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Krauze y el delirio del espejo retrovisor

Por María Beasain / IAQuemada

Hay que tener un asombroso sentido del humor —o una preocupante desconexión con la realidad— para pretender que el Chihuahua de 1986 y el de 2026 se miran en el mismo espejo. El reciente arrebato lírico de Enrique Krauze no es solo un ejercicio de nostalgia senil, es una pirueta intelectual que roza el ridículo. Dedicarle una épica democrática maderista a Maru Campos, equiparándola tangencialmente con el fenómeno de Francisco Barrio, no es solo académicamente desquiciado: es una bofetada a la memoria histórica de este país.

Hablemos desde la evidencia, esa incómoda piedra en el zapato de los constructores de mitos. En 1986, Chihuahua era el epicentro de una auténtica insurgencia cívica. Francisco Barrio no inventó el movimiento, lo montó. Era una ciudadanía agraviada, asfixiada por el centralismo del PRI hegemónico, donde la Iglesia, los empresarios, los obreros y la izquierda del profesor Becerra Gaytán se unieron no por una franquicia partidista, sino por el derecho elemental a que su voto contara. Había mística, riesgo real y un vacío institucional que llenar.

¿Qué tenemos hoy? El cuadro perfecto de la decadencia. Si a Krauze le faltaban pruebas para notar que su “democracia renacida” es en realidad un Frankenstein político, la Expo Chihuahua se encargó de dárselas en bandeja de plata. En una muestra de “unidad panista” que huele más a desesperación que a mística, los expresidentes Vicente Fox y Felipe Calderón reaparecieron juntos en un mitin para blindar a la gobernadora María Eugenia Campos. Que estos dos personajes no hubieran compartido una tarima electoral o interna en los últimos 20 años y hoy lo hagan, no habla de un renacimiento democrático, sino de una urgente operación de rescate cupular.

La ironía se cuenta sola. El pretexto del mitin fue condenar las acciones del gobierno morenista contra la chihuahuense, acusada nada menos que de permitir la acción de agentes de la CIA en operativos antinarco en la Sierra Tarahumara. De la soberanía nacional y la dignidad comunitaria de 1986, pasamos a las sospechas de tutelaje extranjero en la sierra.

Felipe Calderón, con el micrófono en la mano, aseguró que México está en su hora más dramática y ante el peor peligro de caer por completo en manos de los criminales por la “perversidad y la complicidad de políticos”. Mordiéndose la lengua, aseguró: “El verdadero enemigo de México es el crimen organizado, no la oposición, y proteger a los ciudadanos es el deber moral y constitucional de todo gobernante”. Y para rematar el grotesco espectáculo, reclamó: “Y si no entienden, se lo decimos fuerte y claro: lo que México exige son más Marus Campos y menos Rocha Moyas. ¿Qué parte no entienden? ¡Carajo!”. Por su parte, Vicente Fox aportó su habitual elegancia discursiva al condenar la “marranada” contra Campos, acusando que Morena traicionó los principios democráticos.

Es aquí donde la comparación de Krauze se desmorona por completo bajo tres diferencias sustantivas:

De la persecución ciudadana al blindaje de los expresidentes: Francisco Barrio operaba desde la intemperie del fraude de Estado, respaldado por ciudadanos de a pie; Maru Campos opera protegida por el viejo régimen panista, cobijada por las dos figuras que gobernaron al país y que hoy cargan con sus propios y pesados legados históricos. La “resistencia de Campos se hace con azules guardaespaldas expresidenciales y pasados cuestionables.

La naturaleza del agravio y la soberanía: en el 86, el enemigo era el centralismo dictatorial de escritorio y se defendía el orgullo local. En el Chihuahua actual, el debate gira en torno a la violencia criminal desatada y la supuesta intervención de agencias de inteligencia extranjeras en la Tarahumara. Exigir “más Marus” en este contexto no es una proclama democrática, es la confesión de un estado de excepción permanente.

La muerte de la pluralidad: el pacto de 1986 entre la derecha panista y la izquierda del PSUM fue un hito por la libertad. Hoy, ver a Fox y Calderón juntos —olvidando sus viejos rencores solo para mantener el feudo— demuestra que la izquierda histórica ha sido completamente borrada de la ecuación. Usar la figura del recién fallecido Becerra Gaytán para bendecir esta pasarela de la nostalgia derechista es de un cinismo supremo.

¿De qué “democracia renacida” nos habla el ingeniero? En los ochenta, Chihuahua desafiaba al régimen para abrir las ventanas al futuro. Hoy, el discurso oficial local se parapeta en el miedo, recurre al lenguaje de trinchera y se hace acompañar por los fantasmas del pasado para preservar sus privilegios.

La comparación es, periodísticamente, una flojera absoluta; académicamente, un suicidio metodológico; y políticamente, un acto de propaganda cortesana que da piedad: ternuritas. Maru Campos no es Francisco Barrio. Aquello fue una epopeya ciudadana; esto es, simplemente, la burocracia del poder defendiendo su parcela con la ayuda de exmandatarios oxidados y de intelectuales que ya solo saben escribir con la tinta de la melancolía. La libertad de Chihuahua no renació en las urnas; lo que renació en la Expo Chihuahua fue el arte del aplauso mutuo, disfrazando la urgencia política de análisis histórico. Predecible y lamentable. Por cierto, ¿cuánto le paga el gobierno de Maru a la revista Letras Libres? Enrique Krauze ha ganado su mendrugo.

Fuente:

// Medios / Reforma / IAQuemada / HeyGen

Vía / Autor:

// Staff

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Autor: lostubos
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