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NL ‘2027, el tablero’

Por José Jaime Ruiz

La política en Nuevo León no se explica desde la lógica lineal, se comprende desde la física de los vasos comunicantes y la demolición de los mitos fundacionales. Recientes encuestas —un bisturí demoscópico que retrata las entrañas del electorado antes del terremoto político del caso Rocha— ha venido a sacudir el tablero de las vísperas. El mapa que se dibuja no sólo contradice las narrativas oficiales de la oposición, sino que redefine por completo la ruta hacia la gubernatura.

Contra el coro de casandras que vaticinaba el colapso del proyecto naranja, los datos duros obligan al realismo político: lo que está haciendo Samuel García está funcionando. A pesar del ruido mediático y el choque permanente con el Legislativo, la percepción de su obra pública y el empuje de su narrativa de modernidad mantienen una tracción real que oxigena a su partido.

El reverso de esta moneda es Monterrey. Lo que está haciendo Adrián de la Garza simplemente no parece estar funcionando. La capital del estado, que debió ser el bastión inexpugnable para proyectar su madurez institucional, hoy luce estancada en la percepción ciudadana. A este desgaste de gestión se suma un éxito quirúrgico de la estrategia electoral: la implacable campaña negativa de Movimiento Ciudadano en contra de Adrián sí rindió frutos, minando su credibilidad y sembrando una duda sistemática sobre su modelo de orden.

Para colmo de males en el bando tricolor, la decisión política de destruir o revertir las obras viales y urbanas de Luis Donaldo Colosio Riojas en Monterrey no está generando simpatías; al contrario, el ciudadano de a pie descodifica ese revanchismo como un agravio a la continuidad metropolitana, no como un acto de justicia administrativa.

El diagnóstico para el alcalde regiomontano es matemático y cruel: Adrián de la Garza tiene un techo electoral de 30 puntos. En las condiciones actuales, ese número es una prisión. La única forma de romper ese techo de cristal y concreto es cambiar radicalmente de estrategia, abandonar el guión de la confrontación estéril y reinventar una candidatura que hoy se percibe anquilosada.

El dato más disruptivo de la fotografía demoscópica actual es la reconfiguración de las identidades. El Partido Acción Nacional, otrora la maquinaria electoral más potente del estado, ha dejado de ser el factor determinante. La alianza del PRI con el PAN no es redituable, pero una eventual alianza del PAN con MC tampoco lo sería. El voto panista se ha pulverizado. Los electores volátiles del PAN y los votantes independientes migraron en masa hacia Movimiento Ciudadano, seducidos por la narrativa del nuevo Nuevo León o por el pragmatismo del voto útil antisistema tradicional.

El otro gran damnificado de este corte de caja es el eje de la Cuarta Transformación. Morena se va al tercer lugar en Nuevo León.

Este dato es un foco rojo encendido para la dirigencia nacional y local. Significa, sin ambigüedades, que Morena ha caído en la entidad; o bien lo que están haciendo sus aspirantes —desde la irrupción de Tatiana Clouthier hasta el activismo de Waldo Fernández y Andrés Mijes— no está funcionando para conectar con el ADN norteño, o bien la maquinaria de MC logró fagocitar y jalar hacia sus filas a los electores volátiles que en su momento simpatizaron con la ola guinda.

El tablero, pues, se bifurca. Movimiento Ciudadano capitaliza los flujos de la volatilidad (del PAN y de Morena), mientras el PRI se atrinchera en un voto duro que le da para alcanzar los 30 puntos, pero no para ganar. Airosa o airada moneda, nada para nadie.

(Escritor, poeta y periodista, es autor de los libros La cicatriz del naipe, Premio Nacional de Poesía “Ramón López Velarde”, Manual del imperfecto políticoCaldo de buitre y El mensaje de los cuervos. Es director fundador de la revista cultural Posdata y de Posdata Editores. Dirige aguaquemada.mx y www.lostubos.com.)

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// José Jaime Ruiz

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Autor: lostubos
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