Por José Jaime Ruiz
Fonético, para Miguel de Unamuno México debiera escribirse con jota: “Méjico”. Escribir como se pronuncia es ideológicamente obsceno porque preconiza la singularidad contra la pluralidad; excluyente, porque reduce el idioma a la fonética y no a la diversidad de signos y voces; colonial, porque impone una cultura lingüística encima de la multiculturalidad. Estampar el orden fonológico como un tatuaje en la lengua múltiple de los otros idiomas americanos. Por fortuna, para un Unamuno hay un Ramón María del Valle-Inclán que también asume la x mexicana con “pedantesca manía”.
Alfonso Reyes, quien conoció Madrid mejor que los madrileños de su época, en la página 279 del Tomo IV de sus Obras Completas, reimpresión de 1980, nos entrega un apunte sobre Valle-Inclán, al cual tituló “Don Ramón se va a México”. Cito:
“—México me abrió los ojos y me hizo poeta. Hasta entonces, yo no sabía qué rumbo tomar –me dijo un día.”
Continúa Alfonso: “Y en una ocasión, en el Ateneo, explicaba sus primeros años en Santiago de Compostela; su vida de larva; su aburrimiento de muchacho, entre la Universidad y la casa de juego: toda esa angustia de la provincia, que clama al cielo por las torres de todas las catedrales de España.
“Y terminaba así, en un grito del corazón, que sólo resulta una paradoja para los que nunca han escuchado de cerca la voz de sus profundos estímulos:
“—¡Y decidí irme a México, porque México se escribe con x!”.
Sutil, Reyes dinamita a Unamuno: “¿De suerte, querido maestro Unamuno, que esa x de México, en que usted veía hace algunos años el signo de la pedantería americana, tuvo la virtud de atraer a Valle-Inclán y hacerlo poeta? ¡Oh, x mía, minúscula en ti misma, pero inmensa en las direcciones cardinales que apuntas: tú fuiste un crucero del destino!”.
Finaliza Alfonso Reyes: “Ya en adelante, por toda la obra de Valle-Inclán, creo ver estallar, aquí y allá, la x de México, como un recuerdo pertinaz. Este amigo del chocolate y la marihuana se complace en evocar las visiones de Mérida y de Veracruz, y en sus ‘esperpentos’ del último estilo hay mexicanismos en abundancia, como una incorporación definitiva de la sustancia del recuerdo”.
El regiomontano Alfonso Reyes y el español Valle-Inclán con la x en la frente, adelante; los personajes del sainete u ópera bufa, atrás, entre telones, arrodillados en su rencor de siglos: una inculta Isabel Díaz Ayuso que pretende dar una batalla cultural. El súbdito del rey Felipe VI, Enrique Krauze, en su desasosiego histórico escribiendo sobre “indigenismo”; en un puntual artículo en Milenio, Violeta Vázquez-Rojas desmonta sus pírricos argumentos. Sergio Sarmiento farfullando que la “grafía con x es un anacronismo que ha persistido por razones políticas”. Jesús Silva-Herzog Márquez compensado su miopía intelectual con la estupidez de lo perfecto cuando la evidencia de solucionar los apremios del presente por parte del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo está a la vista de todos.
Señoras, señores: con la x en la frente; “x mía, minúscula en ti misma, pero inmensa en las direcciones cardinales que apuntas”.





