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La obra de Roberto Montenegro llega a Bellas Artes entre color, modernidad y memoria

La llegada de Roberto Montenegro al Palacio de Bellas Artes es una oportunidad para que los visitantes se reencuentren con un creador plural: un ilustrador, coleccionista, escenógrafo y muralista cuya obra sintetiza tensiones formales y afectivas de la modernidad mexicana. La exposición no sólo recupera su legado, sino que lo actualiza, invitando al espectador a leer la historia del arte nacional con ojos menos dogmáticos y más curiosos; publica MILENIO.

En palabras del director del Museo del Palacio de Bellas Artes, Mauricio Mallé, la muestra Roberto Montenegro. Muralismo fue la de la forma, es un nuevo abordaje en obra extraordinaria de este artista mexicano de la primera mitad del siglo XX.

“Roberto Montenegro, es uno de los precursores de la escuela que puso México en el mapa, en el mundo por sus aportaciones artísticas, como lo fue el muralismo mexicano, y ahora bajo la curaduría de Daniel Garzausa Vega se realiza una investigación muy profunda sobre aspectos poco leídos de su obra.

“Entonces invito a todos los visitantes a que aprovechen a venir al Museo del Palacio de Bellas Artes, a descubrir a un autor fundamental del arte en México, con obras, muchas de las cuales, no habían sido expuestas, y con la posibilidad de reencontrarse en un momento fundamental de la pintura moderna en México”, expresó Mallé.

La reconstrucción de México

Roberto Montenegro fue el primer artista mexicano que se autorretrató en una obra mural, después lo harían los demás como el propio Diego Rivera. El artista aparece en su obra monumental La reconstrucción de México por obreros e intelectuales, que pintó en las instalaciones del Antiguo Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo, en 1931. El fresco fue desprendido de su soporte original bajo la técnica especial del “strappos”, y actualmente se encuentra bajo resguardo en el Centro Nacional de Conservación y Registro del Patrimonio Artístico Mueble, del Inbal, explicó Daniel Garza Usabiaga, curador de la exhibición.

En la exposición, que se podrá visitar del 27 de mayo al 6 de septiembre, se muestra “un pequeño acercamiento en un estudio que hace Montenegro, y el señor que trae el overol es precisamente Montenegro. Es el primer artista mexicano que se autorretrata en una obra de esas dimensiones. Digamos que él se proyectó como un trabajador, sosteniendo los símbolos del comunismo internacional: la hoz y el martillo. El que aparece a su lado es su amigo Javier Guerrero, que también fue su colaborador en ese mural, y en el de la Fiesta de la Santa Cruz».

Estableció amistad con todos los creadores de su época, y a la mayoría retrató, incluyendo a Frida Kahlo, a quien pintó en 1936. Esa pintura ella la guardó con mucho cariño, siendo la obra que la acompañó hasta sus últimos días. El testigo es una foto muy famosa que tomó la fotógrafa Katy Horna, del estudio de la pintora, tras su fallecimiento. Ese cuadro es de la colección Banco de México.

“Una vez que Frida Kahlo muere, Katy Horna es la primera en entrar a su estudio, para registrar a través de su cámara, el espacio de la artista. En la foto aparece la silla de ruedas, el bastidor de Frida, y atrás se ubica el referido retrato”, agregó el curador.

Montenegro (Guadalajara 1885–1968) quien fue un importante promotor del arte popular, vuelve a presentarse no como una figura de museo sino como un narrador enérgico que dialoga con el presente. La muestra, integrada por un centenar de piezas, organizada con rigor curatorial de Daniel Garza Usabiaga, despliega piezas icónicas junto a trabajos menos conocidos, permitiendo trazar itinerarios temáticos. 

Foto: Leticia Sánchez
Foto: Leticia Sánchez

Un recorrido por la muestra

La exhibición ofrece más que un repaso cronológico, propone un reencuentro con un artista puente, capaz de amalgamar tradición popular, modernismo europeo y una sensibilidad profundamente arraigada en las tierras y la vida cotidiana de México.

Garza Usabiaga hizo una pausa en el recorrido por la exposición para hablar del magno Retrato de Serguéi Eisenstein, quien filmó la película inconclusa: ¡Qué viva México! La imagen del cineasta ruso se despliega en la exposición Roberto Montenegro. Muralismo fuer la de la forma, en el Palacio de Bellas Artes como un fragmento del fresco Reconstrucción de 1931. Y todavía impacta a pesar de los años transcurridos.

En este mosaico también se encuentra un óleo sobre tela titulado Éxodo de Sudáfrica, de 1960, una obra mural perdida, pero que se puede apreciar debido a que existe un óleo sobre tela, que lo reproduce y pertenece a la Colección del Museo Kaluz.

El Premio Nacional de Artes, 1967, fue un artista plástico que trabajó hasta los últimos días de su vida, realizó alrededor de 20 murales, algunos de ellos destruidos como El Mural del Teatro Degollado, en Guadalajara.

“Hay personas que dicen que tenía un problema estructural y que estaba hecho con pequeños mosaicos de vidrio, por lo que se tuvo que destruir. Y otros dicen simplemente que llegó un nuevo gobernador, no le gustó y lo tumbó. En compensación, le hicieron la comisión del Mural de la casa de las artesanías, que fue el último Mural que Montenegro hizo en vida, que es como de 1966. Y la obra Alegoría del Viento, está perdida, junto con otras que son transportables”, detalló Garza Usabiaga.

La exposición Roberto Montenegro. Muralismo fuera de la forma, comparte con los públicos la serie de autorretrato de Roberto Montenegro en esferas de cristal, en alusión al transcurrir del tiempo y a la fragilidad de la vida. En esta sala se presenta por primera vez el Autorretrato, que tiene doble vista y es la primera vez que se exhibe en una muestra.

Retrato de Serguéi Eisenstein. Foto: Leticia Sánchez
Retrato de Serguéi Eisenstein. Foto: Leticia Sánchez

Imagen portada: Leticia Sánchez / MILENIO

Fuente:

// Con información de Milenio

Vía / Autor:

// Staff

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Autor: lostubos
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