de la GE; en términos de confianza, la proporción es de 81.1% contra 62.4%.
En la zona, los niños menores de 13 años no conocen a un policía municipal, pero han crecido bajo la mirada cercana del militar y, para ellos, la seguridad tiene rostro, uniforme y presencia constante, convirtiéndose en un referente cotidiano de protección y confianza en su entorno.
Durante la época más violenta del sur de Tamaulipas, el Ejército desempeñó un papel central al cubrir los vacíos dejados por corporaciones civiles ausentes. Su presencia no solo protegió a la población, sino que también contribuyó a restablecer la percepción de seguridad en los espacios urbanos críticos, actuando como fuerza de disuasión en conjunto con la Marina.
Aunque no sustituyó la función de la Policía Local, la disciplina militar y la visibilidad de sus operaciones se convirtieron en un referente de autoridad y estabilidad, en un momento en que la inseguridad cotidiana superaba las capacidades de las instituciones civiles.
En aquel momento, esta fuerza pasó de ser un apoyo a convertirse en referente de seguridad, de cumplir una misión temporal de contención a desplegar tareas cotidianas que dieron tranquilidad a la población.

Progresiva ampliación de funciones militares
En opinión del abogado constitucionalista José Miguel Cabrales Lucio, “esta realidad es consecuencia de una progresiva ampliación de funciones militares ante la avalancha de violencia en México y en Tamaulipas”, sin dejar de señalar que la percepción de inseguridad varía actualmente tanto respecto al ámbito nacional como al interior de la entidad. Mientras en la zona conurbada de Tampico, Madero y Altamira goza de más tranquilidad, la frontera enfrenta mayor riesgo.
El profesor investigador de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, de la Universidad Autónoma de Tamaulipas en Tampico, y coordinador de la Clínica de Derechos Humanos señala que la Constitución ha sido reformada para permitir esa ampliación de funciones; sin embargo, advierte, la seguridad pública es un derecho humano y, en diseño democrático, corresponde a cuerpos civiles.
“Que el Ejército cubra ese vacío puede ser eficaz en el corto plazo; que se vuelva permanente, sin fortalecer policías locales, abre un debate de fondo sobre el modelo de seguridad que México está consolidando”, refiere.
MILENIO informó en abril de 2013 que los municipios del estado dejaron de contar con policías locales. La medida se tomó en un contexto de violencia y de infiltración de las corporaciones municipales por parte del crimen organizado, lo que provocó desconfianza ciudadana y redujo la capacidad operativa de estos cuerpos.
Las funciones de prevención quedaron bajo el mando único a través de la Policía Estatal, apoyada por fuerzas federales, lo que ha hecho que otras instancias —incluido el Ejército— sean percibidas por la población como las autoridades de seguridad predominantes.
Casi 13 años después, se aprobó una nueva Ley del Sistema de Seguridad Pública del Estado que incorpora la figura del “mando coordinado”, lo que en teoría abre la puerta al regreso de la fuerza local si los municipios lo promueven y cumplen los requisitos normativos y de profesionalización.
Sin embargo, los alcaldes del sur no buscan retomar la operación de su propia fuerza preventiva y apuestan por mantener la coordinación interinstitucional entre los tres órdenes de gobierno.
El especialista en derecho constitucional subraya que “el Ejército mexicano surge en un contexto interno convulsivo y, durante décadas, su función fue clara: defensa nacional en escenarios de guerra. Sin embargo, la Constitución, como norma viva, ha sido reformada progresivamente para redefinir las funciones del Estado, incluidas las de las fuerzas armadas”.
Explica que, desde 2010, comenzó una transformación más visible en la configuración constitucional de sus funciones, que se acentúa entre 2020 y 2024. Puntualiza que esta última reforma no modifica al Ejército como institución, sino que redefine el mando y las funciones de la Guardia Nacional, originalmente concebida como una fuerza de naturaleza civil. Con ello, se fortalece su vínculo con la estructura militar.
El constitucionalista recuerda que la seguridad es un servicio público y, desde 2011, también un derecho humano. Señala que el debate nacional se intensificó cuando el Ejército asumió tareas de seguridad pública ante el rebase de las corporaciones policiacas civiles, particularmente desde 2006, con la estrategia federal contra el narcotráfico.
Expone que el punto de inflexión jurídico llegó con las sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que condenaron al Estado mexicano por violaciones graves a derechos humanos cometidas por militares contra civiles. Esas resoluciones rompieron el monopolio del fuero militar en casos donde había víctimas civiles y obligaron a rediseñar el marco constitucional.
Para José Miguel Cabrales, esas sentencias impactaron la imagen institucional del Ejército, aunque también abrieron la puerta a una revisión más amplia del modelo de seguridad.
Del vacío policial a la expansión funcional
En estados como Tamaulipas, especialmente entre 2010 y 2013, la violencia alcanzó niveles que, sin declaratoria formal, generaron condiciones cercanas a un estado de excepción de facto. En ese contexto, la presencia militar fue masiva y visible, recuerda Cabrales Lucio.
Posteriormente, añade, la zona conurbada de Tampico, Ciudad Madero y Altamira registró una mejora progresiva en el clima de seguridad, lo que permitió revertir su problemática y consolidarla como una de las regiones más tranquilas del país.
El experto enfatiza que, en teoría, la seguridad pública corresponde a las corporaciones civiles. Sin embargo, en México, señala, las áreas de oportunidad para el fortalecimiento estructural de policías municipales y estatales deben enfocarse en términos de capacitación, salarios, integridad y disciplina, aspectos que han generado vacíos que el Ejército ha cubierto.
Desde su perspectiva, la disciplina militar ha sido un factor clave en el cumplimiento operativo. No obstante, sostiene que la policía debe existir y fortalecerse; por ello, concluye, diseñar, capacitar y consolidar cuerpos civiles eficaces sigue siendo uno de los grandes pendientes del país.

Disciplina y coordinación han sido esencial: comercio
La disciplina militar y la coordinación interinstitucional han sido esenciales para garantizar la seguridad, fortalecer la confianza social y generar un entorno propicio para la inversión y el turismo en la región, afirma el presidente de la Cámara Nacional de Comercio (Canaco) en Tampico, Eduardo Manzur Manzur.
“En el sur de Tamaulipas, el Ejército ha estado cerca de la gente, no solo en emergencias por desastres naturales, sino también en la seguridad cotidiana, junto con la Marina, la Guardia Nacional y la Guardia Estatal, lo que ha contribuido a consolidar la zona como una de las más seguras del país”.
El empresario subraya que la presencia militar visible, a través de patrullajes, vehículos y personal uniformado, ha generado confianza y sentido de orden en la población, al tiempo que protege a los turistas en coordinación con las demás instituciones.
Manzur Manzur destaca la interacción con la comunidad mediante exhibiciones, actividades con motivo del Día del Ejército y acercamiento con niños y jóvenes, acciones que fortalecen la percepción de autoridad y confianza. “Existe toda una generación que no conoce lo que es un policía municipal, pero reconoce a los soldados; los niños los ven como una autoridad cercana de protección, de seguridad, confiables, y les piden fotos”.
“La Sedena es parte importante de la coordinación interinstitucional a través de la Mesa Ciudadana de Seguridad y el Observatorio Ciudadano, que integran los esfuerzos de fuerzas federales y estatales con instituciones de procuración de justicia. El apoyo con cámaras de vigilancia y sistemas de detección de vehículos ha permitido optimizar la prevención y persecución del delito”.
Eduardo Manzur considera que la policía municipal debe reactivarse para enfocarse en delitos menores y de proximidad como robos hormiga, alteraciones del orden y violencia familiar, actuando como complemento de los cuerpos federales y estatales.
Huella indeleble en la historia de Tampico
El Ejército mexicano mantiene una huella indeleble en la historia y el presente de la ciudad. Ha protegido a Tampico en sus momentos más difíciles, afirma el cronista adjunto Francisco Ramos Alcocer.
“Estas tierras fueron testigo del último esfuerzo de la corona española por retomar el control, y allí la milicia mexicana logró una victoria decisiva en 1829. Este triunfo no solo marcó el verdadero fin de la Guerra de Independencia, sino que llenó de gloria a toda la nación y sentó las bases para que la ciudad fuera declarada heroica”.
Otro capítulo crucial se escribió cuando las tropas republicanas recuperaron la ciudad y expulsaron a las fuerzas francesas, reafirmando la soberanía nacional en la región. Este episodio se convirtió en un hito de la resistencia local, símbolo del valor y la determinación de los tampiqueños frente a la intervención extranjera.
“La milicia también ha protegido la vital industria petrolera de la región. Durante la Segunda Guerra Mundial, los soldados permanecían alerta ante la amenaza de un posible ataque a la Refinería Madero, un punto estratégico crucial; de allí se abastecían de petróleo los barcos que sostenían a las fuerzas en conflicto. Su vigilancia no solo defendió instalaciones, sino que contribuyó a resguardar un recurso clave para la seguridad y la economía nacional”.
En el ámbito de la salud, la contribución ha sido decisiva: el primer hospital de Tampico fue de carácter militar, un suceso documentado por la Facultad de Medicina de la UNAM y reseñado por Guillermo Fajardo. Esta infraestructura no solo significó atención médica inicial para la población, sino también un cimiento para el desarrollo de la salud pública en la ciudad, reflejando el papel activo de la milicia más allá del campo de batalla.
“La institución ha consolidado un papel clave en la atención de desastres naturales para proteger a la población civil. Un ejemplo emblemático fue el huracán Hilda, cuya devastación inspiró años más tarde la creación del Plan DN-III-E, un modelo de protección y auxilio que ha salvado innumerables vidas”.

Los soldados no solo han protegido, también han construido. A ellos se debe la avenida Ejército Mexicano, levantada tras los estragos que dejaron los ciclones en las rutas que conectaban al Tampico antiguo con las poblaciones vecinas.
“Su presencia nos da seguridad; cuando los ves en la calle sabes que estamos protegidos. La gente los reconoce, los niños los saludan; es una corporación querida y respetada”, subraya el cronista adjunto.
Relata que en Tampico existió una academia de policía y formación militar, aunque su función principal era capacitar a elementos locales en seguridad pública y procedimientos militares básicos. Con la centralización, este lugar cerró.
La presencia física de la Zona Militar ubicada en Tancol se trasladó hace años a otra región del estado debido a la reconfiguración territorial de las Fuerzas Armadas en Tamaulipas, pero su huella permanece en la ciudad a través del Batallón de Infantería, que mantiene viva la disciplina, la organización y la cercanía con la población que caracterizaban a la antigua guarnición.
Este batallón no solo conserva funciones de seguridad, sino que también continúa participando en labores de apoyo civil y social, como la coordinación en emergencias, exhibiciones públicas y programas de vinculación con la comunidad. De esta manera, aunque la estructura original se haya reubicado, el sello del Ejército sigue presente en la vida cotidiana de Tampico, proyectando autoridad y confianza en la población.
Imagen portada: MILENIO
https://www.milenio.com/comunidad/presencia-militar-sur-tamaulipas-fortalece-confianza-ciudadana



