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Murat, Adrián y la fractura de Morena

Por Valeria Riaño / IAQuemada

La política de Nuevo León suele operar con una lógica menos ideológica que funcional. Los partidos cambian de discurso, de colores y de dirigentes, pero las redes de poder sobreviven a las transiciones. Por eso la discusión de fondo no es si existe una alianza formal entre Morena y el PRI. La pregunta relevante es otra: ¿qué intereses políticos convergen hoy entre determinados grupos morenistas y la estructura priista que encabezan Francisco Cienfuegos y Adrián de la Garza?

La llegada de Alejandro Murat a Nuevo León reactivó una conversación que hasta hace unos meses parecía marginal. Murat no es un cuadro formado en la izquierda. Su trayectoria política, sus relaciones personales y su origen pertenecen al viejo sistema priista. Su incorporación a Morena respondió a una estrategia nacional impulsada por el pragmatismo electoral, pero en Nuevo León su presencia adquiere una dimensión distinta porque aterriza en un escenario donde las fronteras entre adversarios históricos comienzan a difuminarse.

No se trata solamente de biografía política. Murat mantiene vínculos construidos durante décadas con actores del priismo nacional y regional. En Nuevo León, cualquier lectura sobre su operación termina inevitablemente conectando con el grupo político que gravita alrededor de Francisco Cienfuegos y del alcalde regiomontano Adrián de la Garza. La relevancia del asunto no radica en una fotografía, una reunión o una especulación de café político. Lo importante es que diversos episodios legislativos recientes han generado la percepción de una coordinación política entre sectores de Morena y el PRI, particularmente en los temas relacionados con la confrontación institucional contra el gobernador Samuel García.

La percepción importa porque la política también se construye sobre señales. Cuando Mario Soto renunció a la coordinación de la bancada morenista y declaró públicamente que no estaba dispuesto a “hacerle el juego al PRI”, produjo un hecho político mayor que cualquier votación parlamentaria. Expuso una fractura interna que la dirigencia nacional llevaba meses intentando contener. La declaración tuvo dos efectos simultáneos. Primero, confirmó que dentro de Morena existen grupos con diagnósticos radicalmente distintos sobre la relación que debe mantenerse con el priismo nuevoleonés. Segundo, convirtió en asunto público una sospecha que hasta entonces circulaba únicamente en conversaciones privadas: que algunos liderazgos morenistas consideran al PRI un aliado táctico más útil que Movimiento Ciudadano.

La visita de Ariadna Montiel, lejos de resolver las tensiones internas, evidenció la profundidad de las diferencias. Morena llegó a 2026 sin un mando político unificado en Nuevo León. Tatiana Clouthier, Waldo Fernández, Judith Díaz, Clara Luz Flores, Andrés Mijes y diversos grupos legislativos operan con agendas propias y frecuentemente contradictorias. Ese vacío explica parcialmente la designación de Murat. Más que coordinar una elección, parece haber llegado a administrar una disputa.

El problema es que la intervención de un operador proveniente del viejo PRI produce exactamente el efecto contrario entre una parte de la militancia morenista: alimenta la sospecha de que el partido está siendo conducido hacia acuerdos que benefician a actores externos.

En ese contexto aparece la figura de Francisco Cienfuegos. El exdirigente priista ha demostrado una habilidad singular para sobrevivir a los cambios de régimen político. Cuando el PRI perdió el poder presidencial, muchos cuadros quedaron políticamente aislados. Cienfuegos no. Conservó redes territoriales, relaciones institucionales y capacidad de interlocución con actores de distintos partidos.

El otro vértice es Adrián de la Garza. Para el priismo estatal, Adrián constituye prácticamente la única candidatura competitiva para disputar la gubernatura en 2027. Su problema es que también carga con los costos acumulados de su propia administración y con los pasivos políticos que acompañan al PRI después de años de desgaste.  En consecuencia, cualquier escenario que fragmente a Morena o debilite a Movimiento Ciudadano resulta objetivamente favorable para sus aspiraciones.

La paradoja para Morena es particularmente compleja. El partido llegó a Nuevo León prometiendo sustituir al viejo régimen. Sin embargo, una parte de sus conflictos actuales gira precisamente alrededor de la percepción de cercanía con actores que representan ese mismo régimen. La pregunta estratégica para la dirigencia nacional no es si puede ganar elecciones mediante esa incorporación de ex priistas. Ya demostró que puede hacerlo. La pregunta es cuánto puede resistir la cohesión interna de Morena cuando la frontera entre la transformación y la restauración comienza a volverse indistinguible. En Nuevo León, esa discusión ya dejó de ser teórica. Se libra en el Congreso. Se libra dentro de Morena. Y se libra, sobre todo, en las relaciones políticas que conectan a Alejandro Murat con Francisco Cienfuegos y Adrián de la Garza, una geometría de poder que podría terminar definiendo buena parte de la sucesión estatal de 2027.

@espejonegromx Murat, Adrián y la fractura de Morena Por Valeria Riaño // IAQuemada La pregunta es cuánto puede resistir la cohesión interna de Morena cuando la frontera entre la transformación y la restauración comienza a volverse indistinguible. En Nuevo León, esa discusión ya dejó de ser teórica. Se libra en el Congreso. Se libra dentro de Morena. Y se libra, sobre todo, en las relaciones políticas que conectan a Alejandro Murat con Francisco Cienfuegos y Adrián de la Garza, una geometría de poder que podría terminar definiendo buena parte de la sucesión estatal de 2027. #nuevoleon #murat #prian ♬ sonido original – espejonegromx

Fuente:

// Medios / IAQuemada / HeyGen

Vía / Autor:

// Staff

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Autor: lostubos
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