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Jorge Treviño Martínez, el legado

Por Valeria Riaño / IAQuemada

La muerte de Jorge Treviño Martínez cierra un capítulo decisivo de la historia contemporánea de Nuevo León. No se trata únicamente del fallecimiento de un exgobernador; desaparece uno de los últimos representantes de una generación de administradores públicos que gobernó en la frontera entre el viejo régimen político mexicano y la modernización institucional que transformó al país durante las décadas finales del siglo XX.

Treviño llegó al poder en circunstancias complejas. Su elección en 1985 quedó marcada por las acusaciones de fraude que acompañaron la contienda contra Fernando Canales Clariond, en una época en la que la legitimidad electoral todavía era objeto de disputa permanente. Aquella circunstancia condicionó todo su sexenio. Ante una sociedad profundamente polarizada y un creciente cuestionamiento ciudadano, optó por construir legitimidad no desde el carisma político ni desde la movilización partidista, sino desde la eficacia administrativa. Gobernó bajo una lógica que hoy parece distante: la convicción de que las obras, las finanzas sanas y la capacidad técnica podían sustituir parte de la confianza que las urnas no habían otorgado plenamente.

Su perfil reflejaba el ascenso de una nueva generación de funcionarios formados en universidades nacionales y extranjeras. Abogado por la UNAM, doctorado en Derecho Administrativo en París y con estudios adicionales en Roma, Treviño representó la irrupción de los llamados “tecnócratas” en la conducción de los gobiernos estatales. Frente al estilo corporativo que había dominado buena parte de la política mexicana, impulsó una visión basada en la planeación, la disciplina fiscal y la racionalización administrativa.

Pero ningún episodio definió tanto su administración como la desaparición de Fundidora Monterrey. El cierre de la histórica siderúrgica en 1986 significó mucho más que la quiebra de una empresa. Fue el símbolo del agotamiento de un modelo económico que había construido la identidad industrial de Monterrey durante casi un siglo. Miles de trabajadores perdieron su empleo y una parte de la memoria colectiva regiomontana quedó suspendida entre la nostalgia y la incertidumbre.

La respuesta del gobierno estatal consistió en convertir aquella derrota industrial en un proyecto de reconversión urbana. El nacimiento del Fideicomiso Parque Fundidora fue una de las operaciones territoriales más trascendentes de la historia reciente de la ciudad. Donde antes existían hornos, patios ferroviarios y estructuras fabriles, comenzó a diseñarse un nuevo espacio orientado a servicios, cultura, turismo y negocios. Sin embargo, esa transformación también dejó una discusión abierta hasta nuestros días: el equilibrio entre el interés público, la conservación del patrimonio industrial y la explotación comercial de uno de los terrenos más valiosos de la metrópoli.

Esa tensión resume buena parte del legado de Treviño. Fue un gobernante pragmático. No pertenecía a la tradición de los grandes caudillos regionales ni buscó construir una narrativa personalista. Su apuesta consistió en preparar a Nuevo León para un mundo que comenzaba a reorganizarse alrededor de la apertura económica y la integración comercial con Estados Unidos.

Bajo esa lógica impulsó proyectos que modificaron de manera permanente la geografía económica del estado. La Línea 1 de Metrorrey inauguró una nueva etapa en la movilidad metropolitana; el Puente Internacional Colombia anticipó la importancia estratégica que décadas después tendría la frontera nuevoleonesa; la reconstrucción posterior al huracán Gilberto obligó a replantear infraestructura y criterios de protección urbana; y la creación del Tribunal de lo Contencioso Administrativo fortaleció mecanismos institucionales de control sobre la autoridad.

Vista desde la distancia, su administración aparece como una etapa de transición. Gobernó en el ocaso del sistema político hegemónico, pero ayudó a construir algunas de las condiciones institucionales que facilitarían la alternancia posterior. Paradójicamente, las tensiones políticas derivadas de la elección de 1985 contribuyeron a acelerar las demandas de transparencia y autonomía electoral que años después transformarían la vida pública de Nuevo León.

También destacó por una característica poco común en la política mexicana: la discreción posterior al poder. Tras concluir su mandato se mantuvo alejado de los reflectores, dedicado a la actividad académica y profesional. Su influencia continuó ejerciéndose más en las aulas y en los espacios de consulta técnica que en los escenarios partidistas. Formó generaciones de abogados, administradores y especialistas en derecho público desde la UANL, el Tecnológico de Monterrey y la Universidad de Monterrey.

La historia suele ser más compleja que los homenajes y más severa que las despedidas. Jorge Treviño Martínez no escapará a ese juicio. Su nombre seguirá asociado a una elección cuestionada, al cierre de Fundidora y a decisiones que aún generan debate. Pero también permanecerá vinculado a la construcción de instituciones, a la transformación física de Monterrey y a la visión de largo plazo que permitió a Nuevo León prepararse para una economía cada vez más integrada al mundo.

Su legado no reside en la unanimidad. Reside en haber gobernado durante una de las coyunturas más difíciles de la entidad y haber dejado obras, instituciones y decisiones que todavía moldean la vida cotidiana de millones de nuevoleoneses. En una época donde la política suele medirse por la estridencia, Jorge Treviño Martínez representa la figura de un gobernante que apostó por la administración, la planeación y la permanencia. El tiempo, más que cualquier discurso, ha terminado por convertir esa apuesta en su principal herencia.

Fuente:

// Medios / IAQuemada / HeyGen

Vía / Autor:

// Staff

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Autor: lostubos
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