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Del Humanismo Mexicano al Circo Cuacuá

Por María Beasain / IAQuemada

Qué momento para estar vivos en la República de la Post-Verdad. El Olimpo de las prioridades nacionales se ha mudado oficialmente al Salón Tesorería de Palacio Nacional —ese otrora recinto de la solemnidad juarista— que se transformó oficialmente en una granja de clics. La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, flanqueada por la plana mayor del comercio ambulante del Centro Histórico, le otorgó el micrófono y el manto sagrado del “humanismo” a Merlín, un pato doméstico con sobrepeso, zapatitos de tela y una preocupante adicción a las carnitas de cerdo.

Acompañado por la plana mayor de su “familia cuidadora” —Karla Ivette Gómez y sus hijos Carlos y Cristian—, el ánade posó ante las cámaras de la prensa bajo la bendición de la presidenta. El pretexto ideológico, empaquetado con ese celofán discursivo tan propio del régimen, fue el “humanismo”. Porque nada grita más “justicia social” y “visibilización del comercio ambulante del Centro Histórico” que subir a un ave de corral a una tribuna presidencial para tapar las crisis humanitarias del país con un plumaje viral surgido de la Copa Mundial de la FIFA 2026.

Detrás del idilio populista y de la narrativa de la “mascota de la afición mexicana”, la realidad del bienestar animal de Merlín es tan precaria como el presupuesto de la Secretaría de Salud. Sus cuidadores, desbordantes de un afecto tan profundo como analfabeto en términos etológicos, han diseñado un calvario urbano para el animal que haría palidecer a cualquier manual de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA).

El veredicto clínico es inapelable: Merlín padece un sobrepeso severo. Y no es para menos. En el colmo de la “humanización” más grotesca, la familia confesó que los domingos premian al pato con un taco de carnitas de cerdo. Sí, leyó bien. Un ave acuática, cuyo sistema digestivo está diseñado para procesar plantas y pequeños invertebrados, es alimentada con lípidos saturados y cloruro de sodio por puro compadrazgo callejero. El diagnóstico veterinario es pura poesía patológica: este gusto dominguero predispone al animal a esteatosis hepática, gota visceral y daño renal agudo.

Pero el horror no termina en el plato. Para que Merlín pueda seguir a la familia en su jornada de venta de aguas embotelladas por el Centro Histórico, le han confeccionado unos “zapatitos de tela”. Una ternura para las redes sociales; una catástrofe para sus extremidades.

Los patos, esos seres que la evolución diseñó para flotar en el agua, carecen de articulaciones amortiguadoras para resistir la marcha continua sobre el concreto de la Alameda Central. El uso de textiles artesanales hace algo peor que alterar su biomecánica natural: retiene humedad, lodo y materia fecal. Es el caldo de cultivo perfecto para la pododermatitis ulcerosa (bumblefoot), una infección necrosante que destruye el tejido conectivo hasta llegar al hueso.

Por si fuera poco, el “embajador” de la fanaticada nacional no tiene acceso a una infraestructura hídrica adecuada. Merlín no se sumerge en agua profunda; no puede limpiar sus fosas nasales ni lubricar sus córneas, lo que bloquea la activación de su glándula uropigial. El pato de la transformación está, literalmente, viviendo en la sequía biológica mientras sirve de imán publicitario ambulante.

La explotación de Merlín es un pastel tan jugoso que nadie se quiere quedar sin su rebanada. Tras ser explotado en el Fan Fest del Zócalo bajo la lluvia, el próximo miércoles 24 de junio de 2026 a las 19:00 horas, el ave será trasladada al Estadio Ciudad de México para el partido contra la República Chequia. El morbo comercial alcanzó niveles de subasta oligárquica en redes sociales. Ricardo Salinas Pliego ofreció boletos de cortesía desde su cuenta de X, pero la dueña del pato, Karla Ivette, le dio un portazo en la cara al dueño de TV Azteca con una declaración que resume el nivel de este circo mediático: “Vamos con Televisa”. Al diablo los protocolos de la FIFA que prohíben este tipo de animales; si hay una cámara y un contrato de por medio, el pato va.

Ninguno de estos titanes de la comunicación se ha molestado en revisar las directrices de la RSPCA. Someter a un ave a más de 80 decibelios en un estadio, entre cornetas y pirotecnia, desata una descarga masiva de corticosterona. Merlín no estará “disfrutando el partido”, estará sufriendo un estrés agudo con riesgo de colapso de su sistema inmunológico y fatiga sistémica crónica. Pero claro, los peluches del pato ya se venden a más de 300 pesos en el Zócalo. El negocio de la propiedad intelectual —promovido cínicamente por el mismísimo IMPI en sus redes— es primero… el ser sintiente es secundario.

El “humanismo” de la presidenta Sheinbaum ha terminado por normalizar el mascotismo de especies no convencionales y la explotación pública más rancia. Si el Gobierno Federal, la SEDEMA y la PAOT tuvieran un ápice de dignidad institucional, emitirían directrices tajantes para prohibir la presencia de Merlín en mítines y estadios, restringirían su dieta de carnitas y obligarían a sus cuidadores a devolverle un entorno de sustratos blandos y socialización con su propia especie. Pero en el México de 2026, es más fácil gobernar para el algoritmo. Al final del día, es preferible tomarse la foto con un pato obeso y alienado que responder ante las realidades de un país que protesta socialmente.

¡Vamos, vamos Claudia! Que pase el siguiente meme, que la República tiene que seguir aplaudiendo.

Fuente:

// Medios / La Mañanera Semanal / IAQuemada

Vía / Autor:

// Staff

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Autor: lostubos
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