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Artesanas de Naupan responden a críticas sobre colaboración entre Adidas y Someone Somewhere

Todo comenzó como una historia positiva. Someone Somewhere, una empresa mexicana de ropa, hizo una publicación en internet preguntándose por qué las camisetas de la Selección Mexicana no las bordaban algunas de las artesanas indígenas del país; publica MILENIO.

Era una idea con el potencial de tender un puente entre el pasado y el presente de México, argumentaba la empresa, al tiempo que sacaría de la pobreza a algunas de las personas más vulnerables. Al día siguiente, Adidas llamó.

Adidas llevó a dos de las artesanas a Alemania para incorporar las camisetas al archivo de la empresa; Someone Somewhere llevó a otras de ellas a la cancha para un partido amistoso de México. Y las camisetas, a pesar de costar más de 200 dólares, se vendieron rápidamente.

Entonces, activistas mexicanos afirmaron que la historia tenía un lado mucho más oscuro.

“Por fin conocemos todos los detalles turbios detrás de la colaboración de Adidas con las artesanas de Naupan”, dijo Luz Valdez, una activista e influencer mexicana, en un video el mes pasado dirigido a sus 1.3 millones de seguidores en TikTok e Instagram.

Además, acusó a las empresas de explotar a las mujeres nahuas mientras lucraban con su imagen. Según Luz, a las artesanas ni siquiera se les permitió utilizar su método tradicional de bordado, sino que aprendieron técnicas contemporáneas.

Una afirmación en particular caló hondo: a las mujeres se les pagaba 36 pesos por hora a cambio de bordar camisetas que costaban hasta 5 mil pesos cada una, decía, citando fuentes anónimas, lo que supondría nueve por ciento por debajo del salario mínimo de México. 

“Estoy enojada —les decía a las empresas— porque ustedes sabían perfectamente lo que estaban haciendo”, expresó la activista.
Sus videos se hicieron virales, acumulando millones de visualizaciones: los medios de comunicación cubrieron la noticia, los políticos se pronunciaron y miles de personas dejaron comentarios indignados.

Pero las mujeres nahuas apenas se habían manifestado al respecto, así que viajamos a la sierra para hablar con ellas en persona.

En el taller

Llegamos el 31 de mayo al centro cultural de Naupan. Grupos de mujeres subían una loma con sus atuendos tradicionales bordados, y un equipo de funcionarios del gobierno bajaba de un todoterreno.

Este pueblo, donde viven unas 2 mil personas nahuas, se había convertido de pronto en el centro de una controversia nacional, y Marina Núñez Bespalova, funcionaria de la Secretaría de Cultura del gobierno de México, había organizado un viaje para responder. 

Núñez Bespalova les ofreció formación gratuita del gobierno en textiles, así como un taller sobre cómo eliminar a los intermediarios y vender de manera directa a los consumidores.

“Empresas transnacionales que se enriquecen con el valor que ustedes le dan a las piezas más allá de lo que hacen —les aseguró—. Ustedes mismas son un valor y de ese valor no ganan lo equivalente”, explicó.

Cuando terminó el evento, muchas de las mujeres se marcharon para volver a bordar camisetas del Mundial, proceso en el que las acompañamos.

A pesar de los innumerables artículos publicados en la prensa mexicana, la mujer que nos abrió la puerta del taller de un ambiente nos dijo que éramos los primeros periodistas en visitarlo. Las artesanas ya querían compartir su versión de la historia.

Al interior, más de 25 mujeres estaban sentadas en siete mesas bordando las clásicas rayas de Adidas con los colores de la bandera mexicana en las camisetas. Platicaban en náhuatl, lengua indígena hablada por alrededor de 1.5 millones de personas en México.

Empecé a hacer preguntas y prácticamente todas contradijeron la versión que circulaba a nivel nacional.

“La verdad, es mucho mejor este trabajo que cualquier otro”, dijo Mónica Marín, de 45 años.

“Venimos las horas que queremos. Yo también soy madre viuda, tengo dos hijos. Y gracias a este trabajo, me ven”, aseguró Micaela Pérez, de 41 años.

“Nosotros ganamos lo justo. Yo he salido adelante con mis hijos”, afirmó Anabel Guzmán, de 35 años.

La opinión en el lugar fue unánime: la remuneración era justa, el horario era flexible, la ubicación era conveniente y, por ahora, el trabajo era constante.

Su queja era que la chamba terminaría pronto, y para muchas, eso significaba volver a labrar campos de frijoles, chiles y cacahuates; más horas, menos sueldo y un trabajo más agotador.

“Si todas esas personas que hacen esos comentarios se tomaran el tiempo de venir a platicar con nosotras se darían cuenta de que no estamos siendo explotadas”, comentó Betty Alonso, de 28 años.

Las mujeres dijeron que ahora temían que la atención negativa ahuyentara a posibles empleadores.

“Siento un coraje enorme hacia todos los influencers. En sus mentes ellas están ayudándonos supuestamente, pero desafortunadamente se están ayudando ellas”, arremetió Edith Carballo, de 38 años, que se unió al proyecto tras ser despedida de una farmacia.

Cifras del proyecto

Luz Valdez, de 28 años, se ha convertido en una de las activistas más visibles de México por los videos en los que critica a las empresas que dice que explotan a los artesanos mexicanos y su cultura.

En uno de sus videos virales del año pasado, acusaba a Adidas de plagiar el huarache. La empresa se disculpó posteriormente.

Durante las últimas semanas, Valdez ha estado destrozando a Adidas y a Someone Somewhere. En una serie de videos afirmó que las mujeres de Naupan recibían un salario mísero, que se les descontaba su paga por cometer errores, que no se les brindaba prestaciones adecuadas y se les obligaba a terminar dos camisetas cada cinco horas. 

También señaló que las mujeres carecían de “sillas ergonómicas”, “solamente tenían una hora de comida” y “a veces ni siquiera había papel en el baño”.

Aseguró que su información procedía de artesanas anónimas y de antiguos empleados de Someone Somewhere que le enviaron mensajes.

Adidas dijo en un comunicado que ha colaborado con Someone Somewhere “para mejorar las condiciones laborales de las artesanas participantes en cumplimiento de nuestras normas globales”.

Las dos decenas de mujeres entrevistadas en Naupan descartaron todas las afirmaciones de Valdez.

Dijeron que les pagaban más de 36 pesos la hora, pero nos pidieron que no publicáramos sus salarios detallados porque les preocupaba que eso las convirtiera en blanco de robos o acoso en su comunidad. 

También dijeron que tardaban unas siete horas en bordar una camiseta, pero que podían trabajar a su propio ritmo y recibían bonificaciones si terminaban antes.

Antonio Nuño, director ejecutivo de Someone Somewhere, rebatió las acusaciones. Dijo que compartía los temores de las mujeres respecto a revelar sus salarios. 

Con la condición de que no publicáramos cifras detalladas, me mostró las nóminas de nueve mujeres que indicaban que todas ellas recibían salarios por hora superiores a 36 pesos. La mayoría también recibía bonos por eficiencia, tareas administrativas, capacitación de sus compañeras y por trabajar en días concretos.

La empresa considera legalmente a las artesanas como proveedoras, no como empleadas, lo que la exime de proporcionar ciertas prestaciones. Una de las mujeres líderes de la comunidad dijo que negociaron el contrato para el proyecto de Adidas, pero que no consultaron a un abogado.

Teniendo en cuenta los salarios, las bonificaciones y la posible participación en los beneficios reflejados en otros documentos que compartió Nuño, las mujeres ganarían más que un salario digno si trabajaran 40 horas a la semana.

Valdez no estaba convencida. En una entrevista, restó importancia a los testimonios de las mujeres, argumentó que las artesanas como ellas siempre tienen miedo de criticar a sus empleadores. 

“Que se sientan bien con un trabajo explotado, va a pasar en todo el país. Pero no deja de ser explotación”, afirmó.

Al día siguiente de nuestra partida de Naupan, varias de las mujeres publicaron un video en Instagram en el que decían que les encantaba su trabajo.

“Como diría Simone de Beauvoir —citó a la filósofa francesa—: el opresor no sería tan fuerte si no tuviera cómplices entre los oprimidos”, respondió Valdez con un nuevo video en el que las acusaba de leer un guion de Someone Somewhere.

Un objetivo complicado

Antonio Nuño, de 34 años, dirige Someone Somewhere como una B Corp, una certificación especial para empresas con objetivos medioambientales o sociales, que no conlleva beneficios fiscales. 

Además de obtener ganancias, el objetivo de la empresa es sacar a los artesanos de la pobreza llevando su trabajo al mercado.

Eso no ha resultado sencillo. En Naupan, la ropa tradicional requiere bordados muy intrincados y que demandan mucho tiempo. 

Un diseño que lleva 15 días se vende localmente por mil 500 pesos, si es que lo venden, según contaron las mujeres nahuas. Eso es mucho menos que los salarios del proyecto de Adidas.

Así que Someone Somewhere llegó a un acuerdo: para alcanzar un mercado más amplio, la empresa diseña en gran medida sus propios productos que cree que los clientes desean —como camisetas y sudaderas— y luego contrata a artesanos para que los borden.

Los activistas afirman que esto trata a los artesanos como mano de obra que produce diseños extranjeros, mientras que se siguen comercializando los productos como indígenas para ganar clientes y asociaciones corporativas, entre ellas con IKEA, Lacoste y Delta Air Lines.

Nuño dijo que este enfoque era la mejor manera de crear un trabajo estable para las artesanas.

Tres exempleados de Someone Somewhere, que hablaron bajo condición de anonimato, dijeron que la empresa rara vez cambia de manera sustancial la vida de los artesanos, en parte porque el trabajo es muy irregular.

Consultamos un documento interno de la empresa que mostraba que, en 2024, la empresa pagaba a 35 artesanos de Naupan una media de unos 2 dólares por hora. 

En aquel momento, eso era 15 por ciento más que el salario mínimo efectivo por hora en México. Pero los ingresos promedio de los artesanos fluctuaban enormemente de un mes a otro, entre 35 y 350 dólares, debido a la irregularidad del trabajo, según el documento.

Algunas artesanas también se han quejado del salario. Una mujer, que pidió permanecer en el anonimato, contó que le pagan entre 6 y 8 dólares por cada camiseta que borda. Afirmó que cada camiseta puede llevarle ocho horas, lo que supone un salario de tan solo 12 pesos por hora.

Nuño dijo que a las mujeres se les pagan dos o tres horas por camiseta porque las pruebas demostraron que ese era el tiempo que tardaban la mayoría de ellas.

Luz Valdez contrapuntó que la falta de trabajo de calidad en Naupan no justifica los salarios bajos; el pago de las mujeres debería basarse en su valor para el proyecto.

Adidas y Someone Somewhere han destacado de manera amplia a las mujeres nahuas en sus materiales publicitarios, pero Nuño dijo que no se les compensaba por ello.

La funcionaria mexicana que visitó Naupan coincidió en que las artesanas deberían comprender mejor su valor.

“También hay que respetar la toma de decisiones de todas las comunidades artesanales. No son menores de edad. Hay que dejarse de paternalismos a los que estamos acostumbrados y confiar en que a veces toman la mejor decisión para su grupo”, añadió.

Foto portada: MILENIO

Fuente:

// Con información de Milenio

Vía / Autor:

// Staff

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Autor: lostubos
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