La familia Zambrano pretende resguardar este tesoro del arte para que se convierta en embajador de la cultura mexicana en el mundo.
La polémica por la salida de la Colección Gelman al extranjero ha crecido más por especulación que por los hechos. El convenio firmado entre la familia Zambrano, la Fundación Banco Santander y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (Inbal) no es improvisado; publica MILENIO.
Está documentado, firmado y va encaminado a lograr que una de las colecciones más importantes del arte moderno mexicano pueda exhibirse tanto en los principales museos del mundo como dentro de México. “Esa es la lógica detrás del acuerdo, no otra”, expresaron fuentes cercanas a los propietarios de la colección, la familia Zambrano.
Los términos del convenio fueron dados a conocer y responden a la normatividad que busca proteger el acervo cultural del país, explicaron, y ahí no hay materia para sospechar que las obras van a desaparecer porque el convenio no solo es claro, sino que está registrado ante el Inbal y fue transparente.
El convenio entre Santander y la familia, donde también interviene el Inbal, dice claramente que “las partes desean conjuntar esfuerzos y capacidades en el ámbito de sus respectivas competencias para fortalecer la proyección, preservación y difusión de una parte de Colección Gelman posibilitando un programa expositivo nacional e internacional que diseñará y coordinará con el objetivo de generar nuevas lecturas y acercar este acervo fundamental del arte moderno a públicos diversos”.
También se describe cómo se manejará el acervo y se estipula que regresará al país como lo establece la normatividad. “En el convenio está clara la intención de mostrar en museos del mundo obras artísticas donde se ve la calidad de los autores mexicanos, no una venta”, declararon las fuentes.
Un testamento desconocido
Aclarado este punto, los ataques se fueron contra un documento que casi nadie conoce: el testamento original de la señora Natasha Zahalka, entonces ya viuda de Jacques Gelman, redactado el 19 de agosto de 1993 y en donde textualmente se dice que la colección de arte mexicano moderno, conocida como “Colección Gelman de Arte Mexicano Moderno”, se entrega como legado al curador de arte Robert Littman, a quien también se le nombra albacea en el mismo documento y a quien se le encomienda la misión de exhibirla en museos de carácter privado (en ningún lugar dice que solo en México).

Esta distinción es muy importante, explica la fuente. La colección ni fue “donada” al pueblo de México como algunas personas han dicho equivocadamente, ni existe ninguna prohibición de sacarla del territorio nacional.
Además, esa colección solo tenía 95 obras y fue Littman mismo quien la hizo crecer hasta constituir más de 300, ya que como legatario, estableció la Fundación Vergel para gestionar este aumento de obras y exhibir las piezas en museos, según han consignado diversas fuentes a lo largo de los años desde 2008 hasta el presente.
Posteriormente, como legatario —es decir, propietario de un bien que le fue legado— Littman vendió una parte a la familia Zambrano, incluidas 30 obras que son consideradas monumento artístico y que como tales están registradas debidamente, según se reitera también en el convenio mencionado.
“¿Qué otros coleccionistas privados (mexicanos o extranjeros) podrían comprobar que las obras que poseen están registradas y, en caso de constituir también monumentos artísticos, las han puesto bajo la supervisión de las autoridades?”, se preguntan especialistas consultados.
“Sería una buena labor dedicarse a hacer un censo que muestre en dónde están todas las obras de Frida, Rivera, Tamayo, Orozco, etc. que no forman parte de la Colección Gelman”, subrayan.
La venta de la colección a la familia Zambrano por parte de Littman, no solo logró mantenerla en manos mexicanas, sino que permite que se conserve en el tiempo porque no se trata de personas que estén enfocadas a comprar y vender arte, sino de una familia que pretende resguardar este tesoro cultural para que este acervo se convierta en embajador de la cultura mexicana en el mundo.
Para ello buscó un convenio con quien pudiera gestionar la itinerancia del conjunto en México y el mundo, la Fundación Santander, incluida la presencia vigilante del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura.
Imagen portada: Ariana Pérez / MILENIO
https://www.milenio.com/cultura/polemica-por-coleccion-gelman-basada-en-especulacion-no-en-hechos



