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Luisa María, Ávila, Cienfuegos y el banquete de los sapos

Por María Beasain

Parece que, en la sucursal regia de la Cuarta Transformación, el “Manual de Carreño” ha sido sustituido por un catálogo de pavimentos y contratos de seguridad privada. No se escandalicen, que aquí la política no se hace con ideología, sino con afectos profundos y socios de toda la vida.

Resulta que nuestra flamante dirigente nacional, la siempre impoluta Luisa María Alcalde, regresa hoy a la carga. Pero no viene a Nuevo León a repartir esperanza, sino a pasar lista vía zoom para entender por qué sus “curulecos” guindas no supieron tragarse el sapo tricolor que ella misma les cocinó el pasado 4 de febrero.

Dicen los que saben que el verdadero arquitecto de este puente (o más bien, de este bache) entre Morena y el PRI no es otro que el diputado federal Arturo Ávila. El muchacho, que tiene la fortuna de ser el dueño de los suspiros de Alcalde, parece estar más interesado en los negocios de ayer que en las urnas de mañana.

Arturo Ávila, socio de andanzas juveniles del priista Francisco Paco Cienfuegos, quiere que sus diputados locales se abracen con lo más rancio del priismo. ¿El motivo? Temas de pavimentación y seguridad, ese tierno rubro donde el cemento une más que cualquier estatuto partidista. La presión de Luisa María para consumar esta alianza legislativa tiene a los diputados locales de Morena con un nudo en la garganta y la mano en la cartera.

Dato para el archivo: aseguran las lenguas bífidas del Congreso que, antes de su última rueda de prensa, la dirigente nacional se encerró a solas con Cienfuegos para “ultimar detalles”. Qué detalle, ¿verdad?

La tragedia griega en el Congreso local es digna de una novela de media tarde. Los diputados guindas saben que van a distritos competitivos, de esos que se ganan por un pelito. Salir a pedir el voto con el logo de Morena ya es un deporte de alto riesgo; hacerlo del brazo del PRI es, básicamente, un suicidio asistido.

La alianza para el Presupuesto 2026 fracasó estrepitosamente. Mientras la diputada Lorena de la Garza los acusa de rajones, el morenista Jesús Elizondo revira que el PRI solo quería el beneficio propio (¡qué sorpresa!).

El rumor en los pasillos es estremecedor. Los legisladores temen que, de no disciplinarse ante los caprichos de la pareja presidencial del partido, o sea Ávila y Luisa María, se queden no solo sin carrera política, sino sin la sagrada marmaja.

Hoy, Alcalde buscará el “meollo de la discordia”. Spoiler: el meollo es que sus diputados tienen instinto de supervivencia y no quieren ser el daño colateral de una sociedad de pavimentación.

Es enternecedor ver cómo el “movimiento de regeneración” se convierte en una agencia de relaciones públicas para viejos conocidos del salinismo regio. Mientras Ávila y Cienfuegos brindan por los tiempos pasados, los diputados locales rezan para que el electorado tenga mala memoria.

Suerte a la interfecta en su zoom. Ojalá que la conexión a internet sea tan sólida como los contratos de sus socios, porque lo que es la bancada, se le está desmoronando como pavimento barato en plena lluvia de abril.

Fuente:

// Medios / IA / HeyGen

Vía / Autor:

// Staff

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Autor: stafflostubos
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