Por Félix Cortés Camarillo
Seguramente hay alguna entidad de inteligencia que lleve la cuenta del número de ocasiones en que el presidente Trump ha declarado terminada, por su parte, la guerra en contra de Irán. Lo cual es un mensaje tantas veces enviado a las bolsas de Tokio, New York, Londres, Hamburgo y puntos intermedios, para que los flujos de compraventa vuelvan a echar a andar la maquinaria del dinero.Para regresar de inmediato a la incertidumbre
Y que quisiéramos que de una buena vez se aplaquen los hervores de los precios del Brent del Norte y del West Texas Intermediate, que son los referentes que fijan precio por barril a futuros a todos los crudos; petróleos, del mundo.En consecuencia, son la válvula de escape o explosión de los fenómenos inflacionarios que nos vienen literalmente comiendo el mandado.
El lunes llegando a la junta de los siete ricos del mundo en Evian, Francia, el presidente Trump ya había lanzado su bomba pacificadora. Un acuerdo previo con Teherán para cesar hostilidades y reabrir el estrecho de Hormuz, no solamente había sido logrado -como en las ocasiones anteriores- sino también firmado electrónicamente. Solamente faltaba firmar el dichoso papelito en Suiza, que tiene fama de ser neutral y pacifista.
Hágase esta firma ceremonial o no antes del retorno de Trump a Washington, la verdad es que seguimos tan lejos de un apaciguamiento en la zona del Medio Oriente, como lo hemos estado por siglos. Esas luchas fratricidas son añejas y no pueden terminarse con un simple mensaje de X, instagram o lo que usted guste, al estilo de la Casa Blanca.
Hasta donde nos han dejado saber, porque los términos del acuerdo prometido no se conocen, la apertura de estrecho de Hormuz es parcial y el gobierno persa insiste en seguir cobrando cuota por su uso. De la misma manera, no existe el compromiso explícito por parte de Irán de abandonar su programa de energía nuclear y entregar a Estados Unidos lo que almacena de uranio mejorado. Esas siempre han sido exigencias de Washington.
En otras palabras, en este intento más reciente de acabar con la guerra, parece que sí: tenemos un arreglo de paz. De paz chiquita, condicionada, limitada, por mejorar.
Como si esllo fuera posible.
Porque resulta que esas dos instancias de la vida tan importantes, comparten la inicial de su nombre. Paz y preñez comienzan con la misma letra pe.
De la manera en que, no se puede estar “un poquito embarazada” no es posible tener una paz de boletín, para los titulares de prensa y noticiarios, paz a medias, paz chiquita.
Se es, o no se es. Diría el muchacho de Dinamarca.
PILON PARA LA MAÑANERA DEL PUEBLO (porque no dejan entrar sin tapabocas): Cualquier dependencia del gobierno tiene como obligación cometer por lo menos una idiotez a la semana.
Si no lo hace, entonces ¿cual es la razón de su existencia?
Ese ente sacado de las enaguas de la señora presidente con A de mujer, y que se llama Secretaría de la Mujer, se encuentra desde hace semanas acéfala por necesidades burocráticas o de las otras que son peores.
Ahora, la presidente del senado Laura Itzel Castillo ha sido designada para el puesto.
Pero, como tiene mucho trabajo al frente del Senado, sólo podrá asumir sus nuevas obligaciones cunado terminen las primeras.
Por lo mismo, a los que no hacen nada no les conviene hacer una huelga: nadie lo va a notar.



